Categoría: 1995
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Diego Rosal Cazali
se ha detenido el parpadeo para que la contemplación se expanda en la intemperie; en su lugar, un nuevo color respira y un baile franquea el encierro, la oscura ansia de buscar luz en las alturas, ese querer dilucidar el trecho entre los otros
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Ryoga
memorias de una serenata nocturna: cuando la aceleración rompe el sonido y lo mantiene cual destello perenne capaz de iluminar, con resonancia veloz, la grieta donde habita el frenesí y el abismo
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María Odalys Pineda
a través de un soliloquio de tesitura invisible la voz impulsa una sombra penitente que acepta fundirse con la corporeidad de lo profundo para poder transfigurar, para acabar de disolverse
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Pablo Bejarano
el tiempo se dobla a sí mismo en las entrañas de un recodo colonial con el afán de demostrar que ciertas deudas de sangre reclaman nuevos actores para asfixiarse en espejismos, coincidencias y destinos cruzados
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William Morales Olivia
no se equivoca el secreto incrustado en el andamio en oscilar aunado al viento para volverse realidad y repellar la inmensidad de las intrépidas palabras
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Julio Cúmez
entonces nos precipitamos hacia el fondo de la tierra como granos de maíz bautizados por el fuego insomne que se ciñe al rostro azul de las palabras
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Javier Flores
al parecer ya solo queda el dios antaño y sus rituales, ya solo queda la fiel estampa que diluye sus terribles núcleos y es cascabel de la verdad y la memoria
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Gabriela Lemus
y al final de la noche que nace en las vísperas del mar abierto discurrimos entre el quehacer emocional y la versión sine qua non de la conciencia
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