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	<title>TE PROMETO ANARQUÍA &#187; prosa</title>
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	<description>procesión poética desde las fauces de un país en llamas</description>
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		<title>que no cese el afán de las tribulaciones y que el movimiento de los remos nos lleve intactos al encuentro con la lejanía de los nombres y las cosas</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2012/01/25/que-no-cese-el-afan-de-las-tribulaciones-y-que-el-movimiento-de-los-remos-nos-lleve-intactos-al-encuentro-con-la-lejania-de-los-nombres-y-las-sombras/</link>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 12:37:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1968]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[sin sueños, aletargado, caminando entre rostros que reflejan impaciencia
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-medium wp-image-1232  aligncenter" title="fernando quisquinay" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2012/01/fernando-quisquinay-200x300.jpg" alt="fernando quisquinay" width="200" height="300" /></p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://lasvocesdeana.blogspot.com "><strong>[FERNANDO QUISQUINAY] </strong><strong> </strong></a></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>TEXTO PERDIDO EN UNA LIBRETA </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Sin sueños</p>
<p>Aletargado</p>
<p>Caminando entre rostros que reflejan</p>
<p>Impaciencia</p>
<p>Avanzar con premura para luego volver</p>
<p> </p>
<p>Día a día</p>
<p>A ser nuevamente rostro</p>
<p>Sonrisa</p>
<p> </p>
<p>Día a día</p>
<p>Retroceder en la memoria</p>
<p>Y encontrarlos</p>
<p>Ahí donde los dejé</p>
<p>Donde no están</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>BOCETO III</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>XIII     </strong>La suma de todos</p>
<p>            La ausencia de nadie</p>
<p>            La pequeña alma</p>
<p>                        Tatuada en la nada</p>
<p>            Una sombra</p>
<p>            Una lluvia intensa                                                                             </p>
<p>                        En descampado</p>
<p>            La suma de palabras.</p>
<p> </p>
<p><strong>XIV</strong>     Desearía escribir</p>
<p>            La más bella palabra</p>
<p>            Para nombrarte,</p>
<p>            Pero no la tengo</p>
<p>            Y entonces</p>
<p>            Sólo diré tu nombre.</p>
<p> </p>
<p><strong>XV</strong>      Como nació la necesidad</p>
<p>            De poner en palabras lo que</p>
<p>            Nace de mi ser,</p>
<p>                        ¿Por qué duele algo?</p>
<p>                        ¿Por todo lo callado?</p>
<p>                        ¿Por qué al final no sabes</p>
<p>                          De mi nada?</p>
<p>            ¿Por qué me asfixia el llanto?</p>
<p>            ¿Por los besos que no fueron?</p>
<p>            ¿No sé?</p>
<p>            ¿Y no te importa?</p>
<p> </p>
<p><strong>XVI </strong>    ¡He malgastado el tiempo</p>
<p>            Anhelando nacer en tus ojos!</p>
<p> </p>
<p><strong>XVII</strong>    Para volver debo saber</p>
<p>            De donde vengo, y tan solo</p>
<p>            Tengo un rumbo perdido,</p>
<p>                        Una brújula sin norte</p>
<p>                        Unos ojos parpadeando</p>
<p>                        En la lejanía.</p>
<p>            Para volver necesito irme.</p>
<p>                                              </p>
<p><strong>XVIII</strong>  Continuar navegando</p>
<p>            Hacerme pájaro</p>
<p>            Ensayar el vuelo</p>
<p>            Con la magia que nace del</p>
<p>            Hechizo de lágrimas y pez</p>
<p>            En tus manos.</p>
<p> </p>
<p><strong>XIX</strong>     Nada es ilusión</p>
<p>            Nada es ilusión</p>
<p>                        Ilusionada</p>
<p>                               Es…</p>
<p> </p>
<p><strong>XX </strong>     y la distancia</p>
<p>                  Os hará libres…</p>
<p> </p>
<p><strong>TEXTO ESCRITO EN UN MENSAJE QUE NO ENVIÉ</strong></p>
<p> </p>
<p>Y si te dejo en esta distancia, una flor en tu sonrisa, un pequeño monstruo de alas suaves aguijoneando tus ojos…</p>
<p>Y si ese resplandor ahoga de una vez por todas la oscuridad de la distancia&#8230;</p>
<p>Te dejo en esta oscuridad la huella de tus propios pasos que llegaron y se fueron, sin ser, sin estar&#8230;</p>
<p>Y en la temible orilla de tus sueños, cada cosa que dejaste tirada, sin terminar, sin empezar, vacía apenas…</p>
<p>Y si te dejo mil veces tu nombre escrito en el viento para que lo recuerdes, para que reconozcas tus voces, tus rostros</p>
<p>Y describas tú, el espacio vacío de tu cuerpo cerca de la alegría…</p>
<p>Te dejo la famosa manera de olvidarme&#8230; aléjate</p>
<p>Te dejo mi nombre escrito en el viento para que no lo recuerdes.</p>
<p> </p>
<p><strong>DEFINITIVAMENTE</strong></p>
<p> </p>
<p><strong>I</strong></p>
<p> </p>
<p>Dos rostros</p>
<p>Dos distancias</p>
<p>Dos formas de ir</p>
<p>Dos escasas vidas</p>
<p>Dos extrañas maneras</p>
<p>        De huir.</p>
<p> </p>
<p><strong>II</strong></p>
<p> </p>
<p>Y de manera que no entiendo</p>
<p>Te describo desde la</p>
<p>Nada, desde el todo,</p>
<p>Desde el quizá,</p>
<p>Y pongo dos rostros,</p>
<p>Para definirte, para dividirte</p>
<p>En partes diferentes.</p>
<p>Para descubrir qué es lo tuyo</p>
<p>Y qué es lo mío.</p>
<p>Para convencerme de lo que yo veo</p>
<p>En realidad es lo que eres.</p>
<p> </p>
<p><strong>DE IMAGEN LEJANA </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Qué cosas podrías guardar</p>
<p>Para reconocerme al final de la historia</p>
<p>Como debería ser mi rostro</p>
<p>Cuando tus manos digan adiós</p>
<p> </p>
<p>Podría tener miles de nombres</p>
<p>Grabados en mi pupila</p>
<p>Y aun así encontrar uno solo que me describa intacto</p>
<p>Entre las sombras</p>
<p> </p>
<p>Qué cosas no cambiarán</p>
<p>Cuando no recuerdes quién fui</p>
<p>Y encuentres en una vieja gaveta</p>
<p>Mis escombros escritos en hojas amarillas</p>
<p> </p>
<p>Quizá ningún recuerdo se conserve</p>
<p>Como las pequeñas palabras que alguna</p>
<p>Vez escribí en un teléfono</p>
<p>Cuando te nombré princesa</p>
<p>De un reino que sólo existe en un papel</p>
<p> </p>
<p><strong>RETAZOS II </strong></p>
<p> </p>
<p>De vez en cuando la sorpresa desaparece, ya no se dibuja en tus ojos, la costumbre aísla lo que antes era extraordinario, pero queda la oportunidad de pestañear, abrir los ojos para que el viento dibuje nuevamente rostros en las nubes, para que los árboles bailen al ritmo del firulete. Sopla el viento y escuchas las hojas caer y ante tu mirada las jacarandas vuelven a florecer como tocadas por la magia de tus manos, te recuerdan aquellas innumerables noches cuando sentado en el corredor buscabas las constelaciones. Sigo aquí sentado descubriendo sonidos, olores, pedazos coloridos de un mundo que ya no es. Los rostros son distintos pero yo sigo aquí, sentado. Tus manos ya no son las mismas y las mías están vacías. Dejo pasar el tiempo, jaloneo su dulzura para cubrirme en estos momentos insanos y cabalgo minutos días en busca de una razón para la locura. Pasan horas-rostros, cada una con un pequeño recuerdo bordado con una mirada que no logré olvidar.</p>
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		<title>tras la sequía, palabras de lluvia como una táctica para abordar segmentos de un tarde voraz e inocente</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2011/09/28/tras-la-sequia-palabras-de-lluvia-como-una-tactica-para-abordar-segmentos-de-un-tarde-voraz-e-inocente/</link>
		<comments>http://www.teprometoanarquia.com/2011/09/28/tras-la-sequia-palabras-de-lluvia-como-una-tactica-para-abordar-segmentos-de-un-tarde-voraz-e-inocente/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 18:28:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1980]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[De pie, frente a estos árboles, me aferré a las raíces de algo inexistente. Fuerte, respiraba lento para no caer. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-medium wp-image-1143  aligncenter" title="marilinda guerrero" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2011/09/marilinda-guerrero-248x300.jpg" alt="marilinda guerrero" width="248" height="300" /></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://mariguerval.blogspot.com/">[MARILINDA GUERRERO]</a> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LA PARTIDA</strong></p>
<p> </p>
<p>De pie, frente a estos árboles, me aferré a las raíces de algo inexistente. Fuerte, respiraba lento para no caer. Aprisioné mi alma contra el pecho, evitaba su partida. Éste era el mundo. Ésta era la crueldad. ¿Se olvidará alguna vez el viento de las voces que torturaron los cuerpos? ¿Qué tan ciegos somos para percibir la luz, el aire, la luna? Todo esto lo pensé, mientras los demás cuerpos caían. Uno tras otro. Seguidos del disparo al aire. Observé la vida unida a la rama de estos árboles. Me convencí de escuchar el latir de mi corazón al mismo tiempo que danzaban las hojas de ese árbol.</p>
<p>En este cementerio clandestino, las cruces estaban de sobra. Las hojas, testigos mudos, se mecían, hamaqueando nuestras almas hacia el cielo. Arrullaban el soplo del dolor. Ésta era mi partida forzada hacia un nuevo mundo. Un calor inundó mi cuerpo al mismo tiempo que volé hacia el fondo de la fosa. No supe distinguir bien, una rara combinación de sonidos acompañaron los últimos instantes de mi línea en este planeta. Tal vez fue el duro sonido del choque de huesos con carne, el susurro de los vientos, o los grillos y los sapos que arrullaron esa noche, o todos juntos. De lo que sí estoy segura, es que al caer en mi último lecho, sentí que el universo entero abrazó mi alma y me brindó un abrazo de consuelo.</p>
<p> </p>
<p><strong>RETRATO DE UN ANTIHÉROE MODERNO</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Sencillamente es indescriptible cómo la parsimonia de lo imperfecto crea una perfecta influencia en la sociedad. Entre más disfuncional es un ser humano, más es aclamado por el público. Amo ser un anómalo entre lo funcional. Deseo ser siempre el cable suelto, el hilo del suéter tejido que cae listo para tomarse. Mi obsesión por lograr llegar al último escalón del estrato social es un incentivo para mejorar mi participación como arpía de esta sociedad. La educación es una fantasía, sólo para los imaginativos. Yo crezco como lo hacen los parásitos. A costa de otros. Mi espiritualidad es un fiasco. Lo material es mi religión. Dicen algunos que esto es pasajero, pero soy feliz así. Viviendo el instante, la dosis de adrenalina diaria. No sé si existiré mañana, y no sé si haré el bien por alguien. Velo por mi interés. La vida es una jungla, una selva y yo sobrevivo.</p>
<p>Así va el antihéroe, inspirando aire y lanzando bocanadas de fuego. Se oculta en lo obscuro y sale en las noches. A veces se le ve en el día, lacerando almas, recolectando muertes. Ha acabado con los héroes, los cuales se esconden por temor a represalias.  Con los años ha crecido, como un tumor inextirpable. Ahogante, asfixiante, succiona  sangre de su propia ciudad.</p>
<p> </p>
<p><strong>LA PRINCESA</strong></p>
<p> </p>
<p>Con  amores y odios, frutos y pérdidas, nimiedades y grandezas, su vida transcurre. Se sienta frente al espejo en su habitación, cuarto de cuatro paredes ennegrecidas por el  humo que entra por las ventanas. Solamente ella y su reflejo saben la verdad. Conocen  qué se oculta bajo del maquillaje y las ropas. Con sus retoques diarios, ella transforma cicatrices, verdades, es una corruptora de realidades. Utiliza cenizas de pasiones muertas en los párpados, mezcla de moscas y hormigas machacadas en las pestañas. La base de yeso, harina de habas y tiza la reparte de manera equitativa en su rostro y para terminar, los labios con óxido de hierro y polvo de rosas rojas. Queda hecha una Diosa.</p>
<p>A veces se ve más alta, otras veces se ve más robusta. Posee piernas largas, un poco musculosas. Sus brazos fuertes contrastan con las manos delicadas y el escenario de vida que le toca vivir. Se viste con ropas vistosas y provocativas. Utiliza tacones demasiado altos, no aptos para personas con vértigo. Al verla de lejos, es muy deseable. Amiga de la noche, se oculta de día, vuela y vive como vampiro. Es más fácil criticar y juzgar a la luz del sol. No se qué ocurre en la noche, pero lo prohibido es permitido. ¿Será acaso el alcohol, las drogas, las luces de los bares, el cigarro, los autos, el efecto de luna? No lo sé. Su vida nocturna es un nuevo amanecer. Ave de paso, alza sus alas buscando volar, alzarse hacia un nuevo universo sin tabúes, marcas ni estigmas. Sueña  caminar de día sin ser juzgada, señalada. Todas las noches busca su nueva esperanza de amor, o al menos, la añoranza de vivir una noche más, de restarle luciérnagas al calendario. Sobreviviente nocturna, descansa los pétalos y sus alas en el día y salía a planear en la noche por las calles del gris asfalto iluminadas por los faroles de pocos automóviles que deambulan por esos sitios. La confunden con un ángel, y los que la ven pasar se quitan de su paso para observarla. Deslumbra belleza espectral. Es la reina de la noche. Es la cenicienta de los bajos mundos, que va en busca de su príncipe azul.</p>
<p> </p>
<p><strong>TOQUE DE REALIDAD EN UNA NOCHE DE INSOMNIO</strong></p>
<p> </p>
<p>El vivía las lágrimas del insomnio. Vigilia de días. Con ojos resecos. El sueño que tenía no sufría remordimiento alguno por haber desaparecido. A lo lejos escuchaba su risa, cada vez que suspiraba, esperando tener algún descanso en su cuerpo. Aburrido de verlo despierto,  Morfeo retiró la espiga del enchufe de su desvelo. En un instante se sentó en la cama. Realizó una profunda inhalación. Atrajo para sí, el humo del primer cigarro en la noche. Noche larga. Negra con puntos blancos. Cerró los ojos para aceptar que conforme inhaló el humo de varios cigarros, su ropa se impregnaba de un presente de nicotina que le recordaba su adicción.</p>
<p>Experimentó la desconexión de sus pensamientos. Se refugiaba del mundo. Escapaba  de la crueldad, de las negociaciones diplomáticas en medio de guerras de países y masacres en el suyo. Se hospedaba lejos de las muertes injustas y del borrador constante que trabajaba a diario por eliminar cualquier trazo de vida en el planeta. Le daba asco ver cómo estrechaban la mano los políticos, midiendo poderes, como quien mide quién la tiene de mayor tamaño.</p>
<p>Ese humo de cigarro le recordaba el inventario de su día. Los disparos. La transformación diaria de su mente como un ordenador. Manipulada  por los medios. Se dio cuenta que su cotidianidad era aburrida, en medio de tanta violencia. Que era un suplente de un antiguo trabajador en la empresa. Un substituto en ese hotel que habitaba. Un evasor en la vida de su  esposa. Un accidente en la vida de sus padres. Era un apéndice, un añadido. La sobrecarga de esos pensamientos en medio del sueño le llevó a doblar la espalda. Le dolían los hombros. Su respiración se agitó, observó el surgir de sus miedos y pesadillas del fondo de la cama para conquistar su alma. Quiso gritar, pero no pudo. Una pesadilla le mostró su realidad. La de su muerte en ese cuarto. Solo. Con varias colillas de cigarro en las sábanas.</p>
<p>Se levantó de golpe. Abrió los ojos. Estaba solo. Con varias colillas de cigarro en las sábanas. En ese hotel de paso. Al sonar el reloj de la alarma, se levantó y se bañó. Empacó sus cosas, decidió volver a casa.</p>
<p> </p>
<p><strong>TUS PÍCAROS OJOS</strong></p>
<p> </p>
<p>Frente al hotel cariñito, con la pensión occidente al lado derecho y al izquierdo el comedor la chinita, lo conocí. Vestía una playera blanca, gorra azul y sonrisa amplia. El lunar de su nariz resaltaba el color de sus ojos. Cada vez que salía a comprar el quetzal de tortillas a la panadería y tortillería la bendición, siempre lo veía, parado, en la esquina, con un cigarro en la mano. Si cruzábamos miradas, él sonreía y me decía piropos, dejando por último un silbido. Lograba ruborizarme y yo corría con las tortillas en la mano y los calzones mojados a mi casa. Lo espiaba a través de la cortina. Parecía una estatua, frente aquel bar, tus picaros ojos. Era muy sociable.</p>
<p>La amistad que tenía con las chicas del bar nunca me gustaba. No parecían mujeres decentes. Yo, en cambio, era una niña de bien. Mis papás siempre cuidaron de mí. Imaginé ser una mujer hermosa para él. En las mañanas, cuando me arreglaba, peinaba mi cola y subía las calcetas del uniforme, fantaseaba con sus manos rozando mi cintura como él lo hacía con las chicas del bar. Deseaba tanto ser el cigarro que besaba su boca.</p>
<p>Nuestra  primera plática fue corta. Fue frente a la venta de lotería que estaba al lado de la estación de policía, la que queda bajo las escaleras de la pasarela. Tímida, le dije mi nombre mientras él tomaba mi mano. Sentí mariposas en el estómago. Me sorprendió que un hombre como él quisiera conocer a una niña como yo. Preguntó por mis papás, mi familia, me decía lo bonita que era. Al llegar a mi casa, con las tortillas casi frías, me enfrentaron mis papás. Querían saber qué había pasado. Inventé la excusa de que no tenían hechas las masas y por eso la tardanza.</p>
<p>Por varios días desapareció. Yo mantenía la esperanza de volver a verlo. El día que tanto soñé, se cumplió. Se acercó por detrás mientras esperaba que salieran las tortillas y me abrazó. Mi cuerpo vibró y un calor me inundó. Me dijo al oído si lo dejaba darme un beso. Me quedé muda. Pude percatarme de que la señora de la tortillería lo veía con cara de enojo. “Es una niña”, le dijo. Me molesté. Seguro que estaba celosa. Me acompañó a mi casa y en el camino me dijo que estaba enamorado de mí, que era la niña mas linda de la cuadra, y quería vivir conmigo siempre. Yo escuchaba sus palabras en las nubes, no podía creerlo. Me dijo que huyéramos a vivir juntos el resto de nuestras vidas. Después de depositar un suave beso en mis labios, fijó una fecha para la huida.</p>
<p>Durante los días previos a la partida, me di cuenta que iba a abandonar todo, mis amigos, mi familia. Pero valía la pena. En ese momento, mi amor por el trascendía edad, tiempo, espacio. Empaqué mis ropas. Estuve cerca de mis padres el día previo a mi partida, era mi despedida para ellos. Al día siguiente, mientras esperaba  que saliera mi mamá a su reunión habitual con sus amigas, escuchamos unos disparos. Llegó la policía, los bomberos, y salimos a la calle. Vimos en dirección al bar y de allí salía él, con esposas, lo subían a la patrulla. Mi mundo se desplomó. A los días me enteré que a otras niñas les había dicho lo mismo y que planeaba llevarnos a otro país a trabajar. Ahora lo odio, jugó con mis sentimientos, creí que me amaba. Rompió mi corazón.</p>
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		<title>la realidad procede de un espacio intermedio y se expande por múltiples senderos. allá, el atalaya cierra los ojos y observa</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Aug 2011 17:49:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1960]]></category>
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		<description><![CDATA[Enredados en las sombras de la noche, viajaban conmigo dos extraños... Eran como un fuerte torbellino sacudiendo mis entrañas...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1120" title="gustavo abril" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2011/08/gustavo-abril.jpg" alt="gustavo abril" width="320" height="240" /></p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://www.librodearena.com/blog/mapache/1621">[GUSTAVO ABRIL]</a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>REMORDIMIENTO</strong><strong> </strong></p>
<p>Enredados en las sombras de la noche, viajaban conmigo dos extraños&#8230; Eran como un fuerte torbellino sacudiendo mis entrañas y como una torrentada que arrasaba con mi paz. Por fuera, mi rostro impávido, pétreo… muerto; por dentro, mi alma desgarrándose, tirada en direcciones opuestas por dos colosos al mismo tiempo. Eras tú, con mis manos, tratando de salvarme, haciéndome tocar el cielo. Era yo, con tu cuerpo, tratando de vengarme, ganándome a pedazos el infierno.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>EL UMBRAL </strong></p>
<p>Garrido despertó justo cuando el reloj de la sala daba la hora con seis largas y desafinadas campanadas. Los rayos del sol entraban casi perpendicularmente por la ventana y traspasaban sus párpados, aun entreabiertos, hiriendo sus pupilas dilatadas y oscuras. Una sensación de bienestar lo acariciaba, quizá porque el insomnio recurrente pocas veces lo dejaba dormir tantas horas como las que había dormido esa noche. La oscuridad se había esfumado por las rendijas de la puerta que siempre dejaba atrancada, por si a su padre se le ocurría cumplir la amenaza de entrar cualquier noche, cuando él estuviera dormido, y tusarle a tijeretazos esa melena negra que desafiaba su autoridad paterna y quebrantaba la sarta de reglas que debía obedecer si pretendía seguir viviendo bajo ese techo. No era necesario abrir la puerta para que los aromas del café recién hecho, de huevos con tomate y cebolla, y de frijoles colados, que su madre había dejado preparados antes de irse al trabajo, inundaran la alcoba haciéndole más difícil mantener el estupor del semi-sueño con el que, con una estampida hormonal mañanera, abrazaba la almohada confundiéndola con la mujer que tanto amaba.</p>
<p>La ducha dio final cuenta de los rezagos de su modorra, y con latigazos fríos escurrió en la coladera, junto a pompas de champú y espuma, esos ímpetus suyos, casi incontrolables, cuya abundancia quizá algún día hubiera echado de menos si las cosas hubieran sido de otro modo. Al salir del baño, Garrido, se vistió con el uniforme: pantalón y camisa caqui, zapatos negros, herrados en los tacones —para que al caminar sonaran a trote de potro—, y un cinturón militar con hebilla dorada —que pulía con Sidol, para que siempre brillara—. En un bolsillo de su chaquetón verde olivo, colocó una cajetilla casi agotada de Marlboro y un encendedor Zippo antiguo —que para él era un verdadero tesoro—. Luego, sin prestar mucha atención a lo que hacía, apiló un par de libros de texto, media docena de cuadernos y unos papeles ajados donde llevaba la tarea —todavía a medio hacer—, y los metió en su desparramada mochila. Echó un vistazo al reloj, y sin disponer de más tiempo para tomar otro alimento, dio un grueso trago de café y salió sin que quedara nadie en casa para despedirlo. Cruzó el jardín, saltó la verja que daba a la calle, encendió un cigarrillo y, como todos los días, inició la caminata hacia el Colegio Mixto José Lorenzo de Romaña, donde estudiaba el tercer año de secundaria. Al llegar a su destino saludó de manos a un par de compañeros, y antes de entrar por el portón del viejo centro de estudios, dio un largo chupón a su último cigarrillo, exhaló el humo con laxitud y lanzó la colilla a un charco con un disparo de sus dedos.</p>
<p>Las clases —como sucedía desde hacía tiempo— transcurrieron inocuas e intrascendentes: las ecuaciones de tercer grado no tenían suficientes incógnitas como para despertarle el interés, y la trágica muerte de la tísica “María”, de Isaacs, no bastaba para sacarlo de la abstracción en que se hundía cuando miraba por el amplio ventanal del aula. Sin importar cuántos alumnos caminaran por los corredores, o cuántos de ellos estuvieran sentados en el salón de clase, desde que Andrea no estaba allí, todo le parecía fantasmal y vacío.</p>
<p>Se había cansado de verla en espejismos traslúcidos como el humo de sus cigarrillos, y de oír sus palabras y sus risas, vacías de sonidos y alegrías. Garrido vagaba abandonado en una interminable senda hecha de melancolía; se encontraba abatido por un recuerdo que la contundencia del presente no lograba desplazar&#8230; Todo su mundo carecía de sentido, y poco a poco, irremediablemente, la vida se le iba convirtiendo en muerte.</p>
<p>La campana tañó tres veces, llamando a formar filas. Garrido, con aparente indiferencia, escuchó el rezo que se acostumbraba a la hora de salida, pero no repitió las palabras de una letanía que le quemaba por dentro: su rabia no era contra la religión que lo excluía del Reino de Dios a causa de sus vicios y su estrafalario aspecto, ni contra los predicadores que, ofreciendo redención, cargaban de cadenas a la gente, sino contra el mismo Dios, quien, con un porrazo del destino, lo había condenado a una vida de soledad y tristeza.</p>
<p>Después de aperarse con cerveza, cigarros y algunas chucherías —como era usual en los días viernes—, él y algunos de sus compañeros se dirigieron al lugar donde se reunían para pasar momentos generalmente alegres. En esas reuniones las reglas eran simples: cada quien podía hacer lo que le viniera en gana, nadie juzgaba a nadie, todos cuidaban de todos&#8230; Y de allí no salía ninguno si no era capaz de llegar a casa por sus propios medios. Las mujeres, con total desenfado, fabricaban el ambiente soltándose el pelo y bailando descalzas. Ellos, un poco menos conspicuos, organizaban la música, contaban chistes colorados, y bailaban con ellas. Todos reían, fumaban algo de hierba y libaban mucha cerveza. Unos pocos —los más osados— sorbían cartoncitos de LSD como si fueran hostias de azúcar. </p>
<p>Aquella tarde, Garrido se limitó a sentarse, muy callado, absorto frente al tocadiscos, contemplando los negros giros de un long play del grupo Ten Years After. Esa tarde nadie lo vio tomando&#8230; Mucho menos drogándose. Ni siquiera lo vieron fumando un cigarro. Al menos eso fue lo que todos aseguraron. Su rostro, enjuto de tanto evocar la solitaria tristeza, no mostró emoción alguna cuando, entre los dibujos de la música, frente a sus ojos de pupilas dilatadas y oscuras, se abrió un umbral de luz que su alma atravesó sin que la sola idea pasara por su cabeza. Garrido tampoco supo cómo llegó a la ribera de aquel río de aguas mansas, más azules que el cielo limpio en un amanecer de enero, donde vio a Dios vestido con jeans desteñidos, sonriéndole mientras cortaba flores amarillas y bajaba del firmamento estrellas, para ponerlas todas en su largo pelo. Entonces descubrió que el tiempo había dejado de ser; que el pasado ya no le dolía, como tampoco le dolía el presente, y que el futuro ya no tenía poder para afligir con incertidumbres su corazón, ni su mente.</p>
<p>—¡¿Qué le han dado cabrones?! —gritó el padre, cuando llegó y vio aquel rostro macilento, dibujando espantosamente en su hijo por el rictus de la ausencia. Al escuchar su voz, Garrido vio de nuevo el umbral de luz: se asemejaba a la puerta de su habitación y estaba entreabierto. Una vez más sintió el aroma del café recién hecho, de los frijoles colados y de los huevos con tomate y cebolla, pero las manos que los preparaban seguían ausentes. Luego abrió un poco más la puerta, y vio que al otro lado vivían tres sombras que juntas se llamaban tiempo; ellas mantenían a Andrea encadenada a la muerte&#8230; Y a la muerte encadenada a ellas mismas&#8230; Entonces supo que nunca podría separarlas, porque en la mentira del tiempo, esas sombras no pueden existir individualmente. También vio a su padre que lloraba mientras sostenía en la mano unas filosas tijeras, entonces recordó su pelo largo, y recordó que Dios, vestido con jeans desteñidos, lo había coronado con flores amarillas y estrellas.</p>
<p>Garrido nunca tuvo un momento de mayor lucidez que aquél en que decidió escapar por el umbral de la inconsciencia. Y yo, al haber visto el brillo de sus pupilas oscuras, dilatadas desmesuradamente, y al haber visto su rostro diáfano y sonriente, como no recuerdo haberlo visto en mucho tiempo, entendí su terrible decisión de atrancar la puerta&#8230; Y quedarse para siempre adentro.</p>
<p> </p>
<p><strong>ROSTRO INERTE</strong></p>
<p>La carretera siempre había sido una mala consejera, y esa noche, la monotonía de la línea blanca me conducía a los más absurdos soliloquios: ¿Éramos acaso un par de enemigos acérrimos pretendiendo inventar otra forma de amor? No, no llegábamos a tanta cosa, sólo éramos la intersección de un estúpido obsesionado por una mujer perversa, y una mujer perversa que jugaba con la obsesión de un estúpido.</p>
<p>Me detuve en mitad del trayecto; un jeep había caído de un puente y se encontraba volcado sobre un riachuelo que serpenteaba en la vastedad de un cañaveral amarillo. El conductor, un hombre joven, había quedado atrapado bocarriba, sumergido en apenas un palmo de agua.</p>
<p>Mientras la gente ingeniaba poleas y aplicaba palancas, yo lo veía: los ojos abiertos, con la expresión insípida de quien ha luchado y se ha rendido. De pronto noté el parecido. ¡Ese rostro inerte era el mío! Me había dado por vencido&#8230; Yo era ese hombre atrapado, no por unos hierros retorcidos, sino por un sentimiento malsano: un amor infectado con odio por el que estaba dispuesto a basurearme a mí mismo.</p>
<p>Ya lo dice el proverbio chino: “Uno no se ahoga por caer al agua, sino por permanecer hundido”.</p>
<p> </p>
<p><strong>IMPOSTORA (INTERIORIDADES)</strong><strong></strong></p>
<p>Está amaneciendo. El sol se filtra por los bordes de la gruesa cortina que nos aparta de todo. No quiero abrir los ojos pues ella sigue allí, tan fea como siempre. Se ha aferrado a mí como si no hubiese quién quisiera hacerla suya. Susurra palabras necias en mi oído y, acariciando ese lado de mi mente que no distingue entre tiempos y momentos, se aprieta contra mí cuerpo disfrazada de recuerdos. Usa su mismo aroma, el sabor de su piel, de su boca.  Imposta su voz, su imagen… Incluso el toque de sus dedos. Me excita, me toma entre sus brazos, e irremediablemente me posee a su antojo.</p>
<p>Soledad, hija de puta… ¡Cuánto te odio!</p>
<p> </p>
<p><strong>EL CERRO Y EL INDIO </strong><strong></strong></p>
<p>El anciano se sentía cansado. Le parecía que cada día de su vida había subido y bajado por el cerro, ya fuera para cortar el monte con su machete, para zurcir la tierra con azadón y piocha, o para cosechar una milpa que con cada siembra daba menos elotes.</p>
<p>Sus caites de hule y cuero, de tanto andarla, habían gastado la estrecha vereda que culebreaba entre las peñas. El morral de lana cruda, donde la Tomasa colocaba su bastimento de sal y tortillas, con el ir y venir de cada día, se había roto como sus propias fuerzas, y el pumpo de jícara en que solía llevar el agua —que siempre le supo a tierra—, vestía telarañas, colgado al haz de la ventana del rancho, condenado al olvido porque la botella de plástico se lavaba más fácil y no se rompía como el pumpo&#8230; ni como se le rompía a él el lomo con los costales que se echaba a tuto para venderlos en el mercado por unos cuantos quetzales.</p>
<p>La vida le pesaba como si la hubiera usado entera para tejer el cerro&#8230; y el cerro al que estaba atado —que siempre tejió su vida de indio—, le pesaba mucho más.</p>
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		<title>la sensatez es un abanico que linda con la sensación de que cada cosa está en su sitio a pesar del desorden: en lo alto de las ramas</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2011/06/27/la-sensatez-es-un-abanico-que-linda-con-la-sensacion-de-que-cada-cosa-esta-en-su-sitio-a-pesar-del-desorden-en-lo-alto-de-las-ramas/</link>
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		<pubDate>Mon, 27 Jun 2011 19:24:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
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		<description><![CDATA[Ayer te dije que me marca vacío el tanque de la pasión. Y claro, creíste que hablaba de sexo. La puse fácil. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-medium wp-image-1073  aligncenter" title="maru luarca" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2011/06/maru-luarca-300x225.jpg" alt="maru luarca" width="300" height="225" /></p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://ladymicu.blogspot.com/">[MARU LUARCA]</a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>TANQUE LLENO, PLIS </strong></p>
<p> </p>
<p>Ayer te dije que me marca vacío el tanque de la pasión. Y claro, creíste que hablaba de sexo. La puse fácil. Y no. Sí, necesito rellenar los cartuchos de pasión, pero me refiero a esos acelerones de vida que me marcaban tarjeta a diario. Esas ganas de correr más que los demás, de irme a la cama con tanta euforia que no podía mantener los ojos cerrados. Ese ver al techo con la luz apagada -para no despertar a los que duermen- mientras en la cabeza se ordena y se desordena el mundo tres veces en una noche. Esa fuerza. Esa de conversar en chorro, mareando al interlocutor, solo para que la boca le lleve el ritmo a las ideas. La misma que nos hace empujar el mundo para colocarlo en ese rincón en que se ve bonito. Y luego, una semana después, empujarlo de nuevo porque siempre no nos gustaba tanto. De esa quiero. Si te sobra, porque sé que la tenés, mandáme un poco.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>EXPERIMENTO —Y TE CULPO—</strong></p>
<p> </p>
<p>Habitantes de una ciudad, árboles.</p>
<p>Verdes las copas, savia (sangre) fluyendo.</p>
<p>Viento —No. Miedo— Tiemblan las hojas.</p>
<p>Metal en la garganta, lágrimas carmesí surco abajo.</p>
<p>Y a pesar del río sanguíneo —confusión— sólo el verde.</p>
<p>Realidad, ninguna. Verde y hoja, todo lo que ves.</p>
<p> </p>
<p><strong>#BABEL</strong></p>
<p> </p>
<p>Apagar la luz y centrarse en la brillante luz del monitor. Como en las muchas noches, de los muchos días que suma al hilo desde hace un tiempo. Y es que para ella ha resultado más útil el monitor cuando busca su reflejo, que el mismo espejo. Los espejos no tienen esa dinámica. Son silenciosos. Y es ahí en donde todo se vuelve caos. Los silencios no le gustan tanto, porque su voz interior, borracha de monólogos comienza a desvariar. Afirma que el blanco es bueno, que el negro es malo y luego, cuando lo repite hasta el cansancio, el gris resultante se levanta como bruma y empaña su visión. El monitor no. Está lleno de una serie de voces -silenciosas- sin rostro. Gritan sus letras a cual más. Una Babel de esta era. No es posible pescar en el río del bullicio, una sola línea de pensamiento continuo. La dinámica es más divertida. Como esa línea de patos en las ferias y tú con el rifle, intentando atinarle a alguno en el movimiento de la faja. Algunos patos te sonríen. Otros, intentan tirarle a las escopetas —siempre hay de esos—. Y otros más, silenciosos, observan con sus ojitos, ansiando que les des un tiro. Porque así notarían que los ves. Que no pasaron de largo, sin importar. Y allá está ella: apuntando a los patos. El ejercicio ayuda a no escarbar profundidades y así, pues duele menos todo. Pasan las horas, pasan los patos. Y ella, tirando aleatoriamente. Por diversión.</p>
<p> </p>
<p><strong>ETERNA PRIMAVERA</strong></p>
<p> </p>
<p>Vivo en esta tierra de árboles. Árboles de copas verdes, frondosas. En cuyo interior fluye  savia roja. El viento acá, no es tal. Es miedo, que sopla fuerte entre las ramas. Un país en el que el sabor metálico de la sangre se atora en la garganta y encuentra su salida por los lagrimales. Y aún así, seguimos presumiendo de ver siempre el verde de las hojas. Solo el verde de las hojas.</p>
<p> </p>
<p><strong>EL VACÍO EN LAS PALABRAS</strong></p>
<p> </p>
<p>De esos días en que las palabras pierden su brillo. No hay reflejo. Las canciones, música sin letra. Porque las palabras de pronto no dicen nada. Manuscritos sin eco. Para ojos sordos. Como los míos. Días así. En otros soles y otras lunas, las palabras son barca y alas. Olas. Para viajar y escapar. Para escapar y llegar. En esas, me visto de palabras, con traje de gala y me voy a bailar la vida. Como se debe. Pero desde la torre sin palabras, no. No se baila. Las palabras desfilan sin voz. No contienen. Como frascos sin tapa, llenos de nada. Días así, como hoy.</p>
<p> </p>
<p><strong>DE CITA CON UN FINAL</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>A las puertas del fin, el tiempo hace una parada obligada.</p>
<p>Se detiene apenas en el borde, temeroso.</p>
<p> </p>
<p>Las horas aguantan la respiración, temerosas de acercar el abismo.</p>
<p>De despeñarse en la nada.</p>
<p> </p>
<p>El ejercicio de detener el mundo en el último instante es inútil y desgastante.</p>
<p>El fin siempre sabe en dónde encontrarnos.</p>
<p> </p>
<p><strong>DEL AMOR Y OTROS MOÑOS</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Te quiero y no. Me quieres y no. En tus brazos soy y luego, ahí mismo, dejo de ser. En romántica escalera de mármol, se sube al cielo y al minuto, caída libre y sin red. Golpe seco. Amor y desamor en un parpadeo. Es que el amor es así, dicen los boleros. Si hoy dejé de amarte, cabe la posibilidad de que mañana mismo te esté amando a todo motor. Y toca celebrarlo, dicen. Con moños y papeles rojos. Con globos de aire. Del mismo aire que rellena y sobredimensiona realidades. Porque nos gusta la fiesta. Lo que cuenta no es la fecha marcada en el calendario. Cuentan los días al hilo, las noches de dos. Cuenta el espejo en tu mirada. Las ganas de seguir. No cuenta más. Dicen también.</p>
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		<title>entre madrugadas y mañanas se concentra el temblor de un cuerpo expuesto, a merced de la intemperie, cuando la voz es casi ofrenda</title>
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		<pubDate>Wed, 04 May 2011 20:01:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1987]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
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		<description><![CDATA[Eventualmente vendrán los problemas, por haberlos mantenido en el olvido durante tanto tiempo
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-medium wp-image-1005  aligncenter" title="anna cosenza" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2011/05/anna-cosenza-300x225.jpg" alt="anna cosenza" width="300" height="225" /></p>
<p> </p>
<p style="TEXT-ALIGN: center"><strong><a href="http://lavidaysusmotivos.blogspot.com/">[ANNA COSENZA]</a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>EVENTUALMENTE</strong></p>
<p>Eventualmente vendrán los problemas<br />
por haberlos mantenido en el olvido durante tanto tiempo<br />
dentro de la cabeza de nuestros contrincantes callejeros<br />
y en los ojos de la gente pobre que llora al atardecer. </p>
<p>Eventualmente me carcomerá la oscuridad<br />
que guardaste en tu alma con doble candado<br />
mientras coqueteabas con la vecina de piernas largas<br />
y pretendías ser hijo de mi madre. </p>
<p>Eventualmente te romperé la nariz<br />
en mil agujas de punta fina<br />
por haber reemplazado tu presencia por la de una fotografía<br />
y me verán llorar todos los días a las seis en punto.</p>
<p>Eventualmente el sol saldrá y congelará al mundo<br />
en un ruidoso cubo de cristal<br />
ahí estaremos todos los que hemos llegado a esta caída abismal<br />
y podremos cantar y emborracharnos <br />
y olvidarnos que la desdicha existe.</p>
<p>Eventualmente serás un hombre sabio<br />
y hablarás con los pies al igual que las bestias<br />
quienes ahora desgarran la piel de nuestros antepasados<br />
perdonándoles todos los pecados.</p>
<p>Eventualmente caeré podrida<br />
como la mierda que nos llueve todos los días<br />
cosa que barremos de nuestras casas<br />
y tratamos de no mencionar.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>VÁMONOS</strong></p>
<p>Déjame escaparme de tus piernas, huyamos juntos a la isla/tierra. Vámonos. Baby baby. El mundo es grande y nos espera. Allá afuera están los sueños. Encontrémoslos. Se trata de encontrarlos, y pelear con los dientes, y con la sangre y con las uñas hasta obtenerlos. Se esconden entre lo absurdo y lo ingenuo. Esperan como bestias, con sus dientes amarillos y ojos rojos. Es de domar estos sueños de locura que nos poseen, y si no, pues correr con ellos, y volvernos salvajes. Convertirnos en parte de su saliva y aferrarnos a esos dientes que antes nos asustaban y si no&#8230; Pues quedémonos aquí, que mi cama es mundo también, y las sábanas siguen frías. Volvámonos montañas bajo las sábanas y besémonos bien juntitos. Agárrate de esta piel con tus dedos y ese tacto de serafín enloquecido, y desvanezcámonos entre estar aquí y en ningún otro lugar. </p>
<p> <br />
<strong>Pequeña era</strong></p>
<p>pequeña de manos diminutas y cintura clandestina<br />
que coqueteaba con el sol al descaro<br />
y en toda su pequeñez guardaba el mayor espacio<br />
para recordar los sabores de verano<br />
y callar su minúscula voz frente a los monstruos carismáticos<br />
y tragarse los gritos de ser necesario<br />
aunque quedara la lengua negra<br />
y el corazón pesado<br />
que igual no pesaría tanto<br />
por tan pequeña que era</p>
<p> <br />
<strong>ANTOJOS</strong></p>
<p>Tengo un antojo incontrolable de tirarme en un campo de girasoles a leer un libro. Distraerme por esas nubes bailarinas que se contonean con gruesas caderas de un lado al siguiente. También tengo antojo de un jueves. Un jueves como el que pasamos el verano pasado, donde no importaba la lluvia ni los silencios y corríamos entre las avenidas enloquecidos, fantaseando con hombres lobos y Peter Pan. Tengo también antojo de una de esas granizadas de limón. Con mucha pepita, consomé y chilito picante. Que le echen mucha sal porque me gusta con sal. Tengo un antojo de estar contigo, y de uno de esos besos que me das entre miradas cómplices. Desde ayer tengo antojo de aprender a desaparecer o de volar, o hacer cualquier cosa, pero que sea fantástica y con la que te pueda impresionar. Sería chilero, ¿no? Y aún sigo con más antojos. Por un elote loco, una galleta de miel, tirarme en una hamaca, ver un atardecer. Viajar, y viajar mucho. Antojo de verte. Antojo de silencios. De Santos, de chistes. Libros en tardes con lluvia, bossa nova, vinito tinto, compañía (la tuya), frasecitas cursis, aprender francés y setecientas ochenta y cuatro cosas más.</p>
<p> </p>
<p><strong>HABITA</strong></p>
<p>Los inviernos comienzan en el suelo <br />
y terminan a cientos de metros en el aire. <br />
Se han apilado unos sobre otros con el correr del tiempo<br />
y todo ese frío acumulado ahora me persigue <br />
como bestia hambrienta por sangre fogosa.<br />
 <br />
No logro encontrarme a mí misma en medio de esta fuga.<br />
Mis pulmones agotados cuelgan en los árboles <br />
mientras yo irreconocible observo mi reflejo.<br />
Tanto he recorrido para terminar en el mismo lugar.</p>
<p>Quisiera que me llevaras más allá del horizonte, <br />
a las islas donde habita el verano.<br />
Y donde entre las olas del mar yace la verdad esparcida;<br />
llévame a estos parajes donde no hace falta hablar, <br />
y en silencio habitaremos la misma piel. </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LENGUAS Y BOCAS</strong></p>
<p>Dicen por ahí que existen malas lenguas.<br />
Lenguas que lastiman<br />
Lenguas que matan.</p>
<p>Dicen que hay cosas que no se deben decir.<br />
Bocas que callan. Bocas que duran. Bocas seguras.</p>
<p>Yo prefiero las bocas abiertas.<br />
Las bocas que gritan. Las bocas que sienten.<br />
Las bocas con el corazón en la lengua.<br />
Lengua que ama. Lengua caliente.</p>
<p> <br />
<strong>QUÍTAMELO</strong></p>
<p>Desnúdame bajo el marco de la puerta,<br />
entre este absurdo pasado y el futuro tan incierto.<br />
Quítamelo todo, déjame expuesta al sol.<br />
Que nunca es tarde para quitarse todo lo que sobra<br />
ni tampoco para hacer el amor.</p>
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		<title>la disección como suculento manjar delikatessen en el imperio de los parias y los solitarios: succiónanos de madrugada</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2010/12/22/la-diseccion-como-suculento-manjar-delikatessen-en-el-imperio-de-los-parias-y-los-solitarios-succionanos-de-madrugada/</link>
		<comments>http://www.teprometoanarquia.com/2010/12/22/la-diseccion-como-suculento-manjar-delikatessen-en-el-imperio-de-los-parias-y-los-solitarios-succionanos-de-madrugada/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 22 Dec 2010 09:08:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1979]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[En una esquina cercana a la oficina venden flores. Una patrulla de la policía está mal estacionada, ocupa completamente la acera dificultando el paso.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-medium wp-image-940  aligncenter" title="Engler García" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2010/12/Engler-García1-300x99.jpg" alt="Engler García" width="300" height="99" /></p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://hablecedario.blogspot.com/">[ENGLER GARCÍA]</a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>FLORES</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>En una esquina cercana a la oficina venden flores. Una patrulla de la policía está mal estacionada, ocupa completamente la acera dificultando el paso. Tiene las luces de emergencia encendidas. Es un día con mucho sol y después de un fin de semana cotidiano en este país. Entre el recuento de muertos, algunos policías. Pienso en la chica que trabajaba en la oficina y en todas las veces en las que me esmeré en parecerle divertido. Alguna vez pasamos frente a estas flores y me preguntó que cuándo le iba a comprar unas. Terminó saliendo con el encargado de mantenimiento quien se acaba de comprar un carro nuevo. Recién concluyeron algunos trabajos de remodelación en la oficina. Los dos policías, un hombre y una mujer suben a la patrulla con un ramo de flores cada uno. La chica finalmente logró que la despidieran. El día que se fue, me mostró satisfecha su cheque de liquidación y cuando le pregunté por lo que pensaba hacer, <em>voy a ser puta, me dijo, total, ya casi lo hago</em>. La patrulla apaga las luces de emergencia y se aleja con parsimonia. Pienso en ella y en su olor embriagante. De cualquier manera, estoy seguro, se hubiera largado. Las flores no sirven de mucho.</p>
<p> </p>
<p><strong>MARIACHI</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>El lugar entre semana es un ir y venir de miles de gentes. Carretas, camiones, viajeros y cualquier producto transado en ventas sin pagar impuestos. Restos de verduras aplastadas, frutas podridas y con la piel abierta. Basura con olor a mierda. Humo, ruidos y más humo. Domingo, la mayoría de locales están cerrados. El de la esquina permanece abierto. Frente a él van y vienen gentes con ropas limpias delatando sus orígenes caseros y sus divinos destinos de salvación. Mujeres semidesnudas apostadas en las puertas de palomares sobrepoblados con rótulos de hoteles y pensiones. Mendigos arrastrando sus hilachas, sus miserias. Con sudaderos que acentúan la delgadez de sus cuerpos hambrientos y la opacidad en sus cabellos. Siempre llevan en el puño de la mano un trozo de tela o una botella de alcohol medicinal. Seis brochas acosando a preguntas a una señora cuyo destino podría ser cualquier rincón de este país. La calle luce ancha a pesar de las ventas y covachas improvisadas desde siempre. Domingo, día de lucir en todo su esplendor los enormes y descoloridos plásticos negros que los cubren. Sobre el arriate del boulevard restos de aluminio, cobre, papel. El centro del reciclaje funcionando a las orillas de este lugar que siempre parece a punto de colapsar. Recuerdo hace años los esfuerzos municipales por desalojar a los miles y miles que a diario vienen. Siempre he pensado que el humo de una patrulla incendiada los hizo desistir. Fueron tiempos feroces. Si existe un lugar cosmopolita y representativo de este país no hay que buscar más. El lodo grisáceo de la calle prevalece. Hace calor, son las once de la mañana. Con ese fondo el blanco del taxi se ve impecable. Tres hombres sentados en el asiento trasero, con cervezas en la mano, camisas arrugadas y abiertas por el pecho. Uno de ellos lleva sombrero. Los músicos, los tres tipos y el taxista parecen hartos de representar una y otra vez el mismo papel. Rutina diaria, modorra dominical. El mariachi toca una canción que desconozco. Me gusta. El soundtrack preciso para una calle en las afueras de la terminal. En los rostros de los músicos puede adivinarse que cuando les paguen las canciones con un par de billetes arrugados terminarán en la cantina de la esquina. Un rótulo en letras rojas y negras pintado a la pared anuncia, BIENVENIDOS AL CIRCULO. </p>
<p> </p>
<p><strong>SIETE A.M. </strong></p>
<p> </p>
<p>Mientras tomo mi desayuno veo pasar al chico que todos los lunes y los viernes toca la puerta de mi casa. Llega por la basura y una vez al mes a cobrar. Lo veo pasar y sé que le va al Municipal. Usa unos lentes redondos como su rostro, moreno, morocho, con el pelo recortado. Un espeso bigote y su playera de pentacampeón cubriendo una buena parte de su pantalón camuflado. Siempre me ha parecido uno de esos tipos que van los domingos a jugar al fútbol para emborracharse después. Tal vez me equivoco. Tal vez va a la iglesia. Pago mi desayuno. Ocho quetzales por dos huevos estrellados, una porción generosa de frijoles refritos y un chorrito de crema. Tortillas recién hechas por una cobanera que mecánicamente las produce con su maquinita. No aplaude, ni sonríe, ni desea buen provecho. Solo baja y sube la palanca de su maquinita. Y una taza de café. Hay algo en esto de los cafés en vasitos de duroport a lo largo de esta calle, en puestos callejeros, comedores y carretillas, no he sido capaz de encontrar dos que sepan igual en distintos lugares o en distintos días en el mismo lugar. Pasa un grupo de policías y soldados, se detienen en la esquina a esperar que el semáforo cambie. Unos chicos harapientos y sucios se embriagan en una tienda. Uno de ellos grita. <em>¡Ya estamos bien a verga! ¡Y qué!</em> Cambia la luz. Los policías siguen su camino y los chicos se quedan brindando. Salud, chocan los octavos y sonríen. Espero llegar a la oficina.</p>
<p> </p>
<p><strong>BLUES, GRIS</strong></p>
<p> </p>
<p>Ha estado lloviznando toda la tarde. Camino hacia la parada del bus con la mirada en el suelo. No quiero levantar la vista, ver a alguien a los ojos que como yo sale de la oficina después de la jornada exacta y el pago esperando en el banco. Y con la sonrisa fingida. No, no quiero. Tomo el bus que camina lento. Solo se escucha el sonido del motor acelerando y desacelerando. Algunos oficinistas con suéter de lana y ropas planchadas se quedan de pie. Ya no hay lugares vacíos. Alguien canta. Apenas logro divisar una parte del traste de una guitarra. <em>Stay close to me, don&#8217;t let me be alone, it&#8217;s tearing apart my blue, blue heart.</em> Una voz otoñal y una paciencia pasajera viajando lentamente de un acorde al otro. Voy viendo los muros de los edificios. No están del todo mojados. Solamente por arriba. La humedad se desliza por ellos cual parafina de una veladora derritiéndose. La canción llega a la parte final. Le ha tomado casi todo el viaje desde que me subí hasta ahora que me apresto a bajar. Ha cantado incluso esa parte que va como en rap. Un susurro. Logro ver al viejo, barba blanca y tez negra. Una desgastada guitarra y un saco sucio. El viejo camina hacia atrás como parte de ese ritual de cientos. Con dulces unos, otros contando una dramática historia, algunos con cortauñas, portagafetes, lapiceros. Cualquier cosa. Hastiado de verlos, preferimos las ventanas aunque por seguridad o más bien por inseguridad, siempre los miramos de reojo. Nos miramos de reojo. Algunos le dan monedas al viejo y las deja caer al fondo de su guitarra. Emiten sonidos secos que rebotan por la caja amplificadora de una tarde gris. Casi parece una coda para el blues que recién acaba de tocar. Acaso el dinero que me depositan en una cuenta bancaria por venderles mi apagado corazón sólo tenga el sonido cacofónico de algunos teclazos y un par de clics. Me bajo. El viejo se queda en la puerta trasera. Camino el par de cuadras hacia mi casa en medio de la misma llovizna. Mis pantalones empiezan a mojarse como los muros, pero al revés. De abajo hacia arriba. A este ritmo mi corazón quedará atrapado entre dos fríos acercándosele, acorralándolo, asfixiándolo.</p>
<p> </p>
<p><strong>TARDE DE DOMINGO </strong></p>
<p> </p>
<p>Es domingo, tarde, casi noche. Las calles de esta ciudad se pierden en la nada, apenas unos carros circulando como si fuese una canción lenta, casi una balada pero sin serlo del todo. Es imposible que un conductor de un automotor sea por lo menos cursi. Ya se sabe como son.</p>
<p>El viento sopla. Bolsas plásticas y basura se arremolinan como en aquella escena de Sam Mendes. Desde el portal de una puerta en un segundo nivel, una chica me mira. Tirita de frío, tiene los brazos cruzados como si se abrazara a ella misma. Una pequeñísima falda negra y otra pieza de igual tamaño la cubren. En una de las manos tiene un jugo o desde donde la miro eso parece. Bebe, sin prisa. Pareciera no tener ganas de entrar al local a sus espaldas. Nadie la ve. Desde esa altura parece dios. Yo también tengo frío. Tal vez cuando entre, la vea y la invite a otro jugo. </p>
<p>El lugar vacío, las luces neón que alumbran el centro del local parecen tristes, siempre lo están. Generalmente siempre hay algún cuerpo contoneándose y eso desvía las miradas. Por eso la tristeza y la soledad se disipan momentáneamente. Esta casi noche en cambio ningún cuerpo se contonea. Será porque hay pocos clientes, más meseros que clientes y más chicas que meseros. Una ecuación que seguramente no cuadra en las cuentas de los administradores. O tal vez sí.</p>
<p>La chica recién se ha despertado, me cuenta. En sus ojos hay una tristeza que intenta convertir en alegría. Agradece a dios por sobre todas las cosas. Otro año de vida. Pero rápidamente toda cortina se desvanece y entonces surgen de sus pequeños ojos algunas lágrimas que intenta contener. Nunca había trabajado para un cumpleaños dice y tiene que tragarse las ganas de romper en llanto. Pide permiso para ir al baño. Tarda bastante en volver. Sorbo el último trago del jugo que pedí. Dejo la pajilla mordisqueada y me voy. Afuera la ciudad también entristece.</p>
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		<title>tantea el camino y verás que en sus vértebras se esconde el silente y potente fulgor de uno y mil manifiestos</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Oct 2010 22:15:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1973]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>
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		<description><![CDATA[Necesita plagarse de olores y sabores. De sensaciones y flujos. Esta urbe inconforme que se compone de arterias y venidas. De sentimientos en construcción permanente algunos y en ruinas otros.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-medium wp-image-785  aligncenter" title="alexis herrera" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2010/10/alexis-herrera-226x300.jpg" alt="alexis herrera" width="226" height="300" /></p>
<p style="text-align: center;"> <strong><a href="http://www.youtube.com/alexisHalquijay">[ALEXIS HERRERA ALQUIJAY]</a></strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p><strong>SOBRE NUESTRA CIUDAD INCONFORME</strong></p>
<p>Necesita plagarse de olores y sabores. De sensaciones y flujos. Esta urbe inconforme que se compone de arterias y venidas. De sentimientos en construcción permanente algunos y en ruinas otros. Un museo lleno de bilis. Una pintura que sangra. Escritos llenos de mierda. Canciones viscerales. Acá todo es naturaleza muerta. En oposición la única naturaleza aceptable es la tuya. Muerta como viva. Seducción cuerpo urbano y ruralmente. Como para emboscarte, si no es que me emboscan antes. En estas condiciones mejor metrópoli no puedo darte. Porque es la única que tengo. Laberintos insospechables. Callejones sin salida. Nadie conoce esta ciudad. Cambio constante. Inconformidad perenne. Felicidad taciturna. Odio explicito. Ciudad de contradicción. Ciudad azotada por mi ausencia. Hace décadas que vengo desapareciendo. Tengo un triángulo lleno de verdades desnudas. Erijo la resistencia a lo políticamente correcto. Me rebelo ante la inconsistencia. Soy consecuente con mis deseos. No me escondo. Únicamente en caso de defensa propia. Desenvaino. Desenfundo. Desespero. Desarmónico. Disonante. No viajo con la marea. Mareo. Doy asco. Doy ganas de vomitar. Golpeo y me golpean, pero me gustan más los puños o dedos que me lastiman a las heridas o dolores infringidos en mi contra. Lastimo porque no tengo otra forma de afectar totalmente una mente intacta. Lastimo con las palabras. Lastimo con mis quejas. Lastimo con la inevitable caricia de mis besos y abrazos. La estima que le tengo a los demás es la misma que ejerzo en mí. Las palabras son una vorágine inentendible. Ilegible. Entonces solo dibujo. Despierto en este amanecer urbano. En este delirio que llamo cárcel. Que arde como infierno. Manos que queman. Mirada que hostiga. Penetración total. Desde los poros hasta el cáliz entrepiernas. Brazos lamidos y axilas relamidas. Besos que se dan. Y otros que esperarán. Como esperma que espera la próxima eyaculación. Como próximo entierro. Como natural resurrección de lo que nunca será eterno. Porque la inmortalidad solamente se alcanza en cada grito o ronroneo que excita y agita ventrículos que antes parecían muertos. Muertos socavados por el miedo. Y que en medio del miedo por fin atrofien lo que queda de nuestros contradictorios, deseables, arriesgados y ensimismados cuerpos. Entrelazados como alambre de amarre, como valla de seguridad, como alambre espigado, junto, pero violento, junto pero seguro de sí mismos y de cualquier intromisión posible a este nosotros corporal. Así como tan citadino y bayunco el mío, como tan natural y machetero el tuyo.</p>
