Mamá, mami
De un nuevo temporal
que estalla.
«Sudestada», CERATI
Mientras los neumáticos me abrazan o me esconden,
me pregunto:
¿quién es mi padre?
¿quién es mi madre?
hijos de un tiempo roto.
Suplicamos.
Nadie nos escuchó en el grito;
luego,
nos prohibieron gemir
y reventaron nuestras palabras que, aunque suaves,
decían algo a la vida.
Retornamos a la infancia
para decir: mamá.
Añoramos sus manos tibias
y la seguridad en sus ojos:
«Mamá, mami», repetíamos:
nadie nos escuchó.
Estábamos condenados.
En ese infame cuarto
vimos nuestra honda sangre.
Condenados por ser jóvenes,
por aspirar,
condenados por la geografía
condenados por sus planes
insulsos de cobrar algo.
Sergio Samayoa de 15 años y Ángel Alvarado de 16,
sus cuerpos fueron encontrados en el Kilómetro 20 de la Ruta al Atlántico,
Guate, el 30 de mayo 2025.
Alguien llamó a «mamá, mami»
[Te imploro en este silencio doloroso y sangriento]
le dijo nuestros nombres.
Se paró frente a la ventana,
su mirada atravesó la neblina y las ramas de los árboles desechos.
Creyó escuchar mi voz.
Está por llover,
se llevarán nuestros cuerpos en un par de horas,
en cuanto retiren los neumáticos y la fiscalía abra por completo las bolsas.
«mamá, mami»
imploramos.
En nuestra lengua
no existía la palabra tortura.
*De Flor Cansada (Proyecto Edit. La Chifurnia, 2026)
Desconcertado
el mirlo vuela
su plumaje marrón se pierde entre las llamas
el volcán hoy quema, arde y lacera.
El mirlo no comprende este calor,
y vuela en círculos hasta caer.
El volcán,
perplejo
también se desploma.
*
Ahora,
que se me ha llenado la vida de dolor
y no caben ya en mis manos las letras de tu nombre.
Ahora,
que lloro entregada a la soledad
y no entiendo los amaneceres fríos
ni las luces de los faroles.
Ahora,
que el ave se posa solo
entre el tejido de la neblina
lo capturo en mi memoria.
Sé que estoy
en él
o junto a él
o él soy yo.
Y mis ojos
mis manos no dicen nada,
ya no nombran
se desvanecen entre el verde oscuro de las sombras ajenas que deja el árbol,
apenas un revoloteo,
apenas un susurro
*
Mamá está sentada en una silla de ruedas que dice EMA,
la silla no es suya
ni el número once en el lateral le pertenece.
Hace treinta años mi hermano nacía,
catorce de noviembre se ha acabado.
Escribo en la inmediatez de un día que muere y otro que nace.
¿Qué existe entre un día y otro?
Las sombras de luz y las estrellas se organizan y me circundan.
Este escenario no es más que un campo de números:
¿quién podría omitir un 14 en la vida de mi madre?
este noviembre le pertenece.
¿Quién podría omitir que me desligo de esta sala?
¿quién podría imaginar que estoy sentada dentro de una caverna?
mejor dicho,
¿quién podría saber que soy una caverna?
Mamá recuerda sus veintitrés y todo pasa ante nuestras lágrimas.
No ansío la luz de afuera
si sus delicados pasos no atizan esta madrugada.
*De Boletos para volver a casa (Tierrapaulita, 2026)
Me levanto,
sin voz
sin el día soleado.
Ayer vi un barrilete
el primero de este noviembre grávido
pienso en que debí sujetarme a sus colores.
Ahora, el níveo día
atisba mis pasos
duele la garganta
la fiebre va y viene
mirada cristalizada
me introduzco en el suplicio.
Hay una bolsa de colores
que esta vez envuelve sus piernas,
hoy, no hay ígneo abrigo,
sino la fría oscuridad de una «bolsa plástica» que se ajusta a su cabeza.
El lazo que ata su cuerpo,
ata las ideas del ayer
ata su último aliento
y ata el sonido de su ausencia.
El mapa digital
muestra que a seis minutos de mi ubicación
está el lugar,
está su cuerpo.
Que a un kilómetro y medio
la encontraron.
Una cinta amarilla señala la escena del crimen
y me separa,
nos separa.
Que los mapas no son para ubicar restos mortales,
me digo.
sino para hacerme ver la distancia entre el delito y yo.
Entre el desastre de este país
y los restos
de lo que aún soy.
Nebulosas planetarias
El ciclo de vida de una estrella dura mil millones de años.
En general, mientras más grande sea una estrella,
más corto es su tiempo de vida.
