3 de noviembre de 2009

malas mariposas de verano inmersas, catastróficamente, en cinco kilos de vacío, en cinco egos sucios, jibarizados


[RAFAEL ROMERO]



HISTORIAS DEL VACÍO (THE HEAD OF STATE)

Un grillo ha entrado en mi habitación por debajo de la puerta. Sigiloso, se ha quedado quieto un momento a medio metro de ella. No sé si desde allí me está observando. Como sea que fuere, dudo que pueda importarle. Ha venido aquí por otros asuntos, por asuntos personales que poco tienen que ver con mi presencia. Enemigo de las bombillas y de los espacios demasiados iluminados, ahora se ha escondido cerca de una de las aplastadas patas del baúl en donde guardo cientos de revistas. Su pequeña sombra (y no su ruido, puesto que no es hacer llamadas lo que le interesa), lo delatan. Definitivamente, no se equivocó de habitación: en la mía, mi madre acaba de aplastar a una cucaracha que escalaba la pared del fondo. ¿Cómo diablos se habrá enterado de esto? No tengo idea. Lo cierto es que está aquí para corroborar el chisme, si es que esto fue lo que lo motivó a hacer el viaje. Los restos de la pobre cucaracha quedaron medio esparcidos detrás de mi ropero. Algo más de lo que era quedó embadurnado en la pared donde la suela de una sandalia chocó violenta. Otro ectoplasma más de animal procedencia. En alguna parte del grillo se concentra un lejano pero intenso temor de que algo similar le ocurra, no en la pared sino en el suelo. En algo confluimos. Nuestro temor parece ser el mismo. Desde mi viejo sillón de pita me agacho un poco y, sin verlo claramente, me compadezco. La existencia, en general, es diversa en temores. Por eso.

Debido a sus hábitos nocturnos, al igual que millones de grillos debajo de miles de baúles, por ejemplo; y a su canibalismo, no repara en la peligrosidad de sus movimientos y decide abandonar su virtual escondite. En ese preciso momento, yo estoy escribiendo esto. El tiempo se detiene misteriosamente. Otra blanca mentira de las películas, imagino sonriendo. Pero las agujas del reloj ya no circulan. Mis piernas no se mueven. La polilla deja de roer mis libros. Mis ojos se quedan estancados enfocando la pantalla. Las teclas no funcio…

…nan. El susto duró sólo un minuto. En ese minuto el grillo pudo cruzar mi habitación sin que yo lo aplastara con mi sandalia. Todo vuelve a funcionar de nuevo. La sangre corre y mis vías respiratorias responden. El grillo está detrás de mi ropero tambaleándose sobre una alfombra de polvo y telarañas. El cuerpo sin vida de la cucaracha lo incita a aproximarse. Al hambre no se le puede persuadir con nada. Seguramente al terminar de llenarse las tripas, esperará a que yo apague la luz y entonces dará rienda suelta a sus famosos trinos. A mí me encantaría oírlo, pero desafortunadamente no hay lluvia y yo no necesito canciones de cuna. Así que antes de que me arrepienta, tomo la sandalia, me hinco y estiro el brazo para aplastarlo junto a las migas de cucaracha que dejó en el suelo. Los riesgos jamás desaparecen mientras este mundo no le pertenezca a nadie.


MOMENTUM II

Ella se había soltado de mi mano y en su boca llevaba un bebé pingüino. Ya no corríamos. La poca comodidad de un banco de cemento, nos era suficiente. Traté de besarla y acabé vomitando. Tomó el bebé pingüino y empezó a frotarlo en sus pechos. Estaba tratando de darme a entender que quería destetarme, que ya no era necesario darme de sus pechos. Y vi su rostro, convertido en escaparate. Y sentí mi corazón, convirtiéndose en antena. Y entonces recordé que nada de eso podía ser verdad, puesto que, para empezar, yo aún era una niña. Y el Sol titilaba, como nerviosa estrella cansada de estar en el mismo altar de siempre. De pronto, Ella lloraba; el pajarraco había huido de sus manos. Yo veía el suelo. Yo veía como brotaban pequeñas cabezas de alfiler en el suelo. Ella me dijo que vendría más seguido; tres veces cada año bisiesto. Por su olor a forastera, supe que mentía. Y el Sol allá, histérico, llamando la atención de los mortales. Quiero que me penetres antes de la medianoche, me confesó cruzándose de brazos. No respondí. Pasó un minuto. El golpe que me hizo entender que debía obedecer, cambió mi estado. Entonces nos pusimos de pie, robamos una bicicleta de madera y pedaleamos juntas. El eco de la tarde reverberaba en mis oídos. Besé su vulva de cera derretida. Había anochecido. Ella era el Limbo y yo su idea prematura. Los días oscuros en los que cerdos decapitados aparecían para incitarnos al delirio, habían terminado. En algún lugar de su cuerpo, más allá de su blusa de satín, quedaron mis ojos taciturnos.


CIUDAD DE MIERDA (FOCALIZACIÓN AVERBAL)

[…un hombre entrado en años con un gallo bajo el brazo en aquella acera cerca de un lugar poco o nada conocido la pobre ave envuelta en hojas de papel periódico de un domingo antes y ajustada con pita amarilla con la respiración agitada por el tumulto de peatones y las miradas curiosas de algunas gentes los vehículos al igual que el hombre y su mascota-alimento de un lado a otro en busca del destino el zumbido de las moscas sobre un trozo de cuero cabelludo tirado en una bocacalle el calor un mocoso enfermo y desnutrido más pálido que un mausoleo con restos de vómito en sus comisuras y los ojos saltones acurrucado en los brazos de su malencarada madrastra la hedentina aroma de los pies de los pedigüeños tumbados en la misma banqueta de siempre también presente una vieja rama desprendida de su tallo ahora impidiendo el paso en alguna de las calles un dedo mutilado casi como un ciego pez adormecido en el desagüe las pintas en los muros percudidos por el tiempo y por el tufo de la máquina efecto-paranoia un motor y un detonante al mismo tiempo diafanidad ¿en dónde? quizás en la toalla femenina asida a la quijada de un perro rendido ante la permanencia del desconcierto y del peregrinaje sin rumbo y sin significado una mujer de regular porte sentada en un borde con un pelo en la teta derecha en pleno crecimiento quizás por no haber amamantado nunca a nadie el sostén de plástico demasiado pequeño para sus medidas su moral también desconocida casi inexistente la basura su risa y sus matices de insignificante ser más evidentes que la pestilencia en la boca de un borracho el cuchillo el cuchillo oxidado pero aún filoso en el cuello del rebelde del antisocial y del desadaptado allí la sangre como un sacrificio inútil e infructuoso ¡Hosanna! por fin una apertura un renacer y abrir de ojos la muerte con su juego de dados azarosa y justiciera pero siempre merecida maldito el muerto y su infortunio una pesadilla con ampollas infectadas de viruela y un amanecer reinventado carente de secretos todo aquí todo aquí y ahora conato de cotidianidad aceptada por un lado mecha de un infierno fulgurante por el otro…]


