José Alvarado

2002

,

Ciudad de Guatemala

desposeídos de nuestras certezas, materia prima para fragmentar el vértigo, el refugio sólo es una ilusión para acicalar el desencanto en el umbral en donde un semidiós incuba mundanas verdades

—



FLORES DE CARNE Y SANGRE


Hay algo en la sangre,

algo descarnado debajo de mi piel,

una rosa caníbal en el cráneo,

y cada uno de sus pétalos

desuella ideas, pensamientos,

brillantes como un ojo bajo el sol;

y bajo esta carne hay un líquido

purpúreo como una granada

quemando músculos, hirviendo arterias;

un ramo de tendones para venas y nervios

que la pinza de Dios va arrancando de la piel,

tejiendo un tapiz de puro contenido humano,

y guarda allí su paliacate un esqueleto de luz pura,

un ala de cabellos alcanzando el vuelo;

eso es mi cuerpo, lo que revolotea bajo la piel,

en mis coágulos,

en la colmena violenta

de mis vísceras.


*De Los senderos del sentido (Plátano frito, 2024)



ESTE MUNDO ES PARA NADIE


Somos los desaparecidos,

los que se beben la lluvia en lugar de evitarla

y levantan sus corazones solitarios

en lugar de copas y estandartes;

somos el orfanato que con el tiempo

también se queda huérfano,

y Nadie nos ve morir

porque nunca nacimos;

ocupamos el asiento vacío del cine

y en las fiestas solo bebemos agua

que a veces es lágrima o sudor

del ejercicio de existir;

pero sabemos muy bien

que los fantasmas no existen,

porque nadie nos habló de ellos

ni nadie les hablará de nosotros.

Somos los que somos,

y este mundo es para nosotros:

Uno solo, que no es Nadie.


*De Entropía rosa (Órbita Editorial, 2025)



EL TEMPLO DERRUIDO


Creo que todos llegamos a ese punto

en el que escribir poesía resulta insuficiente;

ese momento, las palabras se repiten y la sintaxis

como una pintura dada vueltas y vueltas,

vista por todos los ángulos;

queda un bolero y la estatuilla de una virgen

un domingo a las 5 de la tarde;

quedan fragmentos inconexos

que no vale la pena rescatar,

espejos de una soledad

no correspondida por el mundo,

un abrazo etéreo de una palabra concreta

y no una palabra etérea de un abrazo concreto.

¿Qué es la Muerte sino un eufemismo de Dios?

Lo que sigue es escribir con el humo del cigarro

un privado epitafio, tu imagen de mujer como una lenta ciudad

y una película referida al mito con el que nos identificamos: el terror;

el terror viendo a Cristo crucificado en las palabras,

el olor de una metáfora quemándose…



*De Los dioses también mueren (El pez soluble, 2026)



COPOS DE CARNE


A los muertos de los Andes

(tragedia y milagro)


Comprender que devorar un alma

es el fuego de rostros blancos

como copos ensangrentados,

y beber del espanto que acaece el vértigo

en un mundo de nube y sal;

los dientes rodando en el abismo,

el rostro que un día me sonrió,

un hermano, una madre, un hijo,

superpuesto a mis médulas;

el amor descuartizado

con un lenguaje de silencios

bajo fuselaje de carne y hielo;

es el desierto blanco, descarnado

como hueso roído,

más vasto que la cumbre

de una cordillera de mentiras piadosas,

expiación que acalla una justificación,

los dientes llorando filosas lágrimas

que se congelan en el corazón,

y el alma que consuela

recordando que sus sonrisas

se yerguen en la esperanza.



*De Los senderos del sentido (Plátano frito, 2024)



EPITAFIO


Llueven cráneos en el sol,

el tiempo lo ha circuncidado:

por fin he de beber

las gotas de cielo

que he llorado tanto;

por fin he de alumbrarme

en estos ojos alambrados.

Y tú, amada Poesía,

nieta de Dios,

nunca le cuentes a tus hijos

lo que fuimos.

*Inédito (2023)



GUERRA DE POETAS


—Yo leo primero.

—No, yo quiero leer.

—No, que nadie se tome mi cerveza.

Y a mí sólo me da sed.


La poesía, como la vida,

es una guerra de internet;

menciono a mi madre en un poema

y luego me la mencionan en aquel.


Trescientas rosas morenas

vio Lorca en un herido,

yo le doy rosas

a las trescientas morenas

de mi enemigo.


—Ahora toca que me lean

antes que lean al otro.

Nosotros nos peleamos por versos,

otros que se peleen por negocios.


¿Quién lee primero,

el sonetista o el antipoeta,

el que escribe por placer

o el que escribe por novelas?


La vida, como la poesía,

suelta lágrimas de cocodrilo,

atenta a quien sonríe primero

para llevarse los anillos.


Caminante no hay camino

si te meto zancadilla,

así como no habrá excusa

si te meto una golpiza.


—Yo leeré primero,

antes que lea el loro,

antes que el oro se devalúe

como se devalúa todo.


¿Quién ganará la guerra,

el que dispara versos

o el que se acuesta con todos?


—Leeré primero.

—Que no, que no lees bien.

Yo ocultaré mi cerveza,

que no hay suficiente agua

para tanta sed.


*Inédito (2026)



José Alvarado en IG: https://www.instagram.com/jaas_.88/


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *