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Diego Rosal Cazali
se ha detenido el parpadeo para que la contemplación se expanda en la intemperie; en su lugar, un nuevo color respira y un baile franquea el encierro, la oscura ansia de buscar luz en las alturas, ese querer dilucidar el trecho entre los otros
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Camila Fernández Juárez
ha venido un árbol, inmenso ente que se asoma seducido por el balbuceo eléctrico que se desborda en el espacio intersticial; allí resuena la liturgia de organismos germinales, fragua de memorias fecundadas, azuzadas instrucciones para nadie
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Ryoga
memorias de una serenata nocturna: cuando la aceleración rompe el sonido y lo mantiene cual destello perenne capaz de iluminar, con resonancia veloz, la grieta donde habita el frenesí y el abismo
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Carolina Martínez
cuando la mirada se vuelve testigo involuntario y la delicadeza es casi comestible, hay un como júbilo, un consentimiento sin reservas entre la materia y la sombra del afecto, el tránsito de una celebración que pertenece al aire
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José Alvarado
desposeídos de nuestras certezas, materia prima para fragmentar el vértigo, el refugio sólo es una ilusión para acicalar el desencanto en el umbral en donde un semidiós incuba mundanas verdades
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Jorge Fernández
en la entraña más voraz de la naturaleza, la impunidad se alza como humo hasta chocar con su propia condena: una inmersión sin retorno donde todo lo profano queda expuesto ante plegarias subterráneas
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Miguel Ángel Oxlaj
en cuanto el sol se incline y esculpa la fisonomía del surco, quedará trazada la senda de la materia germinal, el latir de la glándula que provee y que sostiene un corazón de mazorcas y herencias ocultas
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Bea Zamora
acurrucarse a los pies de la nostalgia que destilan las grietas de un silencio fragmentado, esa urdimbre de penumbra donde chispean los vestigios de una presencia cuya savia nos acerca al linaje de un secreto suspendido
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Matheus Kar
toda mutación del ser resulta un periplo, absorción de recónditos feudos emocionales y mitos literarios: una vez engullida la complicidad del viajero con el tiempo, solo queda el mosaico de la ausencia cronificada
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Marcela Zamudia
gravitar en el umbral del gozo y reivindicar la conquista de la soberanía física frente a la opresión cotidiana; inevitable también la zarza trémula del duelo
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Heidy Marroquín
¿acaso no es verdad que la contrición íntima que transciende desde un territorio herido acaba convertida en una estela testimonial sostenida por los hilos de la memoria, la contundencia y el afecto?
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María Odalys Pineda
a través de un soliloquio de tesitura invisible la voz impulsa una sombra penitente que acepta fundirse con la corporeidad de lo profundo para poder transfigurar, para acabar de disolverse













