HARTAZGO
Yo
estoy harto de los trenes que pasan retrasados y llenos de gente que no quiero ver ni me pilla.
Estoy harto de las colas, de las miradas idiotas, de los libros sin leer, de las opiniones vagas.
Me canso de caminar en un asfalto interminable, cuando debería estar en una playa o en el calvario de una buena orgía.
Me aburro de contar cuántas veces rebotan las tetas de la asiática que pasa frente a la ventana del bar en lo que recorre los diez metros de la fachada, porque sé que nunca rebotarán sobre mis cachetes.
Me desalienta el ruidito políticamente correcto de los buses eléctricos.
Las conversaciones de los otros ya no suelen mezclarse con mis aprehensiones, y eso me causa ansiedad.
Me interesa, en cambio, pensar en cuántas milésimas de milímetro las suelas de mis zapatillas perdieron en el tránsito de la biblioteca a la estación del tren.
Aquel pez-espada que una vez pensé ser, navegando entre el cloro y los vellos púbicos de los demás, se volvió un amansado delfín de circo.
Ya no fumo, y eso no es ninguna buena noticia ni para el clima, ni para los productores de tabaco.
Mi lengua, en vez de herramienta de gritos de protesta, ahora le interesa más a la técnica dental y, si no la saco y la muevo, tal vez esté al borde de un ataque de nervios.
Total.
Hace varios lustros que perdí la esperanza de la luz solar, todo tiene un precio, y ya ni el cacao me sirve de moneda.
Veo las ruinas de lo que fueron algunos de mis ancestros, y me doy cuenta de que tampoco tenían razón, solo intereses y compadrazgos.
Voy por el carril del tranvía, frío seco y solidario con el corazón de la tierra; tal es la fuerza que de la gravedad me atrae.
No necesito un descanso, perdí la fe en el abrazo.
Ya no hay droga que me apetezca, todas son vanidad cobarde, y, para efímero, yo.
ARS VITAE
Libre oficina, libre asiento en la biblioteca, libre tiempo que no sabe qué hacer consigo mismo sino a veces suspirar. Libre al viento tu hermoso-ombligo, libertad para esas pulgas que no saltan en mi colchón.
La gente va arrastrando sus carretillas, sus cuadrillas apresuradas, sus enjambres de poder, sus maldiciones, mientras el sol se niega a salir para todos.
Nacer con una cuchara de plata en la boca o con una pipa de crack, that is the question.
Nacer porque se quiere, porque da la gana, porque no queda de otra.
Crecer entre cinchazos y reglazos, entre trompadas y bullying, luchando con la anarquía corporal de la adolescencia.
Vivir como si la vida fuera un tiempo lineal y la pudiéramos dividir en capítulos, que todos ellos fuesen a tener un título interesante, y un final feliz.
Pulular por el ámbito social como pululan los astros que chocan con los satélites espías, mientras se esconde la médula humana tras un halo megalómano.
O ser ignorante lato.
Moverse al ritmo de la salsa, ponerse los vestidos de seda y sudar Channel con cocaína al final de la fiesta-orgía.
Irse viendo en el espejo, negarse a envejecer, meterse bótox, estirar el cuero, perder la motricidad.
Volverse todavía más necios.
Y, desde la tramoya, verla venir.
(Deichmanske Bjørvika, tirsdag 5. i Mai 2026 kl. 19:06)
ME-DAY (TERCETO)
1. ¿Borrachera obligatoria?
Caminando por el centro, pues, de un momento a otro me atacó la ansiedad. Aunque ya la veía venir, esta vez se la atribuí al café que me había tomado media hora atrás, y otra vez mi voluntad volvió a ser ese péndulo maldito entre el bien y el mal.
Compré, como ya se sabe, al fin medio litro de rosado San Crispino, en caja casi cúbica, y, pese a que leí en perfecto italiano: «No desprenda la tapa», la desprendí casi en la entrada del Vinmonopol, por aquello de que yo no sigo las órdenes ni las instrucciones de nadie, y, pues, al querer cerrarla, luego de un par de buenos sorbos, la cosa resultó ridículamente imposible, algo que arruinó mis planes de tener un me-day relajado, la opción del vino había sido por la meadera que da la cerveza y el plan era deambular por los lugares bonitos a que me lleve el transporte urbano que pago por mes, y que me mantiene encerrado en las fronteras de Oslo a sorbitos.
Las crisis requieren de soluciones rápidas, de mentes audaces. Saqué una servilleta de las que siempre cargo, y le hice una especie de empaque al cuello de la caja, una corbata, diría Gerardo, pero la cosa seguía chorreando y yo parecía jaguar en abrevadero público en plena calle nevada. Pensé en comprar un banano y con ello obtener una bolsa plástica gratuita, pero para alguien que piensa andar paseando con buen paso por un buen rato, esa solución garantiza frustración en forma de vino vertido en la mochila.
No tuve más que, en esos momentos de lucidez, oh, Dionisos, comprarme una botella de agua, de medio litro, líquido H2O que pasé a ingerir a manera de charamilero, para vaciar el envase plástico de ese mal líquido, y llenarlo con lo que iba quedando del medio litro de vino en la caja.
Acto que pasé a representar en la calle más cercana, con el resultado de quedar empanzado, ante lo cual perdí la gula por el vino y me fui a casa a comer bien, con los dos aperitivos rosados de antes del accidente.
2. Las nieves del tiempo
Al cabo de los manjares, pasé por los humos de la lámpara de Aladino, y me hice otra vez de toda la ropa de invierno para salir a seguir disfrutando de mi me-day.
Haciendo las cuentas, salía más barato tomar una cerveza en lata, de medio litro, comprada en el supermercado: no olvidar que, en esas complicadas matemáticas, siempre va incluido el factor % de alcohol. Así que una Aas del Kiwi más cercano fue, pues, y el tren más orientado al norte y la parte montañosa de la ciudad salía en dos minutos, que me sirvieron para correr y alcanzarlo, procurando no agitar mucho la lata, que ya venía destapada…
Me bajé en Grefsen Stasjon, podría haber seguido hasta Nydalen (para ir a ver mujeres jóvenes y hermosas a Storo Storsenter), o incluso hasta Kjelsås, donde la vista es espectacular en invierno, pero me bajé en Grefsen por si se acababa el parque (como sospechaba), y los recuerdos de cuando tomaba el mismo tren con la finlandesa se volvieron más intensos porque en un invierno como este nos conocimos, y justamente empezó a nevar.
Nevaba copiosamente en Grefsen Stasjon al bajarme, saqué el teléfono y empecé a filmar, esperando que mi mala cámara pudiera captar cómo, efectivamente, snowflakes are dancing.
Esa cadencia con que se mueven los copos al ir cayendo me llevó de nuevo a la cama de Mari S, con quien amanecí también empiernado una bella mañana de enero de 2003, cuando tenía tres días de haber regresado del infierno, y miraba un póster de Fellini en su pared, creyéndome el rey del mundo.
3. Romance con final feliz
Luego de varios intentos por tomar bus, metro o tranvía, resulté haciendo fotos en la vieja estación de Grefsen, y lo más inmediato y sensato fue tomar el mismo tren de regreso a la Estación Central, que era la estación final de ese tren. Razón por la que, al bajarme, quedé como hipnotizado mirando la tabla con las partidas y llegadas de todos los trenes noruegos, pensando en las muelas del gallo o en cualquier otro tipo de escapismo ocular.
Fue cuando presencié la escena que salvó mi me-day, y lo llenó de contenidos (y de interrogantes). Un señor de entre 85 y 90 años, con una mochila de cuero en la espalda, parado a la par mía con muy buena salud, de pronto hace señales y recibe en sus brazos a la que debe ser su mujer o su amante, que venía en otro tren, con una maletita de ruedas y una sonrisa que le fue a entregar. A la par de un beso, un beso en la boca, se dijeron cosas, cosas menudas, se volvieron a besar, y se alejaron entre la gente, dejándome con una sigilosa sonrisa en los labios, y con ganas de poner el pescado al horno, para terminarme el vino que quedó en la botella de agua.
(Deichmanske Bjørvika, Onsdag 18. februar 2026, kl. 16:12, ¡todavía no anochece!)
ACOPIO DEL DESCENSO
Desde el techo de la estación central, dos niñas soplaban burbujitas a los transeúntes.
Nos costaba tiempo descubrir de dónde provenían, pero todos, como buenos adultos, nos dábamos a la tarea inocua de intentar pincharlas, como debe ser.
Era una alegría aún mayor cuando mirabas que las dos niñas intentaban esconderse con la intención premeditada de que descubriéramos que eran ellas, precisamente, y no Dios, quienes estaban enviando muestras genuinas del Universo y sus leyes.
Un caleidoscopio en el acopio del descenso, una gravitación en las esferas multiformes, una implosión en la caída al microcosmos.
BREVE HISTORIA DE LA SIERRA
La sierra debe su perfil a la mandíbula de un cocodrilo que se quedó dormido en el río de Guadalquivir, habiendo sido trasladado aguas arriba por una serie de camarones que lo llevaron a una isla, donde una vez que tuvo a bien escuchar los acordes de la guitarra flamenca, quedó soterrado en la arena, llorando copiosamente.
En ese estado de éxtasis, los lugareños fueron a tomarle plantilla de los incisivos, caninos y molares, que pasaron a imprimir en una serie de paños humedecidos en miel y saliva de camello, y con ellos produjeron una variedad de objetos punzocortantes que, inicialmente, se usaron para trasquilar y hurgar a buen tiempo las trenzas de las niñas que estaban a punto de merecer.
También se implementaron como instrumentos para mermar a cada poco la cola de los unicornios deprimidos, utilizando el mismo principio por el cual, milenios después, las mujeres embarazadas se cortan el cabello para enviar toda esa energía funicular al feto que se mueve entre sus vientres.
Era una perfecta sintonía ese ir y venir de las dentelladas escalenas al roce de una manzana jugosa, o de cualquier papaya. Algunos hasta la utilizaron para cortar madera y hacer sus casas.
El problema vino después, cuando de aquello que habían sido centelleantes pedrejones de jade o ictiolita, un ciudadano decidió embriagado que ya no quería leer más los poemas de su archienemigo, y para averiguar qué se había comido para el almuerzo el susodicho, le atravesó el duodeno con una sarta de dientes aristotélicos, que fueron a dar al traste con la matemática pitagórica. Y así fue como sólo nos quedó el zig-zag…
Juan Carlos Gómez Herrera en IG: https://www.instagram.com/tacuatzin/
Su libro Lazy Ways (Doxa Editorial, 2025): https://www.amazon.com/dp/B0G1W8953Q


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