<p> </p>
<p><strong>SOBRE ESCOGER</strong></p>
<p>Abrazos no se aceptan por rutina. Besos no quiero por costumbre. Sueños sin realizar no se permiten. Decisiones sin consulta, ¡nunca! No mentiría para creerte, no mentiría para interesarte, no mentiría para tenerte, no mentiría para acercarme. No. La verdad no es encontronazo, es solamente eso. Verdad. Las palabras exageradas y sin sentido no van. Me río de mí. Me río contigo. Me río de todos. Por vivir. Sincretismo de creencias. Amalgama de gustos. Escojo lo que quiero.</p>
<p><strong></strong> </p>
<p><strong>SOBRE ABRIR</strong></p>
<p>Tomar la iniciativa. Mirar de cerca. Besar. Hacerlo sin hacerlo y finalmente hacerlo. Fue decisión no error. Fue camino no piedra. Camino entre sombras.  Deseos intrínsecos. Abrir la puerta para cerrarla, da miedo. A quién no. Abrir las ventanas no solo para ver afuera o para que entre el viento y te despeine. Abrir las ventanas&#8230;.por abrirlas sin esperar. Abrir puertas. Ventanas. El baño. El techo. La cama. El piso. El alma. Algo así como decir&#8230; esperar con los brazos abiertos&#8230;. sabiendo que nunca se espera realmente. Ya vino. No se ha ido. Se fue lo que tuvo que irse y vendrá lo que venga&#8230;  con su carácter destructivo de renacer&#8230; rehacer&#8230; recrear&#8230; re..  fa&#8230; mi&#8230; tu&#8230; sol.</p>
<p> </p>
<p><strong>SOBRE LA CONFIANZA</strong></p>
<p>Eran las tres de la mañana y por fin logré quedarme dormido. Con la puerta abierta. Pude confiar. A la mañana siguiente logré despertarme sin exaltarme. Me pude sentar hasta atrás en el bus. No sentí detenerme para medir. Al entrar al café sin darme cuenta me senté de espaldas a la puerta. De espaldas a la ventana. Absorto en la confianza pude disfrutar una taza de café sin pensar en el vicio final&#8230;  es decir juicio.</p>
<p> </p>
<p><strong>SOBRE LA ESPERA</strong></p>
<p>Aburrida espera. Esperen. No deje de leer esto. Por lo menos usted llego hasta acá. No deje de leer esto. Si deja de leer. Acá esta la espera. Yo aquí espero. Mientras vuelva seré espera. Espere. Espero que vuelva. No vuelva esperando. Espere volver. Para poder esperar necesita irse uno. Dos. Tres. Las veces que sea. Para poder regresar. No hay que voltear solo para ver. Hay que voltear esperando que se revuelva todo. O se revuelque o se retuerza o se resuelva. Pero si nunca se fue. Se es entonces más de uno. O por lo menos uno mismo. Espere lo que espere, no espere nada de mí. Sólo de su. De si. De uno se desespera. Se desespera uno. Verdad. A medias. A completas. Talvez. No sé. Espere.</p>
<p> </p>
<p><strong>SOBRE LA EDUCACIÓN VIAL</strong></p>
<p>Continúe. No vire. No cruce. Siga de largo. No pida vía. No ceda el paso. No se detenga en rojo. No vea por el retrovisor. Nadie le detendrá. En pendiente nunca frene con motor. En subida vaya lo más despacio. No respete ninguna ley. No se deje llevar por todas esas normas absurdas que sólo le han permitido ser tan calculador. Tan controlador. No sea responsable. Déjese llevar. Lo más que puede pasar es una inevitable caída. Dolorosa. Riesgos los hay. Ventajas no lo sé. Nunca crea todo lo que digan. Sólo puede quedarse entrampado en un solo lugar, a veces el muro revienta sin que usted sepa y puede pasar. Pero si se detiene, voltee a ver, ceda el paso y pida vía, cuando pase en verde, vea por el retrovisor nadie le detendré, cayendo en la pendiente frene con motor, total abajo tiene que llegar. En subida acelere, pero igual llegará hasta arriba. Si respeta la ley. No se deje llevar. Calcule, mida, controle. Sea absolutamente responsable. De todos modos lo único que puede pasar es una inevitable caída. Dolorosa. Riesgos los hay. Ventajas no lo sé. Nunca crea todo lo que digan. Puede quedarse entrampado en un solo lugar, porque a veces el muro se revienta sin que usted sepa y puede pasar&#8230;  y si pasa… que pase lo que tiene que pasar.</p>
<p> </p>
<p><strong>SOBRE EL PRE Y EL POST</strong></p>
<p>Invitación para hacerlo. Se complacía. Te complacía. Hacer saber lo poco indispensable que somos. Se supo lo contrario. Frente a frente. En la cama. En el sofá. En la alfombra. En la mesa. En el baño. En el piso. En el corredor. Nadie se fue. Solo siguieron recorriendo. Corriendo. Sin competencias. Sólo les competía estar. Sin necesitar. Sin dejar de ser. Escupimos por la lejanía. Aborrecemos la cercanía. Entonces medio oriente. Medianía. Medio cerca o medio lejos. Puro intermedio. Pre. Post. También. Se han acabado. Vos estás acabada. Yo estoy acabado.</p>
<p> </p>
<p><strong>SOBRE UN SABELOTODO</strong></p>
<p>El sentimiento más radical ―decía el― es la indiferencia. Construía todo su día alrededor de garantizar quedar en el recuerdo de ella. De que pensara en él. Ella no contestaba a sus llamadas, no lo miraba de reojo, no recordaba su olor. Casualmente se lo encontraba, por momentos reía con algo que pasó en medio del diario vivir. Él trabajaba afanosamente en que ella sintiera su radicalismo. Solamente siendo consecuente consigo mismo podría encontrar la paz. No estaría tranquilo hasta saber que su tiempo se convertía en necesidad de ella. Ella dormía tranquila. Se bañaba acariciándose porque su autoestima se lo pedía. Desayunaba sola. Disfrutando la compañía de su rutina. Por momentos pensaba en encontrarse casualmente con alguien y pasar un buen rato. Él se dormía pensando en su táctica y estrategia. Ella se despertaba con la sensación de que ¡sí, sería un buen día! Él finalmente se despertaba con la ansiedad de no saber nada de ella, de no tener noticias, de no leer sus correos, de no escuchar su voz. El sentimiento más radical ―decía el― es la indiferencia. Ella dormía tranquila.</p>
<p> </p>
<p><strong>SOBRE LA MIGRACIÓN</strong></p>
<p> Boleto sin aduana, sin chequeos, sin trámites, sin pena, sin culpa. Llego a donde voy, soy de donde estoy, viajo con limitado equipaje. Llego en punto exacto de mi llegada, preciso de mi partida. Para salir, sólo sé irme. Dejo todo, me olvido de mí, para no repetirme, para no arrepentirme. Sin compra de boleto salgo. Sin culpa. Sin pena. Sin trámites. Sin chequeos. Sin aduanas.</p>
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		<title>deja que pase la luz, deja que la medicina inunde tu alma y que caiga el peso que te agobia la existencia</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 00:38:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1980]]></category>
		<category><![CDATA[Antigua Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
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		<description><![CDATA[Lúgubre recuerdo perdido en la memoria del incansable necio que oculta penas y sobrepasa caricias.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-medium wp-image-442  aligncenter" title="lucía silva" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2010/02/lucía-silva-300x244.jpg" alt="lucía silva" width="300" height="244" /></p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://pazaluz.blogspot.com/">[LUCÍA SILVA]</a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Lúgubre recuerdo perdido en la memoria del incansable necio que oculta penas y sobrepasa caricias. Sobria mirada la de la mujer amada que encarna en su vientre la tristeza de un fruto vacío y vencido por el viento. Caminos de polvo con espinas, llenos de felicidad a medias, cuántas noches he de oír su voz trémula ante el recuerdo que llena y agranda ese espacio. En solitario me despido noche a noche con un beso, pero las lágrimas se caen y se pierden, ¿se habrá perdido él también?</p>
<p> </p>
<p><strong>MUERTE</strong></p>
<p> </p>
<p>Muerte, tan pálida y tan lúcida a la vez,</p>
<p>¿Dónde estás cuando te llamo y por qué me abrazas cuando no estoy?</p>
<p> </p>
<p>Cantas sobre mis oídos</p>
<p>El frío dicho que reprime mi condena</p>
<p>Y es tan oscura tu mirada que al reír contigo perdería mi inocencia.</p>
<p> </p>
<p>Calma las ansias de la espera abrumadora,</p>
<p>Que en mis ojos no hay cristales que ya por ti bañen ilusiones,</p>
<p>El olvido es ciencia difícil para mi mente recurrente</p>
<p>Y el tiempo ya no borra lo que te hace tan presente.</p>
<p> </p>
<p>No te burles del cansancio de mis fuerzas que aún no despiertan, después de la agonía,</p>
<p>Mis alas ya caídas pierden la fe de levantarse entre las rosas.</p>
<p> </p>
<p>Sólo no me lleves a las llamas</p>
<p>Que en vida queman más que el fuego de tus entrañas.</p>
<p> </p>
<p>No me despiertes de este sueño tan profundo,</p>
<p>Que caer de nuevo no sería tan humano,</p>
<p>Mejor hazme parte tuya</p>
<p>Y no me entregues a las fieras</p>
<p>Que consumen la esperanza.</p>
<p> </p>
<p>Háblame despacio y sin verme a los ojos,</p>
<p>Trágame tan lento que no se sienta tu aliento a tristeza</p>
<p>Y yo no sepa que has ganado.</p>
<p> </p>
<p>* * * * * *</p>
<p> </p>
<p>Sobre una lágrima espesa yace la virtud que se desprende desde el fondo y recorre con exactitud los limbos de mi canela piel, va disecando orgullos y virtudes hasta agobiarse endurecida por el sol, como una aliviada orquestina que amanece afónica, desbaratando nubes. O talvez como el volcán que se vuelca y arde, rompe y dibuja insospechables maravillas sobre un cielo oscurecido.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>EL SILENCIO</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Me siento incompleta desde que perdí la palabra</p>
<p>He buscado entre mares y arenas</p>
<p>Perdidas, lejanas y oscuras,</p>
<p>Abruptamente he notado su desaparición.</p>
<p> </p>
<p>He perdido el olvido</p>
<p>Anuncio con pena que no lo recuerdo</p>
<p>¿Saben de él?</p>
<p>¿Alguien le conoce?</p>
<p> </p>
<p>Lóbrega y apaciguada manera</p>
<p>De deshacerse de mí,</p>
<p>Tan sutil, tan débil</p>
<p>Que casi ni le siento.</p>
<p> </p>
<p>Ya mis ojos ciegos</p>
<p>No lloran por él,</p>
<p>Pues la luz en la que se reflejaban</p>
<p>No se dejará ya más nunca ser,</p>
<p>Pues ahora le reconozco,</p>
<p>y el viento me susurra al oído:</p>
<p>«El silencio».</p>
<p> </p>
<p><strong>VIAJES</strong></p>
<p> </p>
<p>Empaco…</p>
<p> </p>
<p>Coloquios angustiosos,</p>
<p>Silentes componendas</p>
<p>Que relatan invariantes</p>
<p>Los vocablos morroñosos,</p>
<p>Invidentes quebrantos</p>
<p>De poca devoción.</p>
<p> </p>
<p>Desdoblo…</p>
<p> </p>
<p>Pensares afligidos</p>
<p>Impotentes argumentos,</p>
<p>Que aspiran pernoctar</p>
<p>En tu designio.</p>
<p> </p>
<p>Menguo y titubeo…</p>
<p> </p>
<p>Escurro de tristeza,</p>
<p>Alondra vulnerable,</p>
<p>Beso lejano</p>
<p>Que se encierra en mi baúl.</p>
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		<title>es casi un dictamen: el calor aniquila estas palabras. el frío las revive. son&#8230; palabras, lamentos, no sé</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2010/02/01/es-casi-un-dictamen-el-calor-aniquila-estas-palabras-el-frio-las-revive-son-palabras-lamentos-no-se/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Feb 2010 23:41:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1990]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Acabo de sentarme y ahora suelto la lluvia.  Las palabras caen como gotas y no sé dónde terminarán. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-744" title="diego ochoa" src="http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2010/02/diego-ochoa1-300x168.jpg" alt="diego ochoa" width="300" height="168" /></p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://manifestacionultranatura.blogspot.com/">[DIEGO FERNANDO OCHOA]</a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LLUVIA</strong></p>
<p>Acabo de sentarme y ahora suelto la lluvia.  Las palabras caen como gotas y no sé dónde terminarán.  Tampoco sé si inundarán los ojos y la mente de quien tenga la mala fortuna de leer mis incoherencias húmedas, más resbaladizas si no tengo nada para contar a quien se moje.</p>
<p>¿Qué deseará saber?  Mi vida no interesa a nadie.  Es aburrida.  ¿Para qué contar detalles de mi propia carrera en el continuo espacio-tiempo si otros corren una propia?  ¿Y si quien se sienta sorprendido por el chubasco descubre que mi vida y la suya se parecen?  Seguramente despreciará haberse mojado y dirá, más o menos: “Si para esto salí y leí, maldito sea.  Este bandido me arroja agua que ya he bebido y con la cual me he empapado…”</p>
<p>No.  Yo no deseo tal tormenta; pero, ¿qué he de contar?  El tiempo siempre apremia y ya solté palabras de más.  ¿Podría?  Sí, podría apelar a mi imaginación, ver una rosa e inventar una historia en torno a esa flor manoseada por el amor y la palabra, aunque existan cuentos de rosas hasta en el papel higiénico.  Mas me quedaría corto siempre, porque al igual que rosas, ha llovido de todo en todos los tiempos.  Se ha agotado el amor, el odio y las otras curiosidades humanas; se erosionaron las escenas cotidianas, los misterios y los descubrimientos; la poesía repite con otros giros lo que se ha dicho de la vida; la magia y la fantasía están inundadas.  Total, en estas líneas donde más valdría la sequía, de nada puedo hablar, nada es interesante.  Aunque…</p>
<p>El sol ha vuelto a salir.  Estrella molesta durante el día, ahora metáfora conveniente que libera al lector y le seca estas palabras sin sentido y para nada…  La historia será para otra ocasión, si mi cerebro está fresco, tal vez con algunos relámpagos y mucha ventisca…  No lo sé.</p>
<p> </p>
<p><strong>MUERTE</strong></p>
<p>Mi muerte fue revelada cuando mi tubo neuronal comenzó a desarrollarse en lo que entonces constituía mi cuerpecillo.  Eran imágenes claras, no comprensibles para un no nacido, que mostraban el momento exacto del final de mi vida, el anterior, el posterior y cualquier otro.</p>
<p>¡Vaya ironía!  Mi nacimiento aún era un suceso lejano y ya se vislumbraba mi culminación mortal.  Fue la gran revelación acompañada por el hecho de saber que podía hablar, resoplando las palabras dentro del líquido amniótico, sabedor de que mi madre no escucharía.  Preguntaba sobre las visiones y su significado a la placenta, lo que tenía más cerca, pero no obtenía respuesta.  Yo veía el punto y final, mas ignoraba las implicaciones.</p>
<p>Así continuó el resto de mi desarrollo hasta el día de mi salida al mundo de aire, tierra, agua y fuego.  Mi cerebro ya tenía el tamaño adecuado para acomodar los sueltos que revoloteaban alrededor de mi cordón umbilical.  Mis sinapsis pequeñas y mi capacidad para hablar lograron, justo cuando el doctor extraía mi cabeza fuera del  cuerpo de mi madre, establecer el significado fatal… y me asusté.  Conocí el terror por primera vez en mi vida, en la etapa más inverosímil, y vi la luz.  Era un destello que me pareció calmante, la seguridad de que mi cerebro se relajaría para trazar, a partir de ahí, un plan para evitar aquella muerte espantosa o, si tal objetivo resultase inalcanzable, al menos una manera de afrontarla con dignidad a su llegada…</p>
<p>En mala hora comprendí el sentido de “dar a luz”, porque en realidad significó el olvido, un susto desgarrador acompañado de mi primer llanto, ese que todos dicen se debe a la nalgada del doctor, pero que en realidad es debido a la comprensión y la subsiguiente pérdida de memoria.</p>
<p>El llanto también me despojó de mi superioridad utópica.  Me arrancó la capacidad para hablar; por ello tuve que volver a aprenderla en mi niñez, lamentablemente con un maldito  nivel inferior al de mi estado fetal.</p>
<p>Ahora la certeza de mi final inminente ya no me atormentaría, aunque el tema reluciera casi todos los días conforme crecía y mi cerebro maduraba con un maldito nivel inferior al de mi estado fetal.  Nada era tan impactante, pues no tenía idea de cómo sería mi último suspiro.  Jugaba con mis hermanos, me educaba con mis padres y el resto de la sociedad; asimilaba las opiniones de las personas y las cambiaba; percibía mi entorno y lo aceptaba o lo rechazaba; en fin. Vivía.</p>
<p>Entonces, recordé los sueños, las imágenes que siempre asocié con significados místicos, premoniciones disparatadas y mensajes surrealistas. Los sueños, que olvidé y rememoré a un tiempo de pesadilla.  Los sueños, que hace poco relacioné y conecté para recuperar las visiones olvidadas en el momento de nacer y ver la luz.</p>
<p>Gracias a mis vagabundeos del subconsciente, recobré las experiencias de mis estados embrionario y fetal.  Mi lenguaje.  Y mi revelación.  Las luces, las sombras, los actores y los contextos me comunicaron claramente que moriré mañana.</p>
<p> </p>
<p><strong>ORACIÓN</strong></p>
<p> </p>
<p>Padre nuestro que no estás en los cielos sino aquí,</p>
<p>en cada bocanada de aire que ingresa a mi ser.</p>
<p>No santifico ahora tu nombre</p>
<p>porque sé que sos único,</p>
<p>sin nada de nuestra naturaleza,</p>
<p>y que por ello te da igual escuchar santo o miserable.</p>
<p>Que no venga tu reino,</p>
<p>pues sos tan perfecto como para querer uno,</p>
<p>nos  diste la veta intelectual suficiente</p>
<p>para vivir mejor hasta en la anarquía celestial y terrenal.</p>
<p>Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo,</p>
<p>mas no conmigo, por favor;</p>
<p>yo te pido que no me hagás un títere,</p>
<p>que me dejés solo para hacer lo conveniente con mi vida.</p>
<p>Danos nuestro pan de cada día,</p>
<p>y también nuestro frijol y arroz,</p>
<p>carne, agua y otros alimentos si se puede;</p>
<p>que no nos cuesten tanto,</p>
<p>ya tenemos suficiente con los precios</p>
<p>y con las personas de más en este mundo.</p>
<p>No te molestes en perdonar nuestras ofensas,</p>
<p>porque nosotros no perdonamos a quienes nos ofenden.</p>
<p>Déjanos solos en la tentación,</p>
<p>para que seamos nosotros quienes elijamos caer o no.</p>
<p>Pedirte que nos liberes del mal es pedirte un imposible;</p>
<p>sería como pedir que me liberes de mí mismo</p>
<p>o de quienes me rodean.</p>
<p>Y amén no digo,</p>
<p>porque no atendés nada, ni a esta oración.</p>
<p>Sos demasiado perfecto</p>
<p>como para que te preocupe cualquiera de nosotros…</p>
<p> </p>
<p><strong>TACHONES</strong></p>
<p> </p>
<p>Hablaré con palabras de más, ya sabrán por qué.  Por favor, sigan conmigo y entérense  de lo que deseo expresar: los autores deberían esforzarse para tachar menos sus escritos…</p>
<p><em>ay si vos ya creerás que eso es posible no no es posible tachar menos al menos no como vos querés mirá este pedazo adiviná qué no hay</em></p>
<p>Quienes escriben no tienen concepto del mal que provocan al rayar las palabras que ya han fijado con tinta…</p>
<p><em>no hacen mal hacen bien mirá si dejaran su creación tal y como la tienen en su primera concepción habrá errores ilusiones palabras inconexas frases ilógicas pesadez todavía no adivinás en este pedazo adiviná qué no hay</em></p>
<p>Millones de páginas creadas ya constituyen una fuerza en sí.  Desde Homero hasta ayer por la mañana, los tachones reúnen energía para emerger…</p>
<p><em>de qué hablás no te entiendo es imposible que los rayones cobren vida aquí sólo los bios son vida</em></p>
<p>A nadie se le ocurre.  Tachan porque deben hacerlo.  Los autores se concentran mucho en su trabajo, y este ambiente es el camuflaje perfecto para que los tachones actúen en silencio.  Si supieran lo que pretenden obrar…</p>
<p><em>necio necio necio quienes te lean te creerán estúpido te echarán pestes por obligar a sus ojos a leerte no hay nada más ridículo que lo tuyo en materia y forma no es literario es desesperado todo lo inventaste porque querías hablar de algo no es original muchos</em></p>
<p>No son los tachones, sino las palabras bajo los rayones…</p>
<p><em>en este pedazo adiviná qué no hay</em></p>
<p>Por el mismo motivo este aviso está libre de tachones; como lo pensaron, lo escribieron.  Se sabe que el exceso de palabras aburre la mente y provoca críticas negativas; mas prefiero las pestes, porque esta advertencia no quiere contribuir con el mal de los tachones y, más que ellos, las palabras bajo los rayones…</p>
<p><em>no me asustás a nadie asustás y ya que tanto hablás decí de una vez cuál es el mal el gran mal el mal nunca sospechado oculto bajo la concentración de miles de autores en este pedazo adiviná</em></p>
<p>No hay puntuación, está bien; ya adiviné.  Seguramente así te presentaste para provocarme, haciéndome creer que tachaste todos los signos.  No te resultó, ¿sabés?, porque adiviné de inmediato que no te hacía falta tachar; sólo omitiste los signos, eso es diferente.</p>
<p><em>Ya.  Bien.  Ganaste.  Decí qué te preocupa, pues, ¡oh gran profeta, charlatán, bullanguero, malnacido y…!</em></p>
<p>Los tachones y las palabras bajo los rayones ocuparán el lugar de las letras consagradas; cobrarán su venganza.  Suplantarán a los textos definitivos de todas las obras maestras y de las obras no tan maestras.  Aquello que no quería decirse dará a conocerse.  Toda la belleza poética desaparecerá bajo la tosquedad defecada de los manuscritos, ya no…</p>
<p><em>¡Oh!  Eso es bastante malo.  Bastante malo como para creerlo.  Ya te dije que los tachones no cobran vida.  Lo que contás es estúpido; ya me cansé de oírte.</em></p>
<p>Todo es cierto.  La literatura desaparecerá bajo los ácidos vengativos de las palabras desechadas.  Más simple no pude anunciarlo, merced a la palabrería anterior de parte mía y de parte tuya.  La consigna de los tachones y de las palabras bajo los rayones es simple: si nadie los lee, entonces nadie leerá nada.  La literatura desaparecerá, y no quiero imaginar lo que ello implicaría…</p>
<p><em>Alarmista charlatán.  Está bien: suponiendo que te creemos, ¿qué demonios sugerís?</em></p>
<p>Ya lo expuse al inicio: los autores deberían esforzarse para tachar menos sus escritos…</p>
<p><em>Lo mismo dará que tachen a que dejen correr la tinta, publicando después su primer manuscrito.  Total, leeremos la bazofia que tanto querés evitar.</em></p>
<p>Por lo menos, esta bazofia irá junto con las verdaderas expresiones…</p>
<p><em>Igual de preocupante y terrorífico.  Mejor ya me voy;  ya me cansaste.  Todo esto no es cierto, y si lo es</em></p>
<p><em>a todos que se preparen ya no habrá nada que decir no habrá nada sobre lo cual escribir todo será espuria tortura la literatura desaparecerá está condenada en este pedazo adivinen qué no hay</em></p>
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		<title>malas mariposas de verano inmersas, catastróficamente, en cinco kilos de vacío, en cinco egos sucios, jibarizados</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2009/11/04/malas-mariposas-de-verano-inmersas-catastroficamente-en-cinco-kilos-de-vacio-en-cinco-egos-sucios-jibarizados/</link>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 07:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1978]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
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		<description><![CDATA[Un grillo ha entrado en mi habitación por debajo de la puerta. Sigiloso, se ha quedado quieto un momento a medio metro de ella. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://4.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/SvEwNEQw-NI/AAAAAAAABp4/886W9U12PoE/s1600-h/rafaelromero1.JPG"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5400150429234428114" style="text-align: center; margin: 0px auto 10px; width: 300px; display: block; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/SvEwNEQw-NI/AAAAAAAABp4/886W9U12PoE/s400/rafaelromero1.JPG" border="0" alt="" /></a><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong></strong><strong><span style="color:#3333ff;"><a href="http://www.epifaniadomesticadelanostalgiapura.blogspot.com">[RAFAEL ROMERO]</a></span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>HISTORIAS DEL VACÍO (THE HEAD OF STATE)</strong></p>
<p>Un grillo ha entrado en mi habitación por debajo de la puerta. Sigiloso, se ha quedado quieto un momento a medio metro de ella. No sé si desde allí me está observando. Como sea que fuere, dudo que pueda importarle. Ha venido aquí por otros asuntos, por asuntos personales que poco tienen que ver con mi presencia. Enemigo de las bombillas y de los espacios demasiados iluminados, ahora se ha escondido cerca de una de las aplastadas patas del baúl en donde guardo cientos de revistas. Su pequeña sombra (y no su ruido, puesto que no es hacer llamadas lo que le interesa), lo delatan. Definitivamente, no se equivocó de habitación: en la mía, mi madre acaba de aplastar a una cucaracha que escalaba la pared del fondo. ¿Cómo diablos se habrá enterado de esto? No tengo idea. Lo cierto es que está aquí para corroborar el chisme, si es que esto fue lo que lo motivó a hacer el viaje. Los restos de la pobre cucaracha quedaron medio esparcidos detrás de mi ropero. Algo más de lo que era quedó embadurnado en la pared donde la suela de una sandalia chocó violenta. Otro ectoplasma más de animal procedencia. En alguna parte del grillo se concentra un lejano pero intenso temor de que algo similar le ocurra, no en la pared sino en el suelo. En algo confluimos. Nuestro temor parece ser el mismo. Desde mi viejo sillón de pita me agacho un poco y, sin verlo claramente, me compadezco. La existencia, en general, es diversa en temores. Por eso.</p>
<p>Debido a sus hábitos nocturnos, al igual que millones de grillos debajo de miles de baúles, por ejemplo; y a su canibalismo, no repara en la peligrosidad de sus movimientos y decide abandonar su virtual escondite. En ese preciso momento, yo estoy escribiendo esto. El tiempo se detiene misteriosamente. Otra blanca mentira de las películas, imagino sonriendo. Pero las agujas del reloj ya no circulan. Mis piernas no se mueven. La polilla deja de roer mis libros. Mis ojos se quedan estancados enfocando la pantalla. Las teclas no funcio…</p>
<p>…nan. El susto duró sólo un minuto. En ese minuto el grillo pudo cruzar mi habitación sin que yo lo aplastara con mi sandalia. Todo vuelve a funcionar de nuevo. La sangre corre y mis vías respiratorias responden. El grillo está detrás de mi ropero tambaleándose sobre una alfombra de polvo y telarañas. El cuerpo sin vida de la cucaracha lo incita a aproximarse. Al hambre no se le puede persuadir con nada. Seguramente al terminar de llenarse las tripas, esperará a que yo apague la luz y entonces dará rienda suelta a sus famosos trinos. A mí me encantaría oírlo, pero desafortunadamente no hay lluvia y yo no necesito canciones de cuna. Así que antes de que me arrepienta, tomo la sandalia, me hinco y estiro el brazo para aplastarlo junto a las migas de cucaracha que dejó en el suelo. Los riesgos jamás desaparecen mientras este mundo no le pertenezca a nadie.</p>
<p><strong>MOMENTUM II</strong></p>
<p>Ella se había soltado de mi mano y en su boca llevaba un bebé pingüino. Ya no corríamos. La poca comodidad de un banco de cemento, nos era suficiente. Traté de besarla y acabé vomitando. Tomó el bebé pingüino y empezó a frotarlo en sus pechos. Estaba tratando de darme a entender que quería destetarme, que ya no era necesario darme de sus pechos. Y vi su rostro, convertido en escaparate. Y sentí mi corazón, convirtiéndose en antena. Y entonces recordé que nada de eso podía ser verdad, puesto que, para empezar, yo aún era una niña. Y el Sol titilaba, como nerviosa estrella cansada de estar en el mismo altar de siempre. De pronto, Ella lloraba; el pajarraco había huido de sus manos. Yo veía el suelo. Yo veía como brotaban pequeñas cabezas de alfiler en el suelo. Ella me dijo que vendría más seguido; tres veces cada año bisiesto. Por su olor a forastera, supe que mentía. Y el Sol allá, histérico, llamando la atención de los mortales. Quiero que me penetres antes de la medianoche, me confesó cruzándose de brazos. No respondí. Pasó un minuto. El golpe que me hizo entender que debía obedecer, cambió mi estado. Entonces nos pusimos de pie, robamos una bicicleta de madera y pedaleamos juntas. El eco de la tarde reverberaba en mis oídos. Besé su vulva de cera derretida. Había anochecido. Ella era el Limbo y yo su idea prematura. Los días oscuros en los que cerdos decapitados aparecían para incitarnos al delirio, habían terminado. En algún lugar de su cuerpo, más allá de su blusa de satín, quedaron mis ojos taciturnos.</p>
<p><strong>CIUDAD DE MIERDA (FOCALIZACIÓN AVERBAL)</strong></p>
<p>[…un hombre entrado en años con un gallo bajo el brazo en aquella acera cerca de un lugar poco o nada conocido la pobre ave envuelta en hojas de papel periódico de un domingo antes y ajustada con pita amarilla con la respiración agitada por el tumulto de peatones y las miradas curiosas de algunas gentes los vehículos al igual que el hombre y su mascota-alimento de un lado a otro en busca del destino el zumbido de las moscas sobre un trozo de cuero cabelludo tirado en una bocacalle el calor un mocoso enfermo y desnutrido más pálido que un mausoleo con restos de vómito en sus comisuras y los ojos saltones acurrucado en los brazos de su malencarada madrastra la hedentina aroma de los pies de los pedigüeños tumbados en la misma banqueta de siempre también presente una vieja rama desprendida de su tallo ahora impidiendo el paso en alguna de las calles un dedo mutilado casi como un ciego pez adormecido en el desagüe las pintas en los muros percudidos por el tiempo y por el tufo de la máquina efecto-paranoia un motor y un detonante al mismo tiempo diafanidad ¿en dónde? quizás en la toalla femenina asida a la quijada de un perro rendido ante la permanencia del desconcierto y del peregrinaje sin rumbo y sin significado una mujer de regular porte sentada en un borde con un pelo en la teta derecha en pleno crecimiento quizás por no haber amamantado nunca a nadie el sostén de plástico demasiado pequeño para sus medidas su moral también desconocida casi inexistente la basura su risa y sus matices de insignificante ser más evidentes que la pestilencia en la boca de un borracho el cuchillo el cuchillo oxidado pero aún filoso en el cuello del rebelde del antisocial y del desadaptado allí la sangre como un sacrificio inútil e infructuoso ¡Hosanna! por fin una apertura un renacer y abrir de ojos la muerte con su juego de dados azarosa y justiciera pero siempre merecida maldito el muerto y su infortunio una pesadilla con ampollas infectadas de viruela y un amanecer reinventado carente de secretos todo aquí todo aquí y ahora conato de cotidianidad aceptada por un lado mecha de un infierno fulgurante por el otro…]</p>
<p><strong>SACRAMENTOS</strong></p>
<p><strong>6<br />
</strong><br />
Es la cuarta botella de ginebra que compro esta semana y estamos a miércoles. Angélica tenía razón: soy un desastre. Jamás fui capaz de prometerle un futuro. Mi mente siempre estaba ocupada en arrebatarle un poco de vida a este planeta. La sobrepoblación no es tu maldito problema, me decía ella, Angélica, mi ex novia, aunque no tuviese ni la más mínima idea de lo que estaba diciendo. Ahora que me doy cuenta, me resulta difícil no incluirla en esta historia. Habría comprado un anillo con el dinero de la tercera edición de Metanoia, creo que es eso lo que más me duele. En fin, ahora que nos separan millas y millas de distancia y que cuando menos me lo espere, me mudaré al cementerio que queda al fondo de la calle, todo lo que diga lleva implícito desde ya el sello de caduco e inservible. Los miércoles, precisamente, eran los días que más trabajaba. El plan de exterminio lo elaboraba el fin de semana y lo retocaba los lunes, mientras me drogaba. Drogado, las vidas que pronto iría a convertir en muertes, me importaban lo que una oxidada moneda a un millonario. Luego me daba por esconderme en el closet y pretender que alguien me buscaba y que al abrir una de las puertas del closet, ¡buh!, lo asustaba. Era lo que hacía de niño, cuando me quedaba a dormir en casa de mis primos. Una vez, mi prima Monse se orinó del susto y me golpeó con el tacón de un zapato de la tía. Juré matarla, pero en vez de eso, tres años después, la besé en la boca e hice que tocara mi pene. Era nuestra Primera Comunión, creo.</p>
<p><strong>ALGO VISCOSO (DUALIDADES CALLEJERAS)<br />
</strong><br />
Tú, lector o lectora, que sales a la calle constantemente, víctima quizás de la típica fobia al aburrimiento cotidiano, ¿te has percatado alguna vez de ese tipo con el rostro someramente descompuesto, con aires de no saber exactamente qué es lo que ocurre y por qué tiene que mirar lo que está mirando?, ¿has notado su presencia entre una multitud de individuos ataviados con prendas de efímero valor y movidos por una misteriosa necesidad de desplazamiento?, ¿te has fijado en él cuando te dispones a pisar el paso de cebra que tienes por delante o cuando te sientas a esperar el 208 en la parada más concurrida?, ¿has sentido su espíritu en los solitarios y gigantescos parques a los que vas a desconectarte del día a día, a fumar un poco de hachís o a intercambiar con tu tal para cual una simpática ración de fluidos corporales entre la espesa hierba, detrás un frondoso sauce?, ¿lo has visto deambular por las plazas, las anchas avenidas, las asfixiantes estaciones de buses y los tétricos túneles del metro?, ¿has abierto bien esas sensibles películas que recubren tus ojos para verlo por ahí, caminando una y otra vez por las mismas calles, yendo y viniendo, gastando visiblemente el lado izquierdo de su zapato izquierdo y el lado derecho de su zapato derecho?, ¿has observado, por casualidad, que aunque vaya solo mueve los labios como queriendo convencer al aire de que el silencio es tan sólo un espejismo, una ilusión auditiva, un requerimiento hospital-bibliotecario?, ¿lo has visto de reojo cuando camina a tu lado en la acera o en los pasillos de los magnánimos centros comerciales a los que vas a sufrir de placer los fines de semana?, ¿te has percatado de que algunas veces comparte ascensor contigo, de que baja por las escaleras eléctricas cuando tú subes, de que está sentado en la mesa menos visible del café, en la que quizás por cuestiones de pésima iluminación y salud mental jamás te sentarías?</p>
<p>Pues bien, ese tipo se parece mucho al autor de estas líneas. El problema es que el autor de estas líneas también se parece mucho a ese tipo. El autor de estas líneas lo sabe; ese tipo no. El autor de estas líneas (o ese tipo) carece de identidad; vive de trazos, de marcas, de posiciones, de categorías. A veces, cuando voy (va) por la calle, lo veo observándome; me paralizo entonces, bajo la mirada y me dan ganas de retroceder o simplemente, como tú, lector o lectora, perderme entre la multitud y fingir que no ha pasado absolutamente nada, excepto que la aguja de un gran reloj incrustado en una fachada antigua se ha detenido un poco a emitir el mismo suspiro de cuando nos llevamos la mano a la cabeza… y hay sangre, o algo viscoso.</p>
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<p align="center"><strong><span style="color:#3333ff;"><a href="http://www.epifaniadomesticadelanostalgiapura.blogspot.com"></a></span></strong></p>
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