CATHERINE ZUCKERMAN
Este sol que me penetra las sienes
morirá muy pronto,
como nube difusa se presenta a mi alrededor.
Me he convertido junto a él en nebulosa planetaria
también partiré hacia el ocaso.
Amarillo, celeste, morado,
no sé cómo definir el color del portentoso tormento.
Penetro en el ventrículo que contiene la majestad
de lo indescriptible.
Nazco y me destruyó
desde hace millones de años.
*De El abril que nos espera (Editorial Cultura, 2024)
Nuestras voces se unieron
veníamos de distintos territorios
de lejanas carreteras
indescifrables
nos esperaba una aldea:
Chicacao, se llamaba
las casas de adobe y madera
nos resguardaron.
Si abres tus manos mientras transitas
encuentras los caminos del cortador de café
y de aquel que trabaja la chipa,
lo intenté en el pasado
la fuerza nos nació
entre los dedos al tocarnos
nos explicamos
la nostalgia
desde la geografía de nuestras manos.
*De Bajo los rayos luminosos del farol (Editorial Universitaria, 2021)
Candelaria
En mi país
está lloviendo mujeres,
se inundan las televisiones
con sus nombres.
Tormenta de mujeres
cae,
se desmoronan los techos.
El estado del tiempo en mi país,
es una mujer
que lloverá toda la noche
y recogerá
un arcoíris
entre los matorrales.
*De Los ojos de Nohemí (Literatelia, 2022)
Querida flor cansada:
¿Por qué no volviste en abril?
nuestros versos en plena calle, difusas las metáforas,
tocar tus manos, el silencio que quedó después de ninguna despedida
lo colmó t o d o.
Como el llanto del dolor cuando hieren nuestra benevolencia.
Werther comprendería mi estupor,
¡que marzo no fue la mejor decisión!, me digo
y pulso cada tecla como en un piano
mi cuerpo se mueve, parezco interpretar la melodía más angustiante
y monstruosa de la humanidad.
Cómo te explico que te perdiste entre cientos de rostros,
fue difícil descifrar tus rasgos ajenos
ante mí: tu mirada,
imposible ocultar las heridas que abrimos
reconocí mi sufrimiento:
no había c i c a t r i z a d o.
Encontrarte de nuevo entre la fantasía,
entre las luces opacas y las puertas que se cierran,
encontrarte de nuevo entre el sonido de las caracolas,
no saber recordar la música, a Bergman
ni los l i b r o s.
Arañar lo ocurrido para encontrar la verdad: nuestra verdad
no pronunciada jamás,
descubrir el pesar que llevo a cuestas
cómo elegir las palabras,
o no saber v o c a l i z a r l a s
se desligan de mi boca como lamentos azules
perdidas en las calles abarrotadas de impudicia.
Escucho tu voz que se escapa mientras la memoria abre,
mi sonrisa y la contradicción.
Apago las luces y mis pies helados se acarician.
¿A dónde se fueron tus manos?
regresan cálidas y nos liberamos: la s o l e d a d
el chasco de los días
de los días n a r a n j a s.
Te escribo esta carta al terminar de leer la tuya,
yo también me estoy yendo, ¿lo ves?
Nuestros abrazos: constantes despedidas,
me perderé en el bosque de la a ñ o r a n z a.
Otra vez te veré desvanecer por el vano de la puerta,
rememoro mis movimientos:
una noche en la que cavilaba sobre tu espectro
y era posible sentir el aroma de tu v o c a b l o
nombraré ventura a los minutos que dancé a solas.
No están aquí, ahora, los niños de mi país
ni el p l o m o;
no está la televisión ni el humo del autobús,
no está el fuego ni nuestros d e s a p a r e c i d o s
aquí está el ser humano que solloza el cruce de dos almas.
Abril nos vendría mejor para salvarnos,
de nuevo te marchas, te apareces fugaz y te marchas.
crees que perturbas mis días, olvidas el trastorno de mis horas,
olvidas mis tardes rojizas,
olvidas mi cuerpo revestido con flores de c a c t u s.
Decidiste marzo, relames mi intelecto,
la zozobra una vez más se hace carne,
el día aclara, te vas.
No hay sonrisa ni contradicción
soy una flor cansada, una Antígona que solloza ante esta sepultura.
Esta composición es amarga, son punzadas:
cisnes, luces, magia, perlas, manos, danza
frío, drama, cielo, daño, gotas, daño,
daño, daño, daño…
d
a
ñ
o
P.D. Ya no anhelo un boleto a cualquier lugar del mundo.
*De Cartas para que no muera la lluvia (Colectivo Amberes, 2022)
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