Marcela Zamudia

1988

,

Chihuahua

gravitar en el umbral del gozo y reivindicar la conquista de la soberanía física frente a la opresión cotidiana; inevitable también la zarza trémula del duelo


12 MESES


Te quise enero, febrero, marzo

meses voyeristas

que nos vieron convertidos

en catadores de verbos

donde las palabras de afecto

nos quedaron chicas

apretadas, ceñidas

y nos estrujaron el cuero.


Hasta aquella madrugada sin tacto

que escupió amoniaco

y los vocablos

terminaron por despedirse.


Para olvidarte

faltó más que un abril y cerrar de

botellas.


—Mesero, kilo y medio de limón con sal

y hombros sin hombres para llorar.


Porque el llanto sin hombro

es como llorona sin río,

como Frida sin Diego

y como Diego sin libido.


En mayo,

seguía con abril y cerrar

con pascuas y huevos para no buscarte

ju-lío en el que me metí

pues no pude cambiar de estación

ni agostándome

septiembre veces con el vecino

ése al que no le hablo de amor

ni de las lunas de octubre.


A mí la luna no me llena,

prefiero que me sonría

que me enguante

en el cuarto, en la cama,

en la silla, donde quiera,

pero que me toque el punto creciente

antes de amanecer

hasta que me explote nueva. Renovada.


Nos aburrimos antes de noviembre,

él se buscó otra mujer,

yo encontré otra cama,

un chocolate diciembre y un calentón.


Postergo estaciones,

aguardo amores,

busco años nuevos y bisiestos,

con meses sin intereses

porquesos todavía los estoy pagando.



HABITARTE


Enmarañarte el pensamiento

dormirte las pestañas

quebrarme por tus ojos,

tus ojos,

tus ojos que me miran desquiciada,

subirme a tus oídos

resbalarme hacia tu lengua

filtrarnos aliento nariz.


SUSPIRARTE


Descifrarte los lunares encriptados

esos puntos suspensivos imprudentes

mutantes, ardientes

que de entre tus hombros

me exigen oraciones pendientes.


SUSPIRARTE


Acordonarte las caderas

con mis brazos,

aliarnos al destierro del vientre

para devorarnos,

devorarnos

devorarnos hasta la fuga

hasta el desastre natural

hasta el desborde animal.


SUSPIRARTE


Cada tarde

treparte los muslos

roerte los labios

untarte besos obscenos

ensamblar piernas y brazos

palpitar ritmos consonantes

anidar tus cicatrices

y remendarte la piel.


Ensalivarnos las venas

como mapa indivisible

como ruta de placer.


SUSPIRARTE


Acógeme,

aliméntame,

úngeme,

coséchame,

cuéceme

envásame

consérvame.


Resguárdame…


y déjame entrar


quiero ser la huésped

de tu esencia,

hasta que mis besos

ya no puedan pagarte la renta.


*De Tamujé Anáchilli – Nuestras Resistencias (Fanzine independiente, 2016)



EL ORDEN DE LA VIDA


Naces

creces

reproduces el machismo

rechazas tu cuerpo

haces una dieta tras otra

te pones las gafas violetas

ya no te las quitas

te vuelves atea.


Reconoces a tu abusador

decides no perdonarlo

te alivia su muerte

sigues haciendo una dieta

tras otra,

abrazas a todas tus hermanas

las sobrevivientes,

no vuelves a sentirte sola.


Atentas contra el patriarcado

aprendes a amarte

dejas las dietas, se te olvidan,

cambias de piel

te mudas al piso más firme:


Amor Propio

te lo tatúas en la frente.


Finalmente, si no te han matado, mueres

después de haber empujado un poquito

para que el derrumbe llegue.

¿Cómo van a saber que es niña?


Llevaba los aretes que le colgaron al nacer

así como le colgaron los:

no te sientes con las piernas abiertas,

no hagas berrinches porque te ves fea,

y las niñas no se enojan.


Le perforaron las orejas en su primer día de vida

y hasta de eso tenía que sentirse agradecida

de ser sus oídos los mutilados y no sus genitales.


Como dar gracias al asaltante por no violarnos,

o a quien nos pega por no matarnos,

así aprendemos a ser agradecidas,

porque pudo haber sido peor,

siempre puede ser peor.


Ese día lloró,

le enseñaron

que lo más importante

era ponerse guapa.


Ser niña

es una constante

y profunda

herida abierta,

pero bien adornada.


***


Mi cuerpa se mueve porque está viva,

cuando camino, mis nalgas se mecen

bailan en su jugo de gelatina.


Todas las partes de mi cuerpa se agitan

la cadera se menea

delinea sus curvas

hasta que hace temblar a la tierra.


En cada paso mis muslos danzan,

al son de su sístole

sacuden su diástole.


Mis carnes vibran porque están vivas.

Cuando dejen de hacerlo,

sabré

que dejé la vida.


*De Corpórea (Laripse, 2020)



22 de mayo de 2023


¿Y si…?

¿y si finjo, mamá, que sigues viva?

¿y si les digo que te escondí a tejer?

¿y si no dejo de caminar sin rumbo?

¿y si les digo que no soy huérfana?

¿y si ya encontraste el universo

donde las madres no mueren?

¿y si en lugar de encender una veladora a tu foto,

precalentamos el horno?

¿y si se trata solo del peor chiste?


¿y si nunca encuentro

la forma

de que este corazón

se vuelva a enchufar?


¿y si me llevas?


¿y si me dejo ir?


¿me vas a atrapar?


¿Mamá?



15 de octubre de 2022


Acurrucarme


No estás, mamá.


Y todavía no encuentro

la forma menos dolorosa de vivir


en un mundo

donde no puedo acurrucarme contigo.


Cuarenta lámparas


Abrí las dos manos

para que el universo te atrapara,

pero pronto me arrepentí,

porque el viaje sin ti

es una sombra que me persigue

a pesar de las cuarenta lámparas

que he colgado en casa.


Ahora estas manos

se aferran al aire,

el mismo que filtramos juntas

como árboles robustos,

una junto a la otra

frente a todos los desastres naturales.


Ya no se escucha su risa.

Los días se volvieron noche

y las noches, persecución.


Estas manos que sostenían las tuyas

en las escaleras,

junto a la camilla,

en la ambulancia,


quisieron apretarte,

hacerte sentir segura,

evitar que te cayeras hacia la nada,


pero cedieron cuando la morfina

dejó de hacerte efecto


y te soltamos, mamá.


12 febrero 2024


Mi madre ya no ha ido al mar.

Fabio Morábito



Mi madre no ha vuelto a tejer,

lleva meses sin hilo,

más de un año en silencio.


Ya no le duelen las rodillas

ni adivina los días de lluvia.


Se ha ido a dormir temprano

a una cueva perfumada

de canela dulce

y aceite de oliva.


*Inéditos



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