SACRAMENTOS

6

Es la cuarta botella de ginebra que compro esta semana y estamos a miércoles. Angélica tenía razón: soy un desastre. Jamás fui capaz de prometerle un futuro. Mi mente siempre estaba ocupada en arrebatarle un poco de vida a este planeta. La sobrepoblación no es tu maldito problema, me decía ella, Angélica, mi ex novia, aunque no tuviese ni la más mínima idea de lo que estaba diciendo. Ahora que me doy cuenta, me resulta difícil no incluirla en esta historia. Habría comprado un anillo con el dinero de la tercera edición de Metanoia, creo que es eso lo que más me duele. En fin, ahora que nos separan millas y millas de distancia y que cuando menos me lo espere, me mudaré al cementerio que queda al fondo de la calle, todo lo que diga lleva implícito desde ya el sello de caduco e inservible. Los miércoles, precisamente, eran los días que más trabajaba. El plan de exterminio lo elaboraba el fin de semana y lo retocaba los lunes, mientras me drogaba. Drogado, las vidas que pronto iría a convertir en muertes, me importaban lo que una oxidada moneda a un millonario. Luego me daba por esconderme en el closet y pretender que alguien me buscaba y que al abrir una de las puertas del closet, ¡buh!, lo asustaba. Era lo que hacía de niño, cuando me quedaba a dormir en casa de mis primos. Una vez, mi prima Monse se orinó del susto y me golpeó con el tacón de un zapato de la tía. Juré matarla, pero en vez de eso, tres años después, la besé en la boca e hice que tocara mi pene. Era nuestra Primera Comunión, creo.


ALGO VISCOSO (DUALIDADES CALLEJERAS)

Tú, lector o lectora, que sales a la calle constantemente, víctima quizás de la típica fobia al aburrimiento cotidiano, ¿te has percatado alguna vez de ese tipo con el rostro someramente descompuesto, con aires de no saber exactamente qué es lo que ocurre y por qué tiene que mirar lo que está mirando?, ¿has notado su presencia entre una multitud de individuos ataviados con prendas de efímero valor y movidos por una misteriosa necesidad de desplazamiento?, ¿te has fijado en él cuando te dispones a pisar el paso de cebra que tienes por delante o cuando te sientas a esperar el 208 en la parada más concurrida?, ¿has sentido su espíritu en los solitarios y gigantescos parques a los que vas a desconectarte del día a día, a fumar un poco de hachís o a intercambiar con tu tal para cual una simpática ración de fluidos corporales entre la espesa hierba, detrás un frondoso sauce?, ¿lo has visto deambular por las plazas, las anchas avenidas, las asfixiantes estaciones de buses y los tétricos túneles del metro?, ¿has abierto bien esas sensibles películas que recubren tus ojos para verlo por ahí, caminando una y otra vez por las mismas calles, yendo y viniendo, gastando visiblemente el lado izquierdo de su zapato izquierdo y el lado derecho de su zapato derecho?, ¿has observado, por casualidad, que aunque vaya solo mueve los labios como queriendo convencer al aire de que el silencio es tan sólo un espejismo, una ilusión auditiva, un requerimiento hospital-bibliotecario?, ¿lo has visto de reojo cuando camina a tu lado en la acera o en los pasillos de los magnánimos centros comerciales a los que vas a sufrir de placer los fines de semana?, ¿te has percatado de que algunas veces comparte ascensor contigo, de que baja por las escaleras eléctricas cuando tú subes, de que está sentado en la mesa menos visible del café, en la que quizás por cuestiones de pésima iluminación y salud mental jamás te sentarías?

Pues bien, ese tipo se parece mucho al autor de estas líneas. El problema es que el autor de estas líneas también se parece mucho a ese tipo. El autor de estas líneas lo sabe; ese tipo no. El autor de estas líneas (o ese tipo) carece de identidad; vive de trazos, de marcas, de posiciones, de categorías. A veces, cuando voy (va) por la calle, lo veo observándome; me paralizo entonces, bajo la mirada y me dan ganas de retroceder o simplemente, como tú, lector o lectora, perderme entre la multitud y fingir que no ha pasado absolutamente nada, excepto que la aguja de un gran reloj incrustado en una fachada antigua se ha detenido un poco a emitir el mismo suspiro de cuando nos llevamos la mano a la cabeza… y hay sangre, o algo viscoso.

19 de octubre de 2009

pop flotante desde los jardines de Epicuro, sitiado por estaciones parisinas y papeles que ahora sabrán que son candor y obra



[ERICK GONZÁLEZ]


{a}

{b}

{c}

{d}

{e}

{f}


{a} ST; {b} retrato dualista; {c} les bonnes manières; {d} smoke; {e} soy un producto; {f} surDelacroix

5 de octubre de 2009

más allá del bien y del mal, están las palabras y la consistencia del tiempo presente que nos mueve a cavilar bajo la sombra de los rincones


fotografía © kaslem rodríguez



[JORGE RODRÍGUEZ]




tengo un secreto
un sueño
un camino
un pergamino limpio
alguna vez sentiste que el mundo se acababa? alguna vez sentiste que las injusticias sociales se apoderaron de tu espíritu?
alguna vez te llevé a navegar por mares desolados? será acaso que los oprimidos viven mejor sus vidas?
reverenciamos dioses ocultos, dioses de aire. servimos a aquellos que no existen
nos creamos barreras
nos hundimos en miedo
despertamos deseando amaneceres rojos
no hay secretos, no recuerdo los sabores de tus lágrimas
y en mi cabeza el eco de tu voz se convierte en mi sueño favorito
las nubes densas se entrelazan con piedras calientes, sensaciones encontradas por un niño que no supo morir
nos escapamos y sabemos que encontraremos puertas de algodón
caminos verdes y rojos
figuritas de chocolate duro, nadando en cal
el vacío es nuestro hogar
nuestra cueva se llena de los deseos de aquellos que no desean
y me dejo llevar hacía el ayer
yo viviré el ayer, y olvidaré el mañana
o es todo al revés?
sólo existe una estrella, y me asusto porque no hay luz
o es que hay demasiada luz?
y el llanto de un infante irrumpe las olas poderosas del perdón
hola



Curioso como lo sublime se ha apoderado del caos y su lógica
Viniste acompañado de un suspiro
Los fuegos celestiales se reunieron. Danzaron y celebraron durante mil eternidades
Sucio, asustado y contra tu voluntad saliste
La comodidad que sentías era para disfrutarla un poco más
Y empezó la historia verdadera de la vida
Tomó otro significado, uno más especial, uno más real
Sorprendido, el cielo ha llorado poco desde tu presencia
Han sido llantos obligados y por compromiso
Ahora sos fuerte, sonriente, inocente. Quedate así
Tu mirada busca, explora aquello que un día será tuyo
Si la Nada existe y es eterna, lo es porque ahora vos sos el todo
Y tenés tu pizca de enigmático
Aún no se inventaron las palabras adecuadas para expresar lo que siento en tu presencia
Aún queda mucha historia por escribir
Niño vida, gracias por existir



