UNO DE ESOS DÍAS CUANDO LAS AVES SE PIERDEN EN LO ROJO
(EXTRACTO)
—¡Preparen! ¡Apunten! ¡¡¡Fuego!!!
—¡Sucumben los infames! ¡No vale la pena recordar sus nombres! ¡Santa Madre de Dios, que sus almas ardan en el infierno! —profiere más de alguna madre.
Miles de ojos hipnotizados por las imágenes transmitidas desde el Centro Penitenciario Granja Canadá, como si fuese una película calificada R, edición especial por televisión, cápsula informativa de último momento, el gran morbo nacional. Grupos abolicionistas de la pena de muerte dando el grito al cielo. Justicia divina, predican los justicieros, alabando a la señora Justicia quien se quitó la venda de los ojos para hacer cumplir la ley y dar su merecido a quienes tomaron la vida de la menor de cuatro años, Sonia Marisol. Su madre jamás podrá disfrutar de su sonrisa, jamás la verá crecer, jamás la verá realizarse como mujer; toda una vida por delante, robada por unos infames. Ahora, junto a esa madre en pena lloran miles de madres más, cuyos hijos han partido hacia la eternidad. Silencio profundo, con los ojos clava dos en el televisor. Los reporteros hacen más de algún comentario que se esfuma en el olvido, pero las imágenes quedan tatuadas en mi memoria y en la memoria colectiva. En tanto, paladeo una comida china, arroz frito con camarones que sobró del día anterior. Doy un buen sorbo al whisky en las rocas. ¡Hoy Guatemala hace historia! 13 de septiembre de 1996, a dos del día de la Independencia de la República, el infame dio el tiro de gracia a los que pronto fueron difuntos. Se termina la función. Se cierra el telón. Apago el televisor, mañana será otro día mejor en el país primavera del bello Quetzal. Verde pájaro serpiente con pecho rojo carmesí que disipa sus penas al caer la oscurana, emborrachándose por las corroídas calles del centro de la ciudad, donde luego un jiotoso perro callejero lamerá su rostro desencajado, cuando yazca tirado en la orilla de una banqueta frente a un bar de mala muerte con sus aburridas prostitutas danzando cumbias y satisfaciendo ansias; desapercibido del pasear de las sirenas apagadas en la clandestinidad, donde en las esquinas de las calles transexuales hacen la parada a carros con placas particulares y más de alguno con placas diplomáticas.
Estoy con mi sombra, mi única acompañante; no hay nadie en casa, mi madre salió a verse con unas amigas y la muchacha se tomó una semana de vacaciones para visitar a su familia en el departamento de Santa Rosa. Invento una manera de pasarla bien conmigo mismo, pero las imágenes perturbadoras regresan como un fantasma inquieto a divagar por mi psique. No quiero pensar más en ello, por lo que termino mi comida china y con un nuevo trago en mano, me dirijo al pequeño cuarto de estudio donde mi padre alimentaba su mente. La máquina del tiempo continúa su retorcida senda, ahora él es solo un hermoso recuerdo, una resplandeciente estrella fugaz en mi existir. Imagino su espectro en este cuartito de paredes blancas repleto de empolvadas y coloridas portadas de libros en una vieja estantería de madera barata, donde incluso algunos compartimientos se han vencido por el peso de varios tomos de una arcaica Gran Enciclopedia Larousse. La mayoría de los libros pertenecían a mi abuelo; cuando falleció, mi padre se quedó con todos estos. No tengo conocimiento de si leyó alguno porque él estaba concentrado en sus asuntos. Todos los libros, con variedad de autores europeos, latinoamericanos, estadounidenses y locales; están organizados dependiendo de la patria del autor. Mi madre ha querido mantener el cuarto tal y como está; tal vez por pereza o porque tenga un sentimiento de culpa (sin que ella se diese cuenta en dos oportunidades la encontré con su amante; mi padre creo que nunca lo supo) y con su alma en tormento, mantener viva la imagen de mi padre, recordar sus dorados tiempos cuando él se ponía a teclear informes de importancia para sus clientes.
Contrastando con la estantería, una pequeña mesa de caoba, y en su centro, una vieja y grisácea máquina de escribir marca Olivetti. Estaba tan vieja que recordé la repugnante máquina de escribir con forma de escarabajo inmundo de la película Almuerzo al desnudo de por David Cronenberg, basada en el libro de William Burroughs. Podría jurar que si hubiese estado drogado jamás me atrevería a acercármele, mucho menos tocarla, debido a que podría cercenar con su ano los dedos de mi mano y darse tremenda merienda con ellos. En fin, me di cuenta de que al colocar la hoja en blanco y teclear la letra «a» tiene un defecto, porque al plasmarse en el papel está tres cuartos fuera sobre el renglón por escribir. Siendo ésta una de las más repetitivas letras en todo escrito, es muy normal que, al llenar toda una página, ya sea con garabatos o un escrito cualquiera, estéticamente se vea muy mal. Como si fuese la imagen estática del mar picado, por causa del enojo de Poseidón. Por un momento me senté a la mesa, sin despegar los ojos de esa máquina de escribir. Se me ocurrió la descabellada idea de ejecutar lo mismo que hizo Jack Kerouac al escribir En el camino: pegó varias hojas de papel bond con tape para convertirlo en un gran rollo con tal de no perder la fluidez del escrito. Hace un par de noches comí tanto que posiblemente originó que tuviese una especie de pesadilla. Confieso que fue un sueño bastante peculiar, aún lo recuerdo con cierto detalle. Pareciese como si estuviese viendo una película steampunk, donde se vive en un pasado lejano, por la época de los nazis, pero con tecnología bastante avanzada. Como si estuviésemos viviendo en una época alterna donde toda Centroamérica y México son aliados de los alemanes, no existe la United Fruit Company en el país y el presidente Jorge Ubico alaba la labor alemana, entablando lazos de amistad con el Führer, además de poner a disposición a todos los prisioneros políticos para que el doctor Josef Mengele continuase con su efectiva labor de experimentos científicos. Pequeños duendes se paseaban por las orillas de las cristalinas serpientes de agua que se arrastran entre paradisíacos verdes, verdes bosques donde algún día dejaron tirado el pellejo miles y miles de individuos, tanto indígenas como ladinos, buscando una utopía. La trama del sueño: indagando una realidad aterradora para seguir con la exhausta búsqueda del paradero de quienes lograron subsistir el sonoro retumbar de las balas en las montañas, en un país acechado por el poder corrompido de entes que parecen hienas practicando el cleptoparasitismo. Hienas que roban y consumen sueños y anhelos de quienes tienen el alma casi muerta por la desesperanza. No sé por qué, pero no es la primera vez que tengo una pesadilla donde estén involucradas las hienas, estos peculiares mamíferos me dan pavor, puede ser por esa maquiavélica risa. La misma risa de los tiranos. Lo irónico, es que por estas bestias se originó el nombre de nuestra banda de rock alternativo que formé con unos amigos del colegio antes de graduarnos de bachilleres. Es nuestra forma de protestar contra las injusticias que se viven en el país y de burlarnos de las nuevas posturas políticas. Como parte de mi creatividad se me ocurría agregar espías conformados por seres que trasmutan en fantásticas criaturas inimaginables en la mente de cualquier individuo cuerdo. Realzar la labor del gran héroe, un Tecún Umán moderno, un líder indígena sin igual, guerrero tenaz, con una historia un tanto romántica de revolución a lo Che Guevara, donde todo un pueblo lo sigue al pie del cañón para derrocar al gran tirano rey Carmesí… Pierdo el enfoque. Dirijo la mirada al colorido muro de libros del cuarto, luego distraigo mi vista hacia un lado de la pared donde cuelgan varias fotografías familiares, retratos del matrimonio perfecto, la familia perfecta.
*De Zánganos de Xibalbá y otros inframundos urbanos (e/X, 2018)
VIDA CARACOL
lancé una bomba molotov a los tiranos y la palabra se hizo verbo. del verbo nació un anhelo y soñé que se unían a la lucha otros poetas, quienes soñaban que otros poetas luchábamos contra los jinetes del apocalipsis. con fuerza descomunal nuestros versos debilitaban a las huestes del poder, algunos caíamos abatidos como esquirlas de bala, otros seguíamos en pie por la causa, era una guerra sangrienta y cruel, de pronto todo finiquitó. la oscuridad se volvió luz y los poetas recitábamos cantos al sol, bramábamos a los astros, la naturaleza era nuestra inspiración; pero la humanidad se aburrió de tanta paz, la monotonía de la vida nos asfixiaba; por tanto, clonamos nuevos tiranos, clonamos nuevos jinetes del apocalipsis, clonamos nuevos poetas. y los poetas soñábamos con una utopía y recitábamos versos contra los infames, otra descomunal lucha comenzaba, otra vez en pie de guerra; y este mendigo poema se vuelve un círculo vicioso.
*De Mosaico de amores y atrocidades (Tessellata Libros, 2021)
EL DOBLE ANDANTE
Después de una larga jornada de trabajo, el soñoliento Hernán Urquel llegó a casa. Nadie le esperaba por la noche; su esposa y adolescentes hijos disfrutaban del ocio en los distintos puntos de diversiones que ofrece la ciudad. Tenía hambre, pero el sueño le vencía más. Por tanto, se dirigió a su habitación a quitarse el traje y ponerse algo más cómodo para dormir. Sin embargo, dio un largo pestañazo sentado en la orilla de la cama; su cuerpo perdió balance y su cabeza pegó contra la mesa de noche. El golpe fue intenso y notó unas gotas de sangre. Se dirigió al baño, abrió el pequeño botiquín de primeros auxilios y atendió la pequeña herida, luego extrajo un frasco de ibuprofeno y fue a la cocina por un vaso con agua para ingerir un par de pastillas. Su cabeza latía como una monumental bomba de tiempo, un cosquilleo en las manos le inquietaba y sentía las piernas adormecidas, entonces se sentó a la mesa del comedor y por un instante pensó verse al espejo; pero no, era su otro yo demacrado, fantasmagórico, viéndole con una sonrisa sarcástica.
*De Voces desde el encierro – Antología de cuento latinoamericano (e/X, 2021)
UNA NOCHE CUALQUIERA EN MANHATTAN
Consumido por la ira y la traición, el villano empujó a su víctima a un lago tóxico. El cuerpo se sumergió en las aguas turbias y luchó por salir a flote, pero la acidez empezó a surtir efecto y la piel se tornó verduzca, para luego disolverse. El malévolo personaje observaba, inmóvil, cómo el infeliz se desintegraba entre el abrazo mortal del lago. Entonces, Samantha no soportó más ver esas imágenes tan grotescas en la pantalla grande y le pidió a Tony que dejaran la sala de cine. Él accedió a su petición y, agarrados de la mano, los amantes clandestinos caminaron hacia el Parque Central, queriendo escapar de la locura y el bullicio de las concurridas calles de la Gran Manzana. En el trayecto, la luna carmesí los envolvía con su luz apocalíptica. Con un beso apasionado sellaron su pacto de amarse a pesar de las contingencias y se prometieron solventar sus respectivas situaciones conyugales. Al salir del parque pasearon por algunas calles y se detuvieron frente a una vitrina de un almacén de electrodomésticos, donde observaron, imágenes que transmitían las injusticias de la guerra: civiles huyendo del portal del terror y cuerpos esparcidos entre derruidos edificios. Por un leve instante una tristeza extrema les embargó. Pero al rato, los enamorados fueron a disipar ansias carnales en un hotel cercano.
*Inédito
Fernando Gudiel en IG: https://www.instagram.com/gudiel_fernando


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