deja que pase la luz, deja que la medicina inunde tu alma y que caiga el peso que te agobia la existencia
Lúgubre recuerdo perdido en la memoria del incansable necio que oculta penas y sobrepasa caricias.
1980, Antigua Guatemala, poesía, prosa
Lúgubre recuerdo perdido en la memoria del incansable necio que oculta penas y sobrepasa caricias.
Acabo de sentarme y ahora suelto la lluvia. Las palabras caen como gotas y no sé dónde terminarán.
Un grillo ha entrado en mi habitación por debajo de la puerta. Sigiloso, se ha quedado quieto un momento a medio metro de ella.
Solía despertarme la lengua fría y pegajosa de un perro blanco acariciando mis pies descalzos. Estaba tumbado en la arena y el sol abrasaba la brisa marina y la convertía en polvo de vapor.
Te recuerdo desde un punto suspensivo. Pausa silenciosa entre el eco y mi voz. El signo de interrogación analizacada trazo olvidado.
Una luna escarlata se cierne sobre las desoladas calles, iluminadas por lo rojizo de la luz reflejada por el astro, de la tierra comienzan a brotar extremidades.
No fue agradable morir en la cruz, ¿verdad muchacho? Sufriste como todo hombre, e incluso clamaste por tu vida.
Esta habitación se tiñe de un negro más oscuro que mis propios pensamientos,
la nube negra de un futuro incierto envuelve mi ya frío cuerpo llenándome de agonías.
Ayer en horas de la madrugada fue encontrado el cuerpo sin vida de un verso no identificado, de sexo masculino de aproximadamente dos días de inspiración.
Casi tan malo como cuando se te cae un cigarro encendido sobre el pelo de alguien que te chupa la pija a 120 km/h en la autopista de Palín y te recuerda que nunca en tu vida pasada viste la auto-destrucción…