El pasillo de los condenados a muerte, sendero de paz y traición
Recorrimos un espacio temporal, oscuridad y desengaño
Las burlas del destino proferidas a la realidad guiaron sensaciones al vacío
Tengo una bolita que fue brincando sobre terrenos inseguros, siempre intentando encontrar un rastro de sanidad
Esos mismos condenados encuentran paz interna luego de haber engendrado dolor y desengaño
La aparente frialdad que inunda el presente no es más que un reflejo a lo forjado en la inmensidad del instante vivido
Y la experiencia se manifiesta una vez más para deshacerse de esos restos de tolerancia que una vez intentaron imponerse a la razón
Y a pesar que la humanidad no es una cualidad de la que casi nadie podemos presumir, mantenemos el ideal de llegar a ser divinos en nuestras decisiones
Mi traición a vos Nada, por errores propios del tiempo, se hace cada vez más necesaria
Aunque parece extraño pisar terrenos donde lo real se construye a base de pensamientos irreales e inexistentes
Las siluetas de humo siguen danzando y contaminando el ambiente, renqueantes, divagantes y sin rumbo fijo
Sólo estás ahí, perpleja por ver perdido algo que nunca supiste valorar
En mi cabeza de metal y transistores, la sangre corre como extrañada de estar extraviada en sitio tan tecno y acribillado por modernidad
Y sigue siendo hora de manifestar el lado oscuro
Escupo Vida, trago Nada, entiendo la luz, y amanece cada noche y me cambio por ese otro que no es
Senda de paz y traición…
Momentos de reflexión alargada por el fin




Hoy estoy atrapado en una gota de insolación
vuelo en la orilla de la cordura
la confusión que provoca la complicidad de lo complicado
nos llevó a dejar de lado el futuro
viviremos siempre en sueños frustrados, preguntándonos lo que fue
la lámpara de lava recorre mis venas, las empuja
hoy sigue siendo un día bonito
las posibilidades están aplastando a la paciencia
aquellos colores que una vez ignoré, y otra vez capté, parecen desvanecerse en el horizonte de lo imposible o de lo inquerible ¿?
Aunque realmente me pregunto si ambos viviremos, porque al ser ambos vivimos, y al ser uno desaparecemos, nos perdemos en el mar de las masas, somos uno y somos todo, dejamos de ser Nada y al final terminamos esfumándonos en el recuerdo de una imagen
Será cuestión de arriesgar
Siempre arriesgar
Nunca conformar
Maldita paciencia, te odio por estar siempre ahí
Y sigue siendo un día bonito



caminando en los caminos de la vida es fácil perderse
enfrentar demonios morados y verdes
los códigos de la moral y de la experiencia se convierten en barreras para la autoliberación
el polvo blanco desnuda la conciencia
mirá niebla, por qué no me ayudás a despejar ciertas dudas
estaba mirando mi interior
desenterrando los vicios de la calma
y encima de su burrito el niño viajó hacía el subconsciente de la Nada
descubrió aires de grandeza, opacados por deseos de autosuperación
la pelota rodó en el estadio mental de tu imaginación
el burrito se perdió
los demonios se volvieron blancos
y la batalla ostentosa de grandeza contra humildad se mueve en direcciones opuestas
la confusión se apodera
y los principios en los que jugamos, se pierden
adiós Enigma, ya no sos más, o al menos tu misterio se movió hacía otras realidades
y el niño Vida sigue creciendo en grandeza y en importancia
al fin, la niebla se posó



La consecución de un ideal se estremece con rocas de vino blanco
El humo danzante figura frente al líquido
Ojos color centella, árbol de piel canela
Extrañamente la Nada sucumbe en piernas carmesí
Matices que juegan a ser niños deseosos, espontáneos y juguetones
La braza encubierta se abraza a mis labios para convertirse en formas nuevas y efímeras
El sonido del asfalto crujiente rodea la noche cubierta por un manto anaranjado oscuro
Las charlas reflejadas en si mismas descubren que mi sueño imposible no es tal, y que mis suspiros a la noche solitaria no son tan ermitaños como creía
El presente emocional aún no cierra las puertas al futuro
TKM son tres letras que encierran más que un apocopeÉstas líneas intentan tener personalidad y finalidad
Llamas de una cabellera errante y frondosa iluminan los caminos de la inmensidad… de pronto los paralelismos parecieran desvanecerse
Entre ejes y líneas, la intención es ser
Luz que emerge de este túnel por ratos oscuro, por ratos cegador
Y la saga continúa, el crecimiento sigue
Flaca belleza con divinidad incluida
Intento controlar el deseo por dejarme llevar, por ser y no ser, por escuchar los susurros
Y el viento trae consigo voces desafiantes
No hay coherencia, sólo inercia
Las brasas se esfuman, se pierden, se entrelazan junto a restos del fumado
No hay interrogantes sólo ambición de expresar

28 de septiembre de 2009

junto al eco de la infancia, que es recuerdo de pisadas clandestinas en la noche, se escucha el vital rumor de... perros blancos



[LUIS ARROYO]


I





Solía despertarme la lengua fría y pegajosa de un perro blanco acariciando mis pies descalzos. Estaba tumbado en la arena y el sol abrasaba la brisa marina y la convertía en polvo de vapor. Hacía más de cinco horas que yacía inconsciente y me intentaba camuflar entre la arena volcánica, negra, ardiente.


Empecé a andar sin ruta clara, siempre en la dirección contraria a las olas del mar, que a veces crecían e intentaban tragar todo a su alcance. Solo había perros, escuálidos, enfermos, acercándose peligrosamente, pero con la cabeza casi rozando el suelo, en ese gesto tímido que a veces suelen tener los más temerosos.

Me interné en la vegetación en búsqueda de alguna sombra y para intentar calmar la sequedad de garganta. Contemple desconcertado como la jauría se quedaba observando al margen de la masa verde. Ahora adoptaban un gesto de malicia y uno a uno echaba marcha atrás, dándome la despedida con la larga y punzante cola.



II




Intenté olvidar aquella estampa. No valía ahora la pena amedrentar mi mente cansada con miedos infundados. Aquella selva transmitía una calma inquieta, el olor a tierra húmeda y la brisa nocturna salpicaban todos los rincones. Intenté orientarme viendo hacia un lado y hacia otro, el ardor en los ojos era insoportable.


El maldito canto de los pájaros esa mañana provocó que mi mente divagara hacia aquellas mañanas en las que me despertaba en casa y me esperaba la mitad de una naranja espolvoreada con azúcar.


