Categoría: 1984
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Christian Castañeda
cálida y temblorosa —como su presencia, como sus designios— es la oscuridad que atraviesa el pecho tibiamente escindido de los guardianes de la indómita noche
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Ludwing Varela
habremos de obviar la textura del tentáculo optimista ante la sorpresa de un benévolo incendio y el aplauso a los altares vírgenes con veladoras que despiden sangre
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Magdiel Midence
babean los chacales ante el triste semen de la luna perniciosa y en la médula de la madrugada desgarrada un hombre se vacía y acata el mandato de lo mórbido y lo divino
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Mario Santizo
chorrea cinismo el gentil y alterado carnaval de las pasiones reescenificadas en el instante vital del arrebato, del idilio meningítico
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Norma Chamalé
permite que el fulgor de la tierra viaje entre los seres para plantarle cara a la vida y a sus vericuetos cósmicos
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Morena Pérez Joachin
que el aire, cargado de inventos, te acerque a la luz que invade la sangre y acciona la gramática del barrio y del movimiento
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Ángel Elías
allende el desengaño, los vocablos vuelven a su guarida cotidiana, batiendo sus alas silenciosamente, como los recuerdos
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Ana Lucía Mendoza
entre la multitud se abre paso el diálogo interno y las manos se llenan de realidad con el afán de propagarse como un aguacero de palomas
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Súa Agapé
aviso: tratar de que la «inmundidad» mate el espacio de transparencia que ocupa las creaciones de la mente
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Alfonso Huerta
no hay camino de vuelta a bordo de la nave de los locos; desde aquí la realidad me exige fe poética y antiinflamatorios
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