


BIOLOGÍA INSTITUCIONAL
Bio institucional había sido lo más cercano. Lo de biografía se lo debo, pero resulta fructífera la idea de una biología institucional. Al menos una que definiera su estructura y sus dinámicas de poder. O bien, sus necesidades básicas. Una biología de la institución, descubierta, con la arqueología como método. La biología de algo, en todo caso, nos acerca a su enfermedad. Biósfera o biosfera, según se prediga el sombrero. Bioesfera, según la elección de lente. Anteojos de contacto. Es el lente el que pasa desapercibido. Biosfiera, dios no quiera. Biológico, biólogo multilingüe, biópedo, bípedo, vulgar, bisexual.
Realmente nunca había pensado en mi autobiografía, ni como un texto, ni como recuerdos. Tantas veces aludí a la mala memoria, por no hacer un esfuerzo, por recordar. Recordar algo u olvidar algo. No recordar algo o no olvidar algo. No todo. No aparecen recuerdos de infancia ganando medallas ni perdiéndolas, aunque la pérdida esté en todo momento más presente. No me recuerdo coleccionando caracoles y, sin embargo, los llevo tatuados. Habito la casa que habité de niña, no me hace recordar sino excavar. Camino por los jardines. Hago caminos por los bosques. Cuando vivía aquí, antes de empezar a ir al colegio, ¿qué era mi vida? Camino en espiral entre los caminos. No aparece ningún recuerdo. No todo, nada.
¿Cómo escribir una autobiografía sin recuerdos?, ¿de qué la escribo?
Si alguien me dice, escribo autobiografía, pienso: no entiendo, es ir pudiendo, no es un no poder rotundo, es el lugar donde se sabe que hay recuerdos, pero esos recuerdos no… ¿son visibles?, árboles han muerto, árboles que lo han visto todo, ¡no todo pero más que nosotras!
Le siento un sabor a misterio. No es miseria. No es que mi imaginación no se ponga al trabajo. Es que no me cuesta repetir que por la imaginación misma todo se revela. Le siento una continuidad a la escritura. Ponerme a escribir en este lugar. Ponerme a pensar qué me lleva a ese lugar de la escritura. Aceptar la cáscara de la que estoy hecha. El sabor de mi fruto se robustece en el interior. Lo siento en la llenura de mis pechos, los siento en mis manos que se mueven.
Los paisajes no me hacen recordar. La sombra y los abrazos de los árboles me toman desprevenida y lo siento en la garganta, pero no logro decirlo. No consigo articularlo, ni erguirme, ni abrir bien los ojos. Y cuando recupero el poder del habla, se ha ido, y pasa.
Recuerdo estar acostada, veía probablemente las ramas del árbol del que acababa de caer. ¿Los frutos también se quedan sin aire cuando caen de los árboles? ¿Quién recuerda la espalda de la fruta? Depende qué fruta, dijo alguien. Otro dijo que a fruta lastimada se le ve el golpe. Alguien más dijo que la fruta sufre en silencio. Fruto. Fruta. Cuerpo fructífero. No es lo mismo, la fruta está diseñada para nutrir a las semillas que lleva dentro y el cuerpo fructífero no alimenta ningún embrión que no sea imaginario.
Me parece importante aclararme que una autobiografía no es la historia de mi árbol genealógico. Se parece más a una red de filamentos, a la estructura reproductiva que emerge de esto.
No es ni se parece a una fruta, engañosamente llamada cuerpo fructífero. Es una emergencia. Es un cuerpo intermitente. La fruta más dulce, la que se pudre, al caer da su primer grito de gloria, la fruta para hacerte disfrutar si uno se atreve a probar la podredumbre. Por lo menos puede haber cuerpo fructífero sin fruta. La fruta que lleva su pasado en su interior, deja que se lo descubran a mordidas. El cuerpo fructífero se entrega a la imaginación de otra manera.
Depende de lo que en cada familia implique el reproducirse y el dejar de hacerlo, el evitar. Podría preguntarle a mi abuela pero ha muerto. Mi madre padece de la memoria y, tanto ella como el resto de los familiares vivos, me parecen fuentes poco fiables.
Frutos sin semilla insisten en desconectarme de la red.
Lo que se dice con palabras es dudoso. El óvulo de una flor se convierte en semilla y el ovario en fruto. Lo poco que se dice fecundado. Que esté vivo resulta dudoso. En relación con el cuerpo reproductivo, debe identificarse el tejido sacrificial.
Voy a recordar eso y voy a ponerlo en palabras. Me he empeñado en hacerlo y eso es lo que haré. Haré eso al recordarlo.







LA RED Y EL CUARTO ABIERTO
Si al moverme muevo mi mano, llevo el movimiento conmigo. Si al mover mi mano muevo mi cuerpo, movi-miento conmigo.
La historia de terror. La historia única. Única en su color mas no en su especie. Unica Zürn y una parte del alma que huele a jazmín. La historia que tenía que ser dicha. Tantas historias que tienen que ser dichas que es difícil encontrarles un orden. Esta historia desenmascara a uno para enaltecer la desnudez del otro y ese otro es un extranjero. El que sale adulado de esta historia es un homeless. Sale endulzada su falta de máscara. O mejor, devora endulzada la máscara, devora inevitablemente la máscara endulzada de cualquiera que tenga casa.
Rápidamente nos situamos en una casa con varios cuartos, cuartos que, de hecho, se comparten. El cuarto de baño tiene tres puertas de las cuales dos no cierran bien, al menos no con llave. Sea lo que sea que se esté haciendo en el baño, debe preverse la entrada, acaso sorpresiva, de alguien. Mientras uno sale del baño, enrollado en toalla, alguien estará en el cuarto cambiándose, lo que resulta en dos sujetos, más que cambiándose en el mismo cuarto, vistiéndose, lo que implica a dos sujetos desnudos en un mismo cuarto. Entre un sujeto y el otro hay por lo menos tres generaciones de diferencia, por lo que no es madre e hijo y el sujeto que sale del baño, uno, no es un bebé y sale con sus propios pies y por su propio gusto. Más aún, dos, es uno en una explosión de hormonas que solo cierta edad provoca de esa manera tan particular. Se trata del momento en que se cristaliza una serie de deseos prohibidos. Se trata de personas, de una misma raza, es evidente. Dos personas familiares en una acción familiar. Dos familiares en una familiar. Bañarse y vestirse es algo que debe poder hacerse con familiaridad, con la naturalidad que uno elige la tela que combina con la otra. Naturalmente, el acto de bañarse, vestirse, y en muchos casos, dormir, implica desnudez.
Hasta este momento no hay más que dos personas en silencio en un cuarto. En parte, se dan la espalda, en parte cuesta identificar si se miran o no. La tensión en el cuarto la producen dos cuerpos desnudos, semidesnudos, semivestidos, vestidos casi coreográficamente. Un cuerpo salió de la ducha, el otro probablemente de la cama, no hay otros rastros, como la toalla del otro en el suelo. Parece no haber tela que cortar ni piel que cuelgue. Dos cuerpos aún óptimos, uno aún y el otro apenas. No se trata de que no sean cuerpos únicos. Se trata de los cuartos en los hospitales mentales y en el terror que causa sentirse representado por una locura aunque esta locura haya conseguido escapar del encierro. Esta locura no ha conseguido escapar de la escritura. Esta locura viste ropajes holgados. La holgura que se siente en la ropa y tiene todo que ver con tomar aire, con poder tomar aire; se trata de poder respirar.
No importa cuánto tiempo se tarde, eso no hace la escritura ni impide que el cuarto se llene de palabras. El silencio colabora a la formación de frases que aunque no se digan o queden incompletas, se convierten en el tema de conversación de otros dos sujetos, degeneraciones después, a los que lo que sea que haya pasado en ese cuarto; los llama, les incumbe y no han llegado a saber qué es. Sujeto con casa que se casa. Sujeto aquel que se olvidó cómo se caza. Sujeto aquel que caza con palabras, es más bien seducido aquel que cree que caza con palabras y se casa. Semental que se casa con las palabras para no necesitar yegua. Y, aunque sea como imagen, más esbelta y reluciente de misterio, yegua que caza palabras para no necesitar semental. Yegua o vaca, igual de esbelta mientras cazamariposas. Y, claro está, se las come.




EL DUPLICADO Y LA SERPIENTE NAVIDEÑA
Una vaga idea de mujeres narcisistas, un lapsus, mujeres masoquistas, se dibuja a lo largo de la página y llega hasta abajo. Solo para subir serpenteando, somatándose contra los bordes del ancho. El ancho, como en numerosos casos, se muestra indiferente al largo de las frases. Frases más largas aún no, necesariamente, ensanchan los horizontes. El desbordamiento y la devastación no son cuantificables, ni aproximadamente, en relación con el ancho de la página.
Regalar no debería ser tan difícil pero se acompaña del acto de escribir una tarjeta y quien se rehúse a escribirla es como si no regalara, al menos no en la ley de la siembra y la cosecha. Una simple idea queda soterrada e intransmisible. Una idea simple pero estragante, da mucho de qué hablar.
Un padre molesto, un esposo aún más molesto, molesto para sí mismo y para los otros, es capaz de dar un regalo hasta por molestar. La tarjeta que acompaña al regalo parece una etiqueta y se lee: Para:… Para:… Después de interrogar al padre y esposo, este confiesa haberse querido quedar con el regalo. ¿El regalo? Un perfume de hombre, una loción. La regalada: su esposa. En la reunión navideña se intercambian algunas palabras después de abrir los regalos. Los hijos opinan que esa situación ya se había presentado y que por tratarse de una segunda vez en la que el padre compra una loción de hombre como regalo para la madre, el hecho de la duplicación de la situación había llevado al padre a la duplicación de la palabra: Para:. Pudo haber comprado una tarjeta que ya contara con la inscripción De: y Para: pero, a pesar de su equivocación, su acción de escribir se acercaba a algo íntimo, imposible de ignorar para la esposa. Se había tomado el tiempo de escribirle una tarjeta y, en este punto, era todo lo que contaba.
La conversación sobre mujeres narcisistas se había agotado, los hermanos menores de la madre se habían ido al after navideño. La conversación sobre mujeres masoquistas había quedado traspapelada entre etiquetas cortadas y tarjetas navideñas con dedicatorias, más bien, duplicadas.
Por suerte, en el suelo, frente a la mesa de la sala aún se ve moverse a la serpiente, sube y baja. Un juego navideño no tomado en cuenta, la imaginación de otro niño. Hasta que llega la supermujer, superhombre, amarrándose las cintas de los zapatos, zapateando una canción de cuna, y se aproxima a la pizca que quede de sensibilidad, a la porción de la noche que sea pura, pura nada, puro vacío, divino, espectáculo de las postraciones del ángel.
¿Qué es lo que él sí quisiera ver?
Para despertar…
a un niño…
se usa el mismo camino
que para dormirlo.
Niño,
del mismo movimiento
que despierta.
y que duerme.



Textos de Para: (en producción)
Imágenes en orden de aparición:
[1, 2, 3] 2 y 2 son 4 (dibujo mecanografiado sobre papel, 2018); Biográfico – Juego de niñas (dibujo mecanografiado sobre papel, 2018); Autobiografía: capítulo XIX (dibujo mecanografiado sobre papel, 2018)
[4, 5, 6] Estudios provisionales (Proceso. Material de vivero, 2018); (I) Ramas (Performance Las palabras de tu boca se escuchan mejor pero más, con Andrés Rodriguez y Verónica López, 2019); Dos cabezas piensan mejor que una (objeto de Estudios provisionales, 2018)
[7] Estudios provisionales (composición de raíces y papel, 2018)
[8, 9, 10] Autobiografía: capítulo V (dibujo mecanografiado sobre papel, 2018); Autobiografía XIII (dibujo mecanografiado sobre papel, 2017); Biografía (dibujo mecanografiado sobre papel, 2018)
[11] La reflexión de la bestia (5) (acrílico sobre canvas, Irregular, exposición individual de Rival, Antigua Imprenta Sánchez y de Guise, Casa Municipal, Ciudad de Guatemala, 2018)
[12, 13, 14] Lazos de familia (fotocopia de El desnudo femenino de Carlos Verduzco, 1971, intervenida con máquina de escribir, 2020); Lazos de familia (fotocopia de El desnudo femenino de Carlos Verduzco, 1971, intervenida con máquina de escribir, 2020); Build your own (300 dibujos en 30 días, Residencia Project Room, Galería Extra, Ciudad de Guatemala, 2017)
[15] La mata (dibujo mecanografiado sobre papel de fax, 2016)
[16, 17] Siembra la mesa (Proceso. Grabado de pintura acrílica realizado con Tillandsia usneoides sobre papel, 2017); Bryophyta (dibujo mecanografiado y lápiz sobre papel, 2018)
Camila Fernández Juárez en IG: https://www.instagram.com/camilacomecaramelo/
Web: https://www.textperimentos.com/


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