¿Cómo era ese sabor? Sabía como a…


A punto estaban mis papilas de volver a experimentar la dulce experiencia, cuando de repente algo quemó mi brazo derecho e instintivamente, lo encogí sobre el pecho e intenté con la otra mano proteger la herida. ¡Mierda! Debí de suponerlo.


III





¡Myriocarpa longipes! Bendita habitante de la maraña verde, siempre imperceptible. «Patojos, no se metan allí porque puede haber chichicaste hombre…» la voz de mi bisabuela se escuchó a lo lejos.


Un puñado de tierra caliente mezclada con hojas podridas y un par de hormigas muertas hicieron de tatuaje improvisado. Una rama seca con lunares verdes y blancos sirvió para desatar la furia de la comezón, el ardor y la impotencia.


Y la sal en la boca. Hay que escupir. Allí donde alguna vez pisaron los perros, jadeando, liberando la saliva escurridiza entre los colmillos. Me convertí en uno de ellos. Levanté las orejas y afiné el olfato. Agua, tiene que haber agua…



IV






Y la noche se me echó encima. Mi madre me cubría lentamente con las sábanas aún frías. Me daba un beso, yo hacía una mueca y un guiño con los ojos cerrados. Buenas noches mamá. Escuché la voz de mi padre al fondo, entre las sombras de los árboles: ¿Se durmió ya?


Antes de llegar a ese sitio recuerdo que solía fumar como un obseso, beber como perro, arrastrarme en cuatro patas y bajar las orejas. Eso había motivado mi huida y salí como los ladrones, caminando de puntillas y con el salón a media luz.

21 de septiembre de 2009

¿dónde está el alba, las palabras de mamá junto a su regazo, los maullidos de mi gato, la desnudez de Eva en sueños amorfos...? acá está la poesía


[FERNANDO ORTIZ MOREIRA]


QUIMICA POSITIVA

5 miligramos d. tu. cuerpo.
Un parqueo para sueños
Notas disfrazadas
De insomnio
Despertar después de tus ojos
Morir eternamente
1 miligramo d. tu. cuerpo.
Químico radioactivo
Sobredosis…
Soy tu piel.

La carne es un pecado
Siempre me lo dijeron
Ahora estamos
Condenados
A vivir entre tu reino…


Me acechas como luna nueva
Aún me dueles
En los huesos…
La poesía
Siniestramente
Es una función lineal
Una mujer
Que se desnuda
En mi inconsciente…


La vida es en suma todas las historias
Amores pasados
Pasajeros
Donde nadie aguzó el oído
La tarde se evapora tristemente
Como en cualquier ciudad distinta
Que tiene cartas sin remitente
Sobre todo la ausencia
De seguir viendo
Con estos ojos
Disgregados en los balcones…


X

En un viejo roble
Guardo mi ataúd
Donde no llegan a anidar
Los pájaros
Mi pecho aún resiente las raíces…


III

Aquellas costas eran felices
Nada que el mar no recuerde
Las olas,
Son sentimientos dormidos
Que regresan a la orilla…

14 de septiembre de 2009

cantar es ruido cuando Alicia juega en la cornisa, al ritmo de las confesiones de una Lunátika. la ilusión se vuelve efímera y la realidad es fantasía

fotografía © morena pérez


[LUCÍA LEÓN] (A.K.A. LUNÁTIKA)




81 PALABRAS Ó 387 CARACTERES

Te recuerdo desde un punto suspensivo.
Pausa silenciosa entre el eco y mi voz.
El signo de interrogación analizacada trazo olvidado.
Quisiera alejarme de las tildes y exclamaciones.
Ser punto y seguido en tu hoja ya no es suficiente;
tampoco quiero conformarme con una coma.
Las curvas perfectas del paréntesis me cobijan desde hace algunos caracteres.
Parece que me convertiré en una nota al pie de la página;
un asterisco para la memoria.
El espacio en blanco muere poco a poco.
Punto y aparte.
Empieza un párrafo sin ti.

OFERTA EN EL PASILLO 8

Cada noche mi mente se entretenía pensando en todo aquello que tengo que decirte. Poco a poco me dormía repasando argumentos y estructurando los diálogos.
Los días pasaron y luego las semanas formaron 2 meses.
Inesperado. En el momento y en el sitio que me faltó imaginar. Te coloqué en el cine, en alguna fiesta o en un restaurante. Pero el destino decidió ir en contra de mis planes y escogió otro lugar para nuestra cita, sin que uno de los dos albergara la más mínima sospecha.
Fui al Súper para comprar cajas con imitaciones de comida, cualquier bisutería que me levantara el ánimo y algunos adornos con espíritu navideño. Cuán lejos estaba yo de imaginar que al entrar al pasillo, en el que se amontonan año tras año los mismos libros, te vería escogiendo una revista.
La cantidad de aire disminuyó considerablemente, mi corazón latía desesperado y el caos se produjo. Todos los argumentos se agolparon uno tras otro mezclándose, hasta formar oraciones desordenadas, carentes de tan siquiera un mensaje para transmitir. Parecidas a la siguiente
“Qué coincidencia. Decirte bueno te veo que para decirte. Hola…”
La música y los gritos de un niño pidiendo un chocolate fueron perdiendo su volumen.
El discurso previamente practicado frente al espejo fue empujado por la bola de nieve que se deslizaba inclemente hacia mí:
“¡Tanto qué decirte y tan poco tiempo para hacerlo! Quizá deberíamos juntarnos para comer. ¿Tú que piensas? Sí. En el restaurante chino. ¿A qué hora puedes llegar? Me parece, a las 4 de la tarde nos vemos para aclarar algunos puntos pendientes de aquel día en que terminó nuestra relación…”.
También me percibiste. Tu espacio se redujo a ese pasillo y luego a los dos metros que nos separaban. Mis ojos clavados en los tuyos. Aunque parecía una eternidad, la aguja más delgada del reloj sólo avanzó cinco segundos desde que te vi. Al abrir la boca para decirte lo que carcome mi conciencia desde hace dos meses, el impulso atolondrado no me dejó pronunciar algo más que un simple Hola.
Mí mente no procesó correctamente el exceso de pensamientos y obviamente se generó una falla en el sistema. Click en OK, no, no quiero mandar un informe técnico a Windows... Como si les importara.
Respondiste al saludo con una sonrisa. Vacíos. Los argumentos carecían de sentido. A la sonrisa le siguió un suave adiós. Era mí turno de sonreír. Desvié la mirada hacia una oferta anunciada en el pasillo de enfrente. El cerebro instruyó a mis piernas para caminar y alejarme de ti, siguiendo un instinto consumista más.
De forma automática le pagué a la señorita que atendía la caja y partí hacia mi apartamento, subí las gradas maldiciendo al conserje porque no ha reparado el elevador y al fin llegué al octavo nivel. Guardé todo lo que había comprado y encendí la tele para ver alguna película.
Ahora estoy en mi cama. El filme terminó hace una hora. Te imagino en el restaurante chino. Repaso mentalmente lo que quiero decirte. Bostezo. Duermo.

SPEACHLESS

No tengo nada que decir. Levanto el auricular y marco tu número. Luego de siete segundos de espera, me contestas con un simple "alo", te saludo y me percato de que esta llamada fue en vano porque no hay nada que te pueda decir. Ni a ti o a el mundo.Quizás sufro de pereza mental crónica o hay una sequía de palabras. Aunque platico de temas tontos, por dentro me arrepiento de haber levantado el auricular.Finalmente pronunciamos las palabras de despedida y cuelgas el teléfono para continuar con tu vida, mientras yo sigo sentada en este sillón negro, sin saber qué decir.Todo fue previamente pensado y por ende, expresado. Sonrío.Acaricio la posibilidad de haberme quedado vacía.Las agujas del reloj de 9.99 me indican que es hora de ir a dormir, así que me dirijo hacia el baño para lavarme los dientes. En el camino me topo con mi mamá e intercambiamos algún saludo de buenas noches.Ya en mi cuarto, enciendo el radio y luego la lamparita negra en la mesita de noche al lado de mi cama. Sobre la mesita también está mi cuaderno, justo como le dejé horas atrás.La idea revolotea en mi cabeza y hasta me provoca una sonrisa. Es necesario dejar una prueba y redactar el pensamiento sobre las líneas azules del cuaderno. El lápiz termina de delinear las letras que en conjunto expresan todo y a la vez conforman 5 palabras: No tengo nada que decir.

UN COMBO 7 POR FAVOR

No es la primera vez que te encuentras en esta situación y aunque estas harta, debes aguantarte y completar el trabajo, para alcanzar la cuota diaria y luego irte a tu casa. Por tu cuerpo han pasado hombres de todo tipo, sabores y tamaños. Unos más guapos y otros más grotescos. Ya no almacenas imágenes porque todos son iguales. La cita del día era en un bar olvidado, al fondo de un callejón poco transitado. Algunos lo prefieren así.
Observas cómo ingresa tu próximo amo y señor. Su cuerpo rebosa de grasa. Tanta que hasta crees ver cómo tiembla su estómago conforme se acerca hacia ti. Es similar a una gelatina fresca, pero en este caso deberás simular interés por ese vientre gelatinoso. El sudor del día laboral se mezcla con su olor natural a macho papacito de antier. Sin intercambiar palabra alguna se dirigen hacia el baño del bar. Tu oficina.
La iluminación es tenue y lo agradeces porque el desempeñarte sobre orina y al lado de dos toallas sanitarias no es algo que te guste hacer todos los días.
Una playera negra con el logo de ACDC aprisiona su pecho abultado y con estrías. Pero ni modo. Has aprendido muy bien a disimular interés y despojarte de tu vestido para mostrarle tu sexo. Preferirías prescindir del olfato pero no hay mundos perfectos.
A él parece gustarle ese cuartito diminuto y mamacita empecemos pero ya. Le gusta tener el control. Luego de recorrerte con su lengua te pide que hagas lo mismo. Se desabrocha el pantalón y cierras los ojos para hacer el momento más llevadero.
Arriba y abajo. Cada vez más rápido. Te toma con fuerza del cabello para indicarte el ritmo exacto. Tras varios minutos, se detiene para llevar tu rostro más abajo. Hasta el suelo. Debes lamerlo y saborear ese líquido amarillo que brilla al lado del inodoro. Lo haces rápidamente para luego regresar al sexo oral. Esos sabores se mezclan con las primeras gotas que comienza a expulsar. Salado y amargo. Te repugna sentir cómo se desliza entre tus labios. Con tu lengua aceleras el proceso para pasar al siguiente cliente.
Tu lengua está adiestrada y es capaz de volver loco a cualquiera. Lo logras. Evitas saborear tu victoria al escupir lo más rápido posible el semen. Y es que no soportas guardarlo tanto tiempo en tu boca y mucho menos el tragarlo. Que ese líquido viscoso recorra tu garganta y se funda con tu saliva es algo a lo que nunca has podido acostumbrarte
Esperas a que termine de vestirse y extiendes tu mano para recibir unos cuántos dólares, los cuales agradeces con un beso en su mejilla.

7 de septiembre de 2009

desde que los miserables vientos arrastraron mis correas soy este que soy y nada más me importa, ¿quieres que juguemos ajedrez?



[LUIS HERRARTE]



cuando por fin estemos descendiendo
des
cen
dien
do
nuestras noches no serán más noches
sino aquellas profecías proferidas
por tantos
tantos desvelos

cuando recordemos lo que no pasó
no sabremos qué decirle al Otro

cuando, por fin, la aventura nos rescate
no sabremos qué responderle a la Nada

y cuando las Horas nos griten: «¡ya es hora!»
el tiempo se habrá terminado.



* * * * * *

cuando intoxicado de palabras
me es imposible leer o escribir
(orgasmo intelectual o total afasia)
más que únicamente
definitivamente
muy despacio
m u y d e s p a c i o
¿qué puedo hacer?

me digo:

«divagar la mente es bueno cuando se es Poeta»

―y sentirse volar es mejor cuando la vida nos pesa.



* * * * * *

¿por quién la Aurora anuncia las mañanas?
¿por quién la esfera tiembla en la hoja verde?
¿por quién el rastro rosicler se pierde?
¿por quién son jugo y carne las manzanas?

de bestias todas, y aves, las jaranas
¿por quién?; y, ¿por quién la inspiración muerde?
¿por quién el «Verde que te quiero verde»?
¿por quién entreabre el Cielo sus ventanas?

¿por quién del Ser el clásico misterio?
¿por quién se sueña el Sueño, y la Agonía
sempiterna anida en la Concïencia?

¿por quién se dora a diario el Hemisferio?...
¿es por ti, hombre, tanta epifanía?
si ya nada te asombra, ¡ni tu ciencia!



* * * * * *

la noche me cae a pedradas desde la morada de mis dioses

estoy solo
desdibujo personalidades ambiguas
y conozco en verdad que estamos solos
solos en nuestro minúsculo ser
un Ser que se sabe atado a un Tiempo y un Espacio

…desdibujo
decía
personalidades ambiguas
y más que desdibujarlas
me desdibujo en ellas:
me hago grande
me hago chico
y no me encuentro si me busco…
el ser no existe
sólo existe el Siendo
somos más nosotros cuando no nos preguntamos quiénes somos

la noche me cae a pedradas desde la morada de mis dioses

cuánto extraño el bienestar de una caricia
aunque su roce sólo me roce en la parte que no es mía:
este cuerpo que me atrapa
esta carne que es prestada
tan enemiga mía por mortal…

como tantos
anhelo una Eternidad que no conozco
anhelo Infinitud desde mi finito habitáculo sin gloria

la noche me cae a pedradas desde la morada de mis dioses

una Música lejana me invita a cantar
sé que la he escuchado
¿cuándo?
¿dónde?
no es cuestión de Memoria
sino de Desgarramiento
mis dedos se acalambran en su Estiramiento
«¡jamás me alcanzarás!»
me grita una Voz que me conoce
«¡jamás!»
mas no ceja en llamarme por mi Nombre

y la noche…

me cae a pedradas desde la morada de mis dioses.



