CANTO DEL GRANIZO
I
Los sustantivos asquean
la memoria de las moscas,
inevitable fulgor de la mañana
que se llena de sapos
y de granizo que cubre los pasos sin orilla.
Hermandad de las rocas
que cantan al margen de mapas extraños,
golondrinas que se llevan inviernos
y desandan la memoria de tus manos.
II
A la orilla de la noche
tu nombre resuena como enjambre
como clorofila abismo desprovisto de amaneceres
y lleno de largas horas.
A la orilla de la noche
llegan conjeturas
que recuerdan que somos un puñado de espejos y faroles.
A la orilla de la noche
tu sombra vibra en medio de manos laboriosas,
de besos atrincherados que proveen girasoles.
A la orilla de la noche
tu nombre es canto en los azahares
tu nombre, implosión que urde alebrijes.
III
Los cristales se difuminan ante ojos abejas.
El canto del granizo es solemne,
perpetúa el aroma de crisantemos
y sus miles de ojos que observan
el instante y sus difuntos.
El canto del granizo es sólido,
irrumpe de tajo,
quiebra las cicatrices
y la inmediatez del tiempo y sus agujas.
IV
Debajo de mis dedos
hay oasis que se despabilan con la noche.
Debajo de mis dedos
están las brújulas que tejen alelíes,
perfuman caracoles.
Debajo de mis dedos
se carcome la miseria que han dejado los ojos abismos,
las hienas del desamor y el delirio.
Debajo de mis dedos
hay una canción que afila cuchillos
y atrapa la inmediatez del alba y sus pájaros.
Debajo de mis dedos estoy
y no me resigno.
LA FE HERIDA QUE DUELE
El corazón
y el trepidante ritmo ahogan la voz de almendras.
Las tijeras
y su caricia de metal incendian la sangre.
Los huesos
y su esencia helada corroen la ruta de los gusanos.
Los ojos
y su estela de luz enceguecen los días del mercurio.
La alegría de los corales
impregna risas en la danza de los náufragos.
Los pájaros transparentes escuchan a Beethoven
devolviendo con eso la fe.
Las manos y su vasto desierto
donde se dibujan diminutos soles
guían el regreso a casa.
El filo del cuchillo
y su delicado canto guían por senderos de arena
las noches llenas de larvas.
La risa
y sus miles espejos hacen huir a la muerte,
la fe es herida que duele.
LA RAZÓN DE LOS INSECTOS
El canto del petirrojo atraviesa mi lengua.
La sombra,
personaje clandestino donde encalla la risa.
Las espinas,
geografías donde germinan las cruces
que se colocan sobre bultos que perdieron la fe.
Las odas se impregnan de la razón de los insectos
prestos a devorarlo todo,
ante ellos pierde sentido
la muerte,
la risa
y las cruces.
OTRAS FORMAS DE CAMINAR
Los perros reconocen los caminos
que alguna vez cobijaron nuestros pies,
los ladridos son mariposas traslúcidas
donde los niños juegan a escondidas
mientras los cometas desenredan los sueños.
Los perros reconocen los caminos
que alguna vez fueron la brújula para nuestros miedos,
los ladridos son arcoíris que desactivan las nostalgias del ayer
reinventando los sueños postergados.
Los perros reconocen los caminos
que alguna vez fueron cometas
que dieron esperanza,
que albergaron el abrazo.
Padecemos cotidianamente
y dejamos de leer entre líneas
y olvidamos que los sueños,
la brújula
y los cometas son otras formas de caminar.
CULPAS AJENAS
Las piedras lloran
porque se resisten
a sentir en sus sienes
el aire que las transforma
en monstruos,
no está en su esencia
teñirse de rojo,
extrañan los laberintos
nupciales de la selva,
la caricia sutil del mar en calma
o el saludo a destiempo del caminante.
Las piedras lloran
porque no está en su esencia
limpiar culpas ajenas.
JUGUETES CRUCES
Esa terquedad de ir de viaje
de nombrarlo todo
de romperse los huesos en nuevas andanzas,
el Sol ya no da sobre la frente
ha huido a mejores derroteros.
La niña silba una canción inventada,
sabe que vive porque ve reír a los demás.
A pesar de la risa, se arranca las uñas,
es su forma de vengar a sus muertos.
La niña regala sus nostalgias,
las flores que ha cultivado en pentagramas sin semillas.
Mamá, ¿en dónde está Micaela y Dalila?
He visto mariposas volar en mi habitación
pero ninguna se parece a ellas.
Mamá tengo sueño
¿Me arrullas?
Soy tu niña, ¿lo recuerdas?
Los juguetes son cruces
que reposan sobre almohadas llenas de moho.
NO ES LA ESPINA DE LA ROSA
No es la espina de la rosa
la que nos hiere,
ni las grietas de peces amorfos
metidos en un sueño que desanda miedos
y convoca al suicidio.
No es la espina de la rosa
la que nos hiere,
ni la sangre que corre por las calles
infames de la infancia.
No es la espina de la rosa
la que nos hiere,
ni chiriviscos
donde el fuego se extingue.
No es la espina de la rosa
la que nos hiere,
ni la ceniza de los huesos
que vuelan hacia mis ojos.
No es la espina de la rosa
la que nos hiere,
ni el picotear de cuervos
que laceran sin piedad mi corazón.
Nos hiere la belleza de la rosa.
*Poemas del libro inédito El canto del granizo
Rudy Alfonzo Gómez Rivas en IG: https://www.instagram.com/rudy_.40/


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