Rudy Alfonzo Gómez Rivas

1977

,

Aguacatán

la memoria se ensalza, cual belleza herida, ante la solemnidad de la naturaleza, con su lírica de cenizas, fuego y enjambrados refugios que a la vez son caminos, atávicos senderos de descubrimientos


CANTO DEL GRANIZO


I

Los sustantivos asquean

la memoria de las moscas,

inevitable fulgor de la mañana

que se llena de sapos                                                                                              

y de granizo que cubre los pasos sin orilla.

Hermandad de las rocas

que cantan al margen de mapas extraños,

golondrinas que se llevan inviernos

y desandan la memoria de tus manos.


II        

A la orilla de la noche

tu nombre resuena como enjambre

como clorofila abismo desprovisto de amaneceres

y lleno de largas horas.

A la orilla de la noche

llegan conjeturas

que recuerdan que somos un puñado de espejos y faroles.

A la orilla de la noche

tu sombra vibra en medio de manos laboriosas,

de besos atrincherados que proveen girasoles.

A la orilla de la noche

tu nombre es canto en los azahares 

tu nombre, implosión que urde alebrijes.


III

Los cristales se difuminan ante ojos abejas.

El canto del granizo es solemne,

perpetúa el aroma de crisantemos

y sus miles de ojos que observan

el instante y sus difuntos.

El canto del granizo es sólido,

irrumpe de tajo,

quiebra las cicatrices

y la inmediatez del tiempo y sus agujas.


IV

Debajo de mis dedos

hay oasis que se despabilan con la noche.

Debajo de mis dedos

están las brújulas que tejen alelíes,

perfuman caracoles.

Debajo de mis dedos

se carcome la miseria que han dejado los ojos abismos,

las hienas del desamor y el delirio.

Debajo de mis dedos

hay una canción que afila cuchillos

y atrapa la inmediatez del alba y sus pájaros.

Debajo de mis dedos estoy

y no me resigno.


LA FE HERIDA QUE DUELE


El corazón

y el trepidante ritmo ahogan la voz de almendras.

Las tijeras

y su caricia de metal incendian la sangre.

Los huesos

y su esencia helada corroen la ruta de los gusanos.

Los ojos

y su estela de luz enceguecen los días del mercurio.

La alegría de los corales

impregna risas en la danza de los náufragos.

Los pájaros transparentes escuchan a Beethoven

devolviendo con eso la fe.

Las manos y su vasto desierto

donde se dibujan diminutos soles

guían el regreso a casa.

El filo del cuchillo

y su delicado canto guían por senderos de arena

las noches llenas de larvas.

La risa

y sus miles espejos hacen huir a la muerte,

la fe es herida que duele.


LA RAZÓN DE LOS INSECTOS


El canto del petirrojo atraviesa mi lengua.

La sombra,

personaje clandestino donde encalla la risa.


Las espinas,

geografías donde germinan las cruces

que se colocan sobre bultos que perdieron la fe.

Las odas se impregnan de la razón de los insectos

prestos a devorarlo todo,

ante ellos pierde sentido

la muerte,

la risa

y las cruces.

OTRAS FORMAS DE CAMINAR


Los perros reconocen los caminos

que alguna vez cobijaron nuestros pies,

los ladridos son mariposas traslúcidas

donde los niños juegan a escondidas

mientras los cometas desenredan los sueños.

Los perros reconocen los caminos

que alguna vez fueron la brújula para nuestros miedos,

los ladridos son arcoíris que desactivan las nostalgias del ayer

reinventando los sueños postergados.

Los perros reconocen los caminos

que alguna vez fueron cometas

que dieron esperanza,

que albergaron el abrazo.

Padecemos cotidianamente

y dejamos de leer entre líneas

y olvidamos que los sueños,

la brújula

y los cometas son otras formas de caminar.


CULPAS AJENAS


Las piedras lloran

porque se resisten

a sentir en sus sienes

el aire que las transforma

en monstruos,

no está en su esencia

teñirse de rojo,

extrañan los laberintos

nupciales de la selva,

la caricia sutil del mar en calma

o el saludo a destiempo del caminante.

Las piedras lloran

porque no está en su esencia

limpiar culpas ajenas.


JUGUETES CRUCES


Esa terquedad de ir de viaje

                        de nombrarlo todo

de romperse los huesos en nuevas andanzas,

el Sol ya no da sobre la frente

ha huido a mejores derroteros.

La niña silba una canción inventada,

sabe que vive porque ve reír a los demás.

A pesar de la risa, se arranca las uñas,

es su forma de vengar a sus muertos.

La niña regala sus nostalgias,

las flores que ha cultivado en pentagramas sin semillas.

Mamá, ¿en dónde está Micaela y Dalila?

He visto mariposas volar en mi habitación

pero ninguna se parece a ellas.

Mamá tengo sueño

¿Me arrullas?

Soy tu niña, ¿lo recuerdas?

Los juguetes son cruces

que reposan sobre almohadas llenas de moho.


NO ES LA ESPINA DE LA ROSA


No es la espina de la rosa

la que nos hiere,

ni las grietas de peces amorfos

metidos en un sueño que desanda miedos

y convoca al suicidio.

No es la espina de la rosa

la que nos hiere,

ni la sangre que corre por las calles

infames de la infancia.

No es la espina de la rosa

la que nos hiere,

ni chiriviscos

donde el fuego se extingue.

No es la espina de la rosa

la que nos hiere,

ni la ceniza de los huesos

que vuelan hacia mis ojos.

No es la espina de la rosa

la que nos hiere,

ni el picotear de cuervos

que laceran sin piedad mi corazón.


Nos hiere la belleza de la rosa.


*Poemas del libro inédito El canto del granizo



Rudy Alfonzo Gómez Rivas en IG: https://www.instagram.com/rudy_.40/


Una respuesta a «Rudy Alfonzo Gómez Rivas»

  1. Hermosa poesía, los perros con9cen el camino de regreso al alma.

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