* * * * * *

¡canten Árboles del Bosque!
agiten sus ramas y mójenlo todo

(Ojos de agua en la estepa
escuchan ensayar al Coro)

canten por ella y por mí

canten nuestras promesas de Amor a los colores del Sol

―insensatez del Amor―

¡despierten Cigarras y canten!
canten que soy feliz al Silencio
que mi amor le pertenece a ella
y que el suyo lo guardo yo

que no lo guardo en mis versos
sino en los crepúsculos todos
en los suspiros que espero
y en esos besos que beso.



* * * * * *

¡nada más bello y sereno que los instantes nuestros!
períodos extáticos donde incrustamos besos
segundos que no existen porque no son medibles
son segundos eternos que no engendra el Reloj

son segundos fugaces que vuelven de ignotas partes
―siglos que yacen muertos en el Orgasmo Primo―
surgen de aquel espacio entre dos largas palabras
que son himnos cantados por bocas enamoradas

noches que se desangran mordidas por la mañana
que anuncia días inmensos, inmensos como mi dicha
días, semanas, meses de calendarios perdidos
son lustros, siglos, ¡milenios! fundidos al Infinito.



* * * * * *

Como una flor de hielo sobre un piano
Luis Cardoza y Aragón


¿quién va a dictarme estos versos que ya escribo?

sé y entiendo que mis Musas se alejaran
―hartas ya de tanto entretejer un nombre…―

tampoco me encomiendo a mi Demonio
―que en tantas ocasiones me ha inspirado―
poco a poco lo he dejado de adorar
¡y hoy temo su venganza!

quizá es Amor el acicate que me hiere
y que logra que me escurra entre los dedos
el veneno que me estila de las sienes
y el antídoto que brota de mis ojos

y es cierto
cada Estrofa entona esta plegaria mía:
«Mujer, reléete entre línea y línea
y dime qué me digo de mi mismo»

(la Noche llueve rosas de Mi Abismo
y yo no tengo un piano en qué ponerlas)


31 de agosto de 2009

lección poética: uniendo las voces en una sola bullirá la sangre del corazón, fluirán testimonios en batahola, ensangrentado saltará el horror


[PEDRO MARTÍNEZ]



RÉQUIEM, PARA VIVOS

Una luna escarlata se cierne sobre las desoladas calles, iluminadas por lo rojizo de la luz reflejada por el astro, de la tierra comienzan a brotar extremidades. A través del polvo, abriéndose paso cuan veloces lombrices, cavando y escapando a través de la tierra y sus cicatrices, deseando respirar de nuevo ese aire vivificante, una legión de muertos escapándose del Hades.

Mientras medio mundo duerme, atestan los fiambres las callejas y callejones, y se suben otros a lo alto de los balcones. Esqueletos, espíritus, desaparecidos que vuelven a aparecer, hasta donde alcanza la vista, ¡redivivos por doquier! Cargan algunas féminas entre sus brazos las flores de sus mausoleos y forman una interminable fila de aquí hasta el inframundo. Un simpático director descarnado compone su corbatín antes de dirigir a la mortuoria orquesta con una costilla.

Dulcemente frótanse fantasmagóricos violines que flotan, al viento entre las costillas desnudas se escucha ulular, improvisados oboes los fémures apolillados, el órgano lo manejan un cráneo y su contemporáneo… armonizando melancólicamente van todos los ecos en el réquiem.

Allá en sueños escuchan los vivos su lúgubre música, que ensalza aún más, lo triste de la tenue luz que ilumina sutilmente los rincones de las sombras en las habitaciones. Entreabriendo los párpados, aquel viejo viudo escucha el arpa que lo enamoraba… y entre el sueño y la vigilia, sonríe, y deja morir sobre la almohada, de su cansino ojo una lágrima, que ahora por fin descansa en paz.

Proyectáronse entonces brevemente los recuerdos, como translúcidas sombras sobre el pueblucho. Las viejas y polvorientas casas retomaron su gloria de antaño, de las fuentes de aguas obscuras volvió a brotar cristalino líquido. Con ese rojo resplandor la luna reanimó las cenizas, con ese rojo resplandor los vestigios de los que fueron, fueron en ese instante, de nuevo.

Pero ya no más… rasgándose van los dolientes sonidos en las ramas desnudas de estos árboles, amargamente tañen las campanas de la derrumbada catedral, empujadas no sé si por el viento o por obra fantasmal. Los muertos también lloran a los vivos, los muertos también lloran el olvido…

Día rojo, día gris, día perdido en el flujo del tiempo, única gota derramada de las manos del guardián… las circunstancias permitieron a los muertos revivir, algo que por ahora, no volverá a ocurrir…

Cobijados en la obscuridad y el frío, antes de ser engullidos por el olvido, graban en el mismo viento, su lamento… un réquiem, para vivos.



ATACAMA

En las secas tierras de Atacama, un drama de vida y muerte tiene lugar. La voluntad del desierto se apiada de aquél que triste por sus dunas vaga.

En un árido paraje yace malherido un desdichado, cuyos ojos castiga la desértica tormenta. En su rostro de roca lleva cinceladas multitud de cicatrices, en sus labios cascados no hay humedad alguna, y en su diestra de arenisca, germina milagrosamente un pequeño cacto. El calor en violentadas ondas, escapándose del suelo cuan infernales ánimas, le abrasa el cuerpo al agónico individuo. Y tose una o dos veces, y sale polvo de su boca, y tratando de gemir descubre que sus lágrimas son pero rocas.

Ligada al desierto esta alma afligida, sufre ya el averno en vida. Le relata el viento secretos ancestrales, tatúanle los escorpiones venenosos jeroglíficos en la piel, y recorre su cuerpo la cascabel. A medida que el sol empieza a decaer, el desierto le engulle poco a poco, su estéril velo le cubre casi completamente. En el horizonte se dibuja desordenada, jauría de coyotes que violentada, persigue el hedor a muerte que del hombre mana.

La oscuridad reinante es desplazada, por una blanca luna inmaculada. En la soledad del sitio infecundo, enterrado mortalmente el moribundo, asfixiándose van las penas en sal, segundo a segundo. El frío comienza a invadir su abatido organismo, guarda en su pecho débiles latidos que se pierden sin eco.

El cacto crece, a medida que el dolor al mortal más estremece. Y serpenteando entre las dunas, la blanca luna, baña de luz al hombre de arena. Su inmóvil figura al más mínimo roce, amenaza con derrumbar, como triste montículo de sal.

Afligida la voluntad del Atacama, se apiada de esta melancólica alma. Y un sortilegio de sombras, arena y fuego, en torno al inmóvil danza. Y tímidos brotando del pecho, sentimientos encontrados en solsticios, historias de lacónica felicidad, bajas pasiones escarlatas. En el centro de su corazón enzarzado, una esperanza eterna de amor a la vida.

Aferrado al manto desértico, bajo lo azabache de un cielo pocas veces estrellado, un arenal con forma humana, en cuya extremidad derecha se alza soberbio un blanco cacto. En tierra de nadie, ¿quién llora? La soledad es peso innecesario, el llanto no brota al así desearlo. Por veces pareciera querer hablar la efigie, pero se esconden sus susurros en débiles ecos, nadie escucha…

En el desierto la piel se marchita sin manos que le acaricien, los ojos al secarse lloran sal, y los labios, se llagan sin besos…


ALUD

Cierne violentamente el invierno su líquido manto sobre los cientos de tejados agujereados que resguardan bajo su férrica naturaleza, a las tantas estirpes de tenaces espíritus que hicieron de esta empinada y peligrosa ladera, su hogar, por no haber mejor lugar. Y en vez de ser motivo de alegría las primeras gotas que viene trayendo consigo el invierno, despierta en estos rostros morenos, profundas saudades.

Entre el fragor del trueno impetuoso, acrecentándose en la entraña el tremor pavoroso, cediendo luego los sentidos ante el manto blanco de la fantasmal neblina, transfigurando a los refugiados en presas del letal miedo que extermina, y los rastros de valentía que se guardaban bajo las pieles, de la rapiña del desasosiego ahora son victoria. Las mujeres salándose las mejillas con llanto virulento, los críos amedrentados por el estrépito, los hombres pávidos ante el ímpetu del caos reinante, volviéndose los perros por el terror, diabólicos esperpentos.

El chubasco arrecia y los ladridos de desesperación plagan los hocicos de los animales, se escucha allá en la cumbre el crujir de los árboles, de las heridas en la tierra con el arado a borbotones empieza a escapar sangre bruna, torrentes de agua sucia bordean las humildes casas que no tardarán en ceder sobre sus protegidos.

Y así sin más, vertióse el diluvio sobre la montaña, prontamente impactó con feroces correntadas los maltrechos hogares con todo y sus ocupantes. No se escucharon gritos, en sólo segundos cesaron las preces que con fervor aludían a los cielos, el asentamiento entero fue deshecho por la atroz correntada, así de inmisericorde fue el alud.

Poco a poco se desvaneció lo gris, y el amanecer dio paso a la fantasmagórica túnica de la neblina matinal. Fue purgado de la superficie de la ladera cualquier rastro de vida, soterrados se entreveían bajo charcales y lodo, esqueléticos pinos y cipreses arrancados. Allá en las faldas de la montaña asoma abatida la gente que anoche no logró regresar a su hogar, sus ya afligidos corazones sumidos en la incertidumbre dan un desolador vuelco al contemplar horrorizados bajo el lodoso manto de la muerte, los lívidos cadáveres de sus parientes.

Se escuchan desgarradores los alaridos de los luctuosos supervivientes, y así como desolada fue la ladera por el feroz diluvio, así mismo son barridos sus rostros por el copioso y melancólico llanto. Miradas perdidas, clamores desesperados al cielo, profundos suspiros, rabia intensa… todo ello surge al emprenderse en torno a la triste necrópolis, una busca de desaparecidos que avanzará lentamente, alternándose entre la fervorosa esperanza y el pesado horror de la realidad.

La fúnebre búsqueda es detenida al surgir de un atolladero algo oculto, una tenebrosa y pálida mano. Un acongojado hombre ya maduro, tira con todas sus fuerzas de la fría extremidad, devolviendo así a la superficie a un silencioso testigo del tormento. Una aterrada expresión adorna su enlodada cara, una boca entreabierta deja descubrir toda su dentadura, pareciera así el querer profanar con un quejido sobrenatural el silencio sepulcral en el cual se halla sumido este lugar. Habiéndolo sentado en una maciza roca, los llorosos deudos se congregan en torno a su cuerpo y escudriñan su espantada mirada, con sus húmedos e inflamados ojos, queriendo tal vez así el descubrir las últimas imágenes por él observadas.

En silencio, por mágico portento son todos absorbidos por los ojos del espectro, y forzados a ser partícipes del impío suceso, atónitos observan el progresar de los hechos. Ven a sus allegados guarecerse en las frágiles fortalezas de latón, en medio del silencio escuchan el estruendo de las lágrimas al impactar contra el suelo, y el subir y bajar de intensidad los susurros de plegarias ya imploradas, las efigies de sus muertos por última vez son abrazadas, y abducidos absurdamente de nuevo a su turbio presente, evidencian cuan de inmisericorde fue el alud.

24 de agosto de 2009

hay un susurro de dolor tras el veredicto de lo irreal cuando los bosques callan para contarnos secretos



[LUIS CALDERÓN]


TEMBLANDO ANTE LA CRUZ

No fue agradable morir en la cruz,
¿verdad muchacho?
Sufriste como todo hombre,
e incluso clamaste por tu vida.
Cada clavo te quemó hasta las entrañas,
cada burla te perforó el corazón,
y cada gota de saliva romana
que se deslizaba por tus mejillas
se convirtió en lágrimas de impotencia.

Tenías miedo, yo lo sé;
aunque tu padre fuera Dios
y muy a pesar tuyo,
el temor calcinó tu alma y corazón.

Mas no temías por tu alma,
por tu cuerpo y su castigo;
fue la bola de cristal,
limpia y cristalina,
la que colmó de dudas
tu confiado corazón.

Aquella noche de vigilia,
al terminar tu última cena,
una bruja, vieja y maloliente,
te mostró el destino de este mundo.
Viste sangre tiñendo el suelo,
cielos grises de sucia faz
y bosques ardiendo en llamas;
guerreros batallando al rugir del acero,
con una cruz por estandarte,
gritando “Muerte a los infieles,
por Cristo nuestro Dios”;
viste bombas explotando,
niños muertos de hambre,
y un extraño hombre de negro,
que, invocando tu nombre,
lanzaba gente en una hoguera.

Y ante tanta podredumbre,
tu fe se vino abajo,
¿quién podría soportarlo?
Morirías en pocas horas,
por esta estúpida humanidad,
por esta raza suicida y bestial,
que jamás apreciaría tu sacrificio.

Mas un extraño sentido de lealtad,
te obligó a avanzar al precipicio.
Indeciso y aterrorizado,
no evitaste clamar al cielo:
“Padre mío, por qué me has abandonado”
Y en esta frase dejaste el alma;
no clamabas sólo por ti,
sino por esta humanidad,
que sabías claramente,
que no se iba a salvar.



CAPÍTULO X DE “AMORES PARALELOS” (NOVELA)

Sé que vendrás a mí, con sigilo y paso lento. Acercarás tu boca a la mía y, silenciosamente, como un secreto, nuestros alientos chocarán en un torbellino de pasión incontenible. Poco a poco nuestros labios se unirán irreverentes, olvidando que nuestras manos no lucen bellos anillos; porque nuestro amor irá más allá que un contrato firmado y el “sí acepto” habitará intrínsecamente en nuestros corazones. Entonces, tu saliva irrigará mi lengua; tu lengua jugará explorando entre mis dientes y tus dientes morderán mis labios con ternura; un hilillo de sangre brotará de mis labios heridos y, amorosamente y sin inhibiciones, te deleitarás en su sabor metálico. Mis manos recorrerán tu espalda, adivinando un sueño mágico en cada vértebra. Te llamaré mi diosa y juraré que ni el mismo Dios me hará dejar de amarte, mientras con tus besos mitigarás las brasas de mi blasfemia. Nuestras ropas cederán, dejando al descubierto nuestra piel ansiosa y sedienta de nuevos mundos. Abriré tus brazos como una cruz y te coronaré de besos tan penetrantes como espinas, en un hermoso sacrilegio que nos conducirá al infierno. Deslizaré mi lengua en un viaje de reconocimiento por tu piel, sin dejar un sólo rincón sin identificar. Tu sonrisa me invitará a sumergirme en oscuros abismos y, sin miedo y animado por el fulgor de tus pupilas, navegaré por el bendito arroyo de nuestra cueva predilecta. Sólo entonces nuestra fusión será completa; seremos uno en cuerpo y alma, uno y dos que son el mismo, uno y muchos que son ninguno, tú y yo que somos uno.

Tú no lo sabes aún, ni siquiera sabes que existo y que te amo, que existo para amarte y vivo por tu amor. Aún no tienes conocimiento de las maravillas que nos depara el futuro. Pero yo sé que así será. Sé que vendrás a mí, silenciosamente, como un secreto…


FRÍO, PERO...

Ayer, por vez primera,
besé tus dulces labios,
y no volteaste el rostro
ni hiciste muecas de aversión;

aspiré tu aroma, lentamente,
acariciando tu cabello,
y no dijiste: “¡Quieto,
hazte a un lado y vete lejos!”

Ayer, por fin yo pude
contemplarme en tus pupilas,
que, aunque dilatadas,
no esquivaron mi mirada;

me acosté junto a tu cuerpo,
que gélido e inerte,
no me hizo a un lado,
lanzándome al vacío.

Ayer fue tu cadáver,
triste e inadvertido,
el que abrazó mi cuerpo,
en este paraíso.



HIERBA Y CHOCOLATE DE “DE PLAGIOS VULGARES Y OTRAS BLASFEMIAS” (CUENTO)

Pedro tenía una hermosa familia. Su relación con su esposa era envidiable y tenían dos hijos hermosos: Diana, de doce años de edad, y Guillermo, de diez. En su hogar todo era alegría, hasta el día fatal en que Pedro fue despedido de su trabajo, aduciendo un recorte de personal.
Pedro pasó días, que luego se convirtieron en semanas, buscando otro trabajo, pero nadie lo aceptó, y el dinero de su indemnización se esfumó con rapidez. Su esposa le exigía el dinero del gasto y sus hijos no dejaban de quejarse de que se morían de hambre. No soportó la presión mucho tiempo y se vio orillado a tomar una decisión drástica.
Una cálida tarde de sábado, dijo a sus hijos que los llevaría a dar un paseo por el bosque. Dianita, que empezaba a sentirse grande, masculló entre dientes una mala palabra, y sólo aceptó el paseo por los brincos de felicidad del pequeño Guille.
Una vez que se hubieron internado en el bosque, Pedro les propuso jugar a las “escondidas”. Esta vez, Diana no pudo evitar que se le escapara un «¡Puta, papa, ya estoy grande para esto!», aunque terminó aceptando la propuesta a regañadientes. Guille, en cambio, estaba encantado con la idea. El padre pidió contar primero, y así lo hizo, mientras sus hijos se escondían lejos de él.
Pasaron cerca de quince minutos, tras los cuales, al ver que su padre no aparecía, Diana decidió que sería conveniente dejar el juego y buscarlo. Juntos lo llamaron a gritos y lo fueron buscando entre el follaje de aquel frondoso bosque. Conforme pasaban las horas, los pobres hermanitos cayeron en la cuenta de que habían sido abandonados. Mientras el sol se escondía en el horizonte, Diana corría desorientada entre los árboles, llevando a su hermano de la mano. El tiempo corría despiadadamente y, cuando la luna era lo único que iluminaba el cielo, Guille no soportó más el miedo y se desató en un mar de lágrimas.
Entonces, como si se tratara de un milagro, Diana divisó una luz a lo lejos en un claro del bosque. Avanzaron corriendo hacia ésta y se percataron de que provenía de una hermosa casita estilo canadiense. Diana tocó la puerta y, al no obtener respuesta, ambos llamaron a gritos. Por toda respuesta, sólo obtuvieron silencio…
De repente, Diana se percató de que su mano había quedado embarrada de algo café al tocar la puerta. Lo llevó a su nariz y luego lo saboreó, descubriendo, felizmente, que se trataba de chocolate. Ambos hermanos empezaron a comerse las paredes de la casa, hechas de chocolate con incrustaciones de fresa y caramelo. Pero justo cuando pensaron que su suerte había cambiado, escucharon una horrenda exclamación que les heló la sangre:
—¡Patojos cerotes!
Era Lita, una hermosa joven, dueña de la casa. Tomó a los niños de las orejas y los hizo entrar en la sala. Una vez dentro, les indicó que, como castigo por su fechoría, trabajarían para ella por tiempo indefinido, sin sueldo base ni prestaciones de ley. Fueron engrilletados e instruidos en sus nuevos oficios. Diana cuidaba un huerto de marihuana. Lo irrigaba y fumigaba para mantenerlo siempre hermoso y libre de plagas, para que las plantas crecieran grandes y sanas. Guillermo, por su parte, se encargaba de mezclar “coca” con bicarbonato, en proporciones adecuadas a la calidad del producto que fuera requerido. Pasaron cerca de dos años en esta situación y se volvieron expertos en las artes agrícolas y farmacológicas.
Una noche, cuando Diana y Guillermo regresaban de sus labores diarias, encontraron a Lita en un estado deplorable. Se había fumado más de doce piedras de crack, sin una sola pausa. Entonces, los hermanos decidieron aprovechar el momento para encontrar la libertad. Cargaron a Lita y la tiraron dentro de un gran cilindro metálico donde se fermentaban licores clandestinos. Se aseguraron de que se hubiera ahogado y, acto seguido, brindaron con una botella de tequila. Tomaron varios kilos de coca y un tanto más de marihuana. Los cargaron sobre el 4X4 de Lita, y Diana, que ya alcanzaba los pedales, tomó el asiento del piloto y arrancó el auto. Así salieron del bosque hacia la ciudad.
Por supuesto: vivieron felices para siempre.