ENTRE LA BASURA
in a night to walk about; we rise in the morning
to a crusty world headed nowhere, doorless:
A. R. Ammons
I
Las flores de mi madre
eran una pintura del pasado.
Aprendí a ver el rosal de fuego
sin percibir su aroma.
II
A veces cantaban los pájaros
desde su nido en la buganvilia.
A través de la enramada
un cielo en pausa.
Cuando los pájaros empezaban a aprender
a volar
uno o dos morían.
Sus lánguidos cuerpos,
con la tibieza de mi vida,
buscaba revivirlos.
Mis manos eran demasiado pequeñas
como para atrapar algo de una vida que escapa;
no eran como las manos de los hombres de afuera.
Al final los pájaros se iban en una pila de basura
y yo volvía a contemplar la enramada
que sostenía un nido vacío.
III
Un día le hablé a una niña
acerca de los pájaros muertos de mi jardín.
En silencio nos tomamos las manos,
redondas y torpes.
Algún día mi mano será de hombre, le dije,
y la tuya será de mujer.
Acostados sobre el pasto
nos cansamos de la humedad
y del olor a basura.
Corrimos a través
de un mundo extraño,
un mundo de concreto,
un mundo lleno de cosas vivas.
A toda velocidad huíamos del porvenir
que creíamos dejar atrás.
IV
Durante la noche
me escondía debajo de la sábana
para ver mi pijama fosforescente.
Imaginaba que era un pez extraño
en una noche infinita al fondo del océano.
Poco a poco me quedaba dormido.
Me ahogaba en la nostalgia
y en el frío de una cama.
Recordaba las manos de la niña
y su aroma diluido
entre el humo del mundo pirómano
y el aroma a basura bajo la lluvia.
Dormía
para crear días nuevos
sin aroma.
V
Bajo un sol abrasador contemplaba mi alrededor.
En un arrebato de odio
me lancé
pateando un cúmulo de estiércol.
El aroma se hizo más intenso.
Me ensucié el rostro y las manos
y grité bajo el sol.
Llené una de mis manos con la suciedad de mi alrededor
y la lancé lo más lejos que pude.
Las bolsas de plástico, los boletos de lotería
y las hojas de papel
flotaron como mariposas frente a mí.
En ese momento noté que mi mano era más delgada
y que era capaz de estrangularse a sí misma.
VI
Leí muchas novelas
mientras dormitaba
en la frialdad de la cama.
Soñé con todo lo que hago hoy.
De pronto
un rostro
de pronto
un ajedrez
de pronto
una mano débil
sujeta las piezas del juego.
Deslizo mi mano
y entrelazo mis dedos.
Nos someto al dolor
de vivir rostro contra rostro.
¿Quién eres?, pregunté,
ya no eres una niña
y tu mano no es de mujer.
VII
Ya nunca volvió
el amanecer.
Sentí frío
y el color del cielo fue siempre distinto.
El cielo
fue menos cielo
y yo dejé de saltar en los charcos
al caminar.
IX
Quería escribir un poema
sin que nadie me viera.
Miraba la puerta
mientras la mañana
comenzaba a apagarse.
Debajo de la blusa
de una mujer madura
se vislumbraba una piel inmaculada
a contraluz.
El aire fresco
traía el sonido lejano
de autos y voces.
Frente al sol pasaba
una nube de humo negro
y la mujer se ponía un suéter azul
para proteger lo invisible
del frío.
X
En unos ojos
parecía gestarse otro tipo de infancia.
En la agilidad de unas manos que se entrelazan
se creaba una cuna tibia
para dormir una siesta bajo el sol.
Escondidos bajo un árbol
repetimos el ritual
una y otra vez
hasta agotar la imaginación
frente a la soledad.
Recurrimos a nuestras manos,
a nuestras bocas,
para explicarnos uno al otro,
motivados por la desesperación abrumadora
de cuando todo está perdido.
XII
Buscamos un tiempo a solas
para estar desnudos.
No éramos de formas, ni opuestos ni memorias,
éramos sólo dos velas pérdidas
frente al mar.
XIII
El canto de la derrota
siempre estuvo allí.
Nos hicimos un deseo
que nunca terminó.
Contamos una novela
que parecía encontrar un atajo
para nacer como nunca antes.
XIV
Entre muchas cosas
vino la lluvia.
Mi cuerpo se hizo pesado.
Sin embargo, un día logré
lanzarme al precipicio.
(con toda la voluntad de morir)
y floté por el aire
como el globo sostenido
por la mano débil de un niño.
Caí suavemente sobre un asfalto
que despedía un violento aroma a soledad.
XV
Un beso de violencia.
Mi espíritu iluso
se extiende como el rastro de una lágrima
entre unos solitarios
pechos blancos.
XVI
A media bocanada
una mujer hermosa
pataleando entre toda el agua sucia.
Cruzamos miradas
entre el agua turbulenta y el esmog.
Sus ojos verdes,
eran un árbol antiguo
que no encontraba su hogar entre la ciudad
despierta.
Juntos fuimos un animal de dos espaldas.
Su mano tomó mi rostro
y le arrebató toda la textura del tiempo.
Ella nunca paró de llorar
mientras mis manos,
torpes y ridículas,
buscaban consolarla.
Suspendida en el aire,
completamente desnuda,
la vi,
y me abrí como una flor que brota
en un suelo seco.
La tomé con mi gesto más femenino
y nos hicimos un cuerpo terso y acuático.
No me veas, me dijo,
mientras cubría su cuerpo con periódicos sucios.
Sobre ella buscaba adivinar sus pechos
debajo de las noticias que la cubrían.
Despertamos, acurrucados y desnudos,
bajo una pila de periódicos.
Guerra, presidentes y violaciones
nos cubrían.
Éramos dos andróginos adultos
perdidos en un basurero.
Caminamos sin hablar.
XVII
Fui a buscar a un amigo
que se había volado los sesos
en algún lugar.
El cuerpo,
la sangre
y su soledad
eran cosas perdidas entre las latas,
el papel y las cucarachas.
XVIII
¿Cómo decirle a mi madre
que algún día me lanzaré
del punto más alto del cansancio?
Me dedico a buscar charcos,
donde apenas se reflejen las estrellas.
Veo los distantes destellos imaginarios
como si fuesen un mensaje del pasado.
Chapoteo entre los reflejos
como el fantasma de un niño
que no conoce ni la muerte ni la vida
entre la multiforme basura
que nos habita.
*Entre la basura (Incendios Plaquettes, 2025)
Marcos Gutiérrez en IG: https://www.instagram.com/mgutierrez2397/


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