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	<title>TE PROMETO ANARQUÍA &#187; nosostromos</title>
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	<description>Procesión poética desde las fauces de un país en llamas</description>
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		<title>malas mariposas de verano inmersas, catastróficamente, en cinco kilos de vacío, en cinco egos sucios, jibarizados</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2009/11/04/malas-mariposas-de-verano-inmersas-catastroficamente-en-cinco-kilos-de-vacio-en-cinco-egos-sucios-jibarizados/</link>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 07:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1978]]></category>
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		<description><![CDATA[Un grillo ha entrado en mi habitación por debajo de la puerta. Sigiloso, se ha quedado quieto un momento a medio metro de ella. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://4.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/SvEwNEQw-NI/AAAAAAAABp4/886W9U12PoE/s1600-h/rafaelromero1.JPG"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5400150429234428114" style="display: block; margin: 0px auto 10px; width: 300px; height: 400px; text-align: center;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/SvEwNEQw-NI/AAAAAAAABp4/886W9U12PoE/s400/rafaelromero1.JPG" border="0" alt="" /></a><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong><strong><span style="color:#3333ff;"><a href="http://www.epifaniadomesticadelanostalgiapura.blogspot.com">[RAFAEL ROMERO]</a></span></strong></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>HISTORIAS DEL VACÍO (THE HEAD OF STATE)</strong></p>
<p>Un grillo ha entrado en mi habitación por debajo de la puerta. Sigiloso, se ha quedado quieto un momento a medio metro de ella. No sé si desde allí me está observando. Como sea que fuere, dudo que pueda importarle. Ha venido aquí por otros asuntos, por asuntos personales que poco tienen que ver con mi presencia. Enemigo de las bombillas y de los espacios demasiados iluminados, ahora se ha escondido cerca de una de las aplastadas patas del baúl en donde guardo cientos de revistas. Su pequeña sombra (y no su ruido, puesto que no es hacer llamadas lo que le interesa), lo delatan. Definitivamente, no se equivocó de habitación: en la mía, mi madre acaba de aplastar a una cucaracha que escalaba la pared del fondo. ¿Cómo diablos se habrá enterado de esto? No tengo idea. Lo cierto es que está aquí para corroborar el chisme, si es que esto fue lo que lo motivó a hacer el viaje. Los restos de la pobre cucaracha quedaron medio esparcidos detrás de mi ropero. Algo más de lo que era quedó embadurnado en la pared donde la suela de una sandalia chocó violenta. Otro ectoplasma más de animal procedencia. En alguna parte del grillo se concentra un lejano pero intenso temor de que algo similar le ocurra, no en la pared sino en el suelo. En algo confluimos. Nuestro temor parece ser el mismo. Desde mi viejo sillón de pita me agacho un poco y, sin verlo claramente, me compadezco. La existencia, en general, es diversa en temores. Por eso.</p>
<p>Debido a sus hábitos nocturnos, al igual que millones de grillos debajo de miles de baúles, por ejemplo; y a su canibalismo, no repara en la peligrosidad de sus movimientos y decide abandonar su virtual escondite. En ese preciso momento, yo estoy escribiendo esto. El tiempo se detiene misteriosamente. Otra blanca mentira de las películas, imagino sonriendo. Pero las agujas del reloj ya no circulan. Mis piernas no se mueven. La polilla deja de roer mis libros. Mis ojos se quedan estancados enfocando la pantalla. Las teclas no funcio…</p>
<p>…nan. El susto duró sólo un minuto. En ese minuto el grillo pudo cruzar mi habitación sin que yo lo aplastara con mi sandalia. Todo vuelve a funcionar de nuevo. La sangre corre y mis vías respiratorias responden. El grillo está detrás de mi ropero tambaleándose sobre una alfombra de polvo y telarañas. El cuerpo sin vida de la cucaracha lo incita a aproximarse. Al hambre no se le puede persuadir con nada. Seguramente al terminar de llenarse las tripas, esperará a que yo apague la luz y entonces dará rienda suelta a sus famosos trinos. A mí me encantaría oírlo, pero desafortunadamente no hay lluvia y yo no necesito canciones de cuna. Así que antes de que me arrepienta, tomo la sandalia, me hinco y estiro el brazo para aplastarlo junto a las migas de cucaracha que dejó en el suelo. Los riesgos jamás desaparecen mientras este mundo no le pertenezca a nadie.</p>
<p><strong>MOMENTUM II</strong></p>
<p>Ella se había soltado de mi mano y en su boca llevaba un bebé pingüino. Ya no corríamos. La poca comodidad de un banco de cemento, nos era suficiente. Traté de besarla y acabé vomitando. Tomó el bebé pingüino y empezó a frotarlo en sus pechos. Estaba tratando de darme a entender que quería destetarme, que ya no era necesario darme de sus pechos. Y vi su rostro, convertido en escaparate. Y sentí mi corazón, convirtiéndose en antena. Y entonces recordé que nada de eso podía ser verdad, puesto que, para empezar, yo aún era una niña. Y el Sol titilaba, como nerviosa estrella cansada de estar en el mismo altar de siempre. De pronto, Ella lloraba; el pajarraco había huido de sus manos. Yo veía el suelo. Yo veía como brotaban pequeñas cabezas de alfiler en el suelo. Ella me dijo que vendría más seguido; tres veces cada año bisiesto. Por su olor a forastera, supe que mentía. Y el Sol allá, histérico, llamando la atención de los mortales. Quiero que me penetres antes de la medianoche, me confesó cruzándose de brazos. No respondí. Pasó un minuto. El golpe que me hizo entender que debía obedecer, cambió mi estado. Entonces nos pusimos de pie, robamos una bicicleta de madera y pedaleamos juntas. El eco de la tarde reverberaba en mis oídos. Besé su vulva de cera derretida. Había anochecido. Ella era el Limbo y yo su idea prematura. Los días oscuros en los que cerdos decapitados aparecían para incitarnos al delirio, habían terminado. En algún lugar de su cuerpo, más allá de su blusa de satín, quedaron mis ojos taciturnos.</p>
<p><strong>CIUDAD DE MIERDA (FOCALIZACIÓN AVERBAL)</strong></p>
<p>[…un hombre entrado en años con un gallo bajo el brazo en aquella acera cerca de un lugar poco o nada conocido la pobre ave envuelta en hojas de papel periódico de un domingo antes y ajustada con pita amarilla con la respiración agitada por el tumulto de peatones y las miradas curiosas de algunas gentes los vehículos al igual que el hombre y su mascota-alimento de un lado a otro en busca del destino el zumbido de las moscas sobre un trozo de cuero cabelludo tirado en una bocacalle el calor un mocoso enfermo y desnutrido más pálido que un mausoleo con restos de vómito en sus comisuras y los ojos saltones acurrucado en los brazos de su malencarada madrastra la hedentina aroma de los pies de los pedigüeños tumbados en la misma banqueta de siempre también presente una vieja rama desprendida de su tallo ahora impidiendo el paso en alguna de las calles un dedo mutilado casi como un ciego pez adormecido en el desagüe las pintas en los muros percudidos por el tiempo y por el tufo de la máquina efecto-paranoia un motor y un detonante al mismo tiempo diafanidad ¿en dónde? quizás en la toalla femenina asida a la quijada de un perro rendido ante la permanencia del desconcierto y del peregrinaje sin rumbo y sin significado una mujer de regular porte sentada en un borde con un pelo en la teta derecha en pleno crecimiento quizás por no haber amamantado nunca a nadie el sostén de plástico demasiado pequeño para sus medidas su moral también desconocida casi inexistente la basura su risa y sus matices de insignificante ser más evidentes que la pestilencia en la boca de un borracho el cuchillo el cuchillo oxidado pero aún filoso en el cuello del rebelde del antisocial y del desadaptado allí la sangre como un sacrificio inútil e infructuoso ¡Hosanna! por fin una apertura un renacer y abrir de ojos la muerte con su juego de dados azarosa y justiciera pero siempre merecida maldito el muerto y su infortunio una pesadilla con ampollas infectadas de viruela y un amanecer reinventado carente de secretos todo aquí todo aquí y ahora conato de cotidianidad aceptada por un lado mecha de un infierno fulgurante por el otro…]</p>
<p><strong>SACRAMENTOS</strong></p>
<p><strong>6<br />
</strong><br />
Es la cuarta botella de ginebra que compro esta semana y estamos a miércoles. Angélica tenía razón: soy un desastre. Jamás fui capaz de prometerle un futuro. Mi mente siempre estaba ocupada en arrebatarle un poco de vida a este planeta. La sobrepoblación no es tu maldito problema, me decía ella, Angélica, mi ex novia, aunque no tuviese ni la más mínima idea de lo que estaba diciendo. Ahora que me doy cuenta, me resulta difícil no incluirla en esta historia. Habría comprado un anillo con el dinero de la tercera edición de Metanoia, creo que es eso lo que más me duele. En fin, ahora que nos separan millas y millas de distancia y que cuando menos me lo espere, me mudaré al cementerio que queda al fondo de la calle, todo lo que diga lleva implícito desde ya el sello de caduco e inservible. Los miércoles, precisamente, eran los días que más trabajaba. El plan de exterminio lo elaboraba el fin de semana y lo retocaba los lunes, mientras me drogaba. Drogado, las vidas que pronto iría a convertir en muertes, me importaban lo que una oxidada moneda a un millonario. Luego me daba por esconderme en el closet y pretender que alguien me buscaba y que al abrir una de las puertas del closet, ¡buh!, lo asustaba. Era lo que hacía de niño, cuando me quedaba a dormir en casa de mis primos. Una vez, mi prima Monse se orinó del susto y me golpeó con el tacón de un zapato de la tía. Juré matarla, pero en vez de eso, tres años después, la besé en la boca e hice que tocara mi pene. Era nuestra Primera Comunión, creo.</p>
<p><strong>ALGO VISCOSO (DUALIDADES CALLEJERAS)<br />
</strong><br />
Tú, lector o lectora, que sales a la calle constantemente, víctima quizás de la típica fobia al aburrimiento cotidiano, ¿te has percatado alguna vez de ese tipo con el rostro someramente descompuesto, con aires de no saber exactamente qué es lo que ocurre y por qué tiene que mirar lo que está mirando?, ¿has notado su presencia entre una multitud de individuos ataviados con prendas de efímero valor y movidos por una misteriosa necesidad de desplazamiento?, ¿te has fijado en él cuando te dispones a pisar el paso de cebra que tienes por delante o cuando te sientas a esperar el 208 en la parada más concurrida?, ¿has sentido su espíritu en los solitarios y gigantescos parques a los que vas a desconectarte del día a día, a fumar un poco de hachís o a intercambiar con tu tal para cual una simpática ración de fluidos corporales entre la espesa hierba, detrás un frondoso sauce?, ¿lo has visto deambular por las plazas, las anchas avenidas, las asfixiantes estaciones de buses y los tétricos túneles del metro?, ¿has abierto bien esas sensibles películas que recubren tus ojos para verlo por ahí, caminando una y otra vez por las mismas calles, yendo y viniendo, gastando visiblemente el lado izquierdo de su zapato izquierdo y el lado derecho de su zapato derecho?, ¿has observado, por casualidad, que aunque vaya solo mueve los labios como queriendo convencer al aire de que el silencio es tan sólo un espejismo, una ilusión auditiva, un requerimiento hospital-bibliotecario?, ¿lo has visto de reojo cuando camina a tu lado en la acera o en los pasillos de los magnánimos centros comerciales a los que vas a sufrir de placer los fines de semana?, ¿te has percatado de que algunas veces comparte ascensor contigo, de que baja por las escaleras eléctricas cuando tú subes, de que está sentado en la mesa menos visible del café, en la que quizás por cuestiones de pésima iluminación y salud mental jamás te sentarías?</p>
<p>Pues bien, ese tipo se parece mucho al autor de estas líneas. El problema es que el autor de estas líneas también se parece mucho a ese tipo. El autor de estas líneas lo sabe; ese tipo no. El autor de estas líneas (o ese tipo) carece de identidad; vive de trazos, de marcas, de posiciones, de categorías. A veces, cuando voy (va) por la calle, lo veo observándome; me paralizo entonces, bajo la mirada y me dan ganas de retroceder o simplemente, como tú, lector o lectora, perderme entre la multitud y fingir que no ha pasado absolutamente nada, excepto que la aguja de un gran reloj incrustado en una fachada antigua se ha detenido un poco a emitir el mismo suspiro de cuando nos llevamos la mano a la cabeza… y hay sangre, o algo viscoso.</p>
<blockquote>
<p align="center"><strong><span style="color:#3333ff;"><a href="http://www.epifaniadomesticadelanostalgiapura.blogspot.com"></a></span></strong></p>
<p align="center"><strong><span style="color:#3333ff;"> </span></strong></p>
</blockquote>
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		<title>cuatro caminos domésticos de la existencia atisbados desde el inicio de una medular imploración terrena</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2008/07/07/cuatro-caminos-domesticos-de-la-existencia-atisbados-desde-el-inicio-de-una-medular-imploracion-terrena/</link>
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		<pubDate>Mon, 07 Jul 2008 08:38:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
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		<description><![CDATA[Amanda dejó el camino y se dirigió entre los árboles por un pequeño sendero. No era la primera vez que lo hacía. Conocía los alrededores de la aldea tan bien como sus padres o sus abuelos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://3.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/SHHWspSZ8DI/AAAAAAAAA30/NAUt7t6xuRM/s1600-h/dios.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5220189505584754738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" src="http://3.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/SHHWspSZ8DI/AAAAAAAAA30/NAUt7t6xuRM/s320/dios.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<div><strong><span style="color:#3333ff;"> </span></strong><strong><span style="color:#3333ff;"> </span></strong></div>
<p style="text-align: left;">
<div style="text-align: center;"><strong><span style="color: #000000;"><a href="http://www.cementeriocercano.blogspot.com/">[EDGAR QUISQUINAY]</a></span></strong></div>
<div style="text-align: center;"><strong><span style="color: #000000;"> </span></strong></div>
<div><strong><span style="color:#3333ff;"> </span></strong></div>
<div><span style="color:#3333ff;"></span></div>
<p> </p>
<p><span style="color:#3333ff;"></p>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="color: #000000;">PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO</span></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Amanda dejó el camino y se dirigió entre los árboles por un pequeño sendero. No era la primera vez que lo hacía. Conocía los alrededores de la aldea tan bien como sus padres o sus abuelos. El constante ir y venir, hacia el pueblo y desde él, por años y años le daban una autoridad que tal vez sólo ella reconocía en sí misma. Hay cosas que pueden llegar a no importar. Pero, para Amanda, acortar distancias por senderos entre árboles o en barrancas y ríos, por alambrados o cercos de piedra, era un orgullo y un secreto. Hacer el camino sola, desde pequeña, fue primero una obligación debido