IXTZ’UNUN
Soñé que era una colibrí. En él pude ver que antes de nacer mi destino se dispuso por los grandes creadores Uk’u’x Kaj y Uk’u’x Ulew. Las energías del cosmos conspiraron para que fuera fecundada en el día T’zi, nací bajo la energía de Tijax. Me nombraron «colibrí del trueno».
Espléndidamente pintaron mi plumaje de plateado, combinaron la iridiscencia del magenta y chiltote, cuando me movía y la luz rebotada en mis plumas cambiaba a verde musgo. Revoloteaba entre flores, me deleitaba de néctares; mi vuelo raudo, pletórico, hermoso, como un fugaz rayo.
Volaba bajo una placentera llovizna, cuando de pronto, desperté, y era yo una mujer. Desconcertada, sospeché que era una colibrí soñando ser mujer.
Enseguida, comprendí que era un sueño, que mi nawal Tijax me dio una sacudida en el espacio/tiempo para reafirmar la fuerza del trueno en mis palabras. Y T’zi,como energía guía de mi ser, me encaminaba por una montaña de versos e historias. Entonces el cielo rugió a voces: «Eres una mujer con espíritu de colibrí. Serás errante, con centellas fue escrito tu destino, el cual será volar con tus letras a otros mundos».
Inesperadamente, volví a despertar.
*En Ovejas negras, Parutz’ Editorial y Cafeína Editores (Guatemala, 2024)
FATALIDAD FALLIDA
—Me dijeron que eres el suplente. Esto solo lo hacemos una vez al año, sin importar la fecha, simplemente es de sorpresa —aseveró efusivamente—. La ves, es ella, siempre pasa por acá, lleva un lindo reloj plateado; pues qué te digo, a todo coche le llega su sábado.
—¿Qué debo hacer? —le cuestionó seriamente.
—Mañana, cuando la volvamos a ver, solo te acercas y le preguntas la hora. Cuando ella te la diga, le dices: «Qué bueno saber la hora de tu muerte…» y ella caerá muerta.
Entre el bullicio de la octava calle, apareció aquel ser misterioso vestido a la usanza del siglo XVIII; resaltaba su sombrero y su capa negra. Se acercó muy confiado.
—¿Qué hora es? —le preguntó.
—Disculpe, pero no sé —respondió la joven, mientras metió su mano izquierda en el bolsillo de su chaqueta agarrando fuertemente su celular, y sin pensarlo corrió creyendo que era un ladrón.
*Inédito
AUTORRETRATO DEL OLVIDO
A veces la vida está llena de color, otras veces se viste del opaco blanco y negro.
1967, parece que todo va bien…
1996, me observo fijamente, veo los trazos de mi vida en estos años. La oscuridad me acecha, la realidad empieza poco a poco a disolverse.
1997, mi memoria se ha vuelto burda, me reconozco ensimismado en mi alteración.
1998, me decoloro, me deshago, soy fragmentos destrozados en tristeza y pánico.
1999, un hombre solo puede resignarse a subsistir mientras se desvanece.
2000, parezco neblina difuminándome, todo es borroso y extraño.
El pincel se ausentó, la pintura conmigo poco a poco feneció.
*En Reminiscencias, POE Editorial (Guatemala, 2021)
SOLEDAD
Soledad era una mujer fría, emocional y sentimentalmente. A los diecisiete años se casó con un hombre mayor, con quien tuvo tres hijos varones. Luego de seis años estaba cansada de ser ama de casa, empezó a ir al gimnasio y recuperar su figura, dejaba al cuidado de sus hijos a su madre. Se le dio por comprar mucha ropa y zapatos con la excusa de verse más hermosa para su esposo. En esos años fue una madre muy indiferente y poco cariñosa con sus hijos. Una mañana de abril decidió marcharse. Se fue pensando que jamás podría ser una madre abnegada. El tiempo pasó y Soledad empezó a tener encuentros sexuales con hombres muy jóvenes, era su hobby, solía decir. Una noche se encontró con un joven de aproximadamente veinte años, era alto y guapo. Después de una noche llena de lujuria y pasión, al día siguiente ella lo notó melancólico.
—¿Por qué estás así?, ¿acaso no te gustó?
—Claro que sí me gustó —dijo mientras le daba un beso.
—¿Qué te pasa?
—Recordé que una mañana como hoy, cuando era pequeño, mi madre se fue de casa.
Soledad quedó desconcertada y en silencio, mientras el joven la abrazaba.
*En Minimundos, Dendro Ediciones (Perú, 2021)
TACTIC
En este lugar, donde el tiempo camina al revés, es a donde regreso cada vez que quiero volver a ser feliz. En este lugar no existe el olvido. Acá si siembras tus recuerdos, un día florecerán como un durazno en flor; si decides soltarlos y soplarlos desde la palma de tu mano, regresarán a ti en cada pomponcito blanco de diente de león; y si se te ocurre tirarlos al universo, los encontrarás en la magia de un cometa antes del amanecer.
*Inédito
Carmen Tocay en IG: https://www.instagram.com/carmenbztocay/


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