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Fernando Gudiel
el pulso frenético de una vieja Olivetti parece registrar pactos de supervivencia televisados bajo lunas carmesíes, rayos en una noche tormentosa que iluminan el horizonte antes de tocar el suelo
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Erick Boror
una vez alcanzado el umbral de las estelas y su vals primitivo, nos espera la inmersión ceremonial en el cenote en donde se aparean mitos y se procrean guardianes sacros
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Lunatari Dala
partituras visuales que parecen aflorar en el seno del equilibrio y la finura vulnerable de la esencia humana hasta abandonar el vacío y recalar allí donde el cuerpo no se impone, aunque se adivina
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Marcos Gutiérrez
estruja el árido corazón sumergido en tinta de viejo diario cada vez que, a lo largo del ritual de las transiciones, los cuerpos anidan separados por el hallazgo de lo inherente y desechable
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Rodolfo de León
en el espacio litúrgico del lienzo se van agolpando presencias con su rigor de penumbra terrosa como recuerdos que asoman para desafiar la quietud del silencio
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Kevin Mérida
el espíritu navegante del indómito Ilustrador reclama su minuciosa heráldica como un código yakuza en calidad de trueque para el lienzo taxonómico de un Nuevo Mundo
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María Lara
de cuando habitamos la grieta de lo ahora ausente para que el lenguaje nos reconstruya y encuentre su propia voz en el umbral donde la memoria deja de ser silencio para convertirse en un incendio de luz compartida
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Juan Carlos Gómez Herrera
quijadas invisibles salivando nuestros pasos en la epopeya de la fricción y el tránsito mientras los días destilan una fábula mineral, un catecismo de fulgor que reorganiza el mundo… a sorbos
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Carlos Calderón del Cid
testimonios acerca del transcurrir analógico de la memoria en el que, a través de la postrera luz y la callada algarabía, se encuentra con su propia sombra
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Carmen Tocay
mira, allá en la lejanía, hay luciérnagas que permanecen palpitando como hojitas de azafrán en los bosques ancestrales
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Atahualpa García
entidades de ópalo e infinitos surcos fértiles transitando alrededor de un nuevo arco de luz que parece anunciar la clonación y el quimérico tejido del tiempo y el espacio
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Ameno Córdova
desde Atribis, el rastreador de espectros que convulsionan y acaban desintegrándose bajo el hechizo azul-cianuro de las madrugadas, ha venido para consolidar su mirada inmune en los resquicios de la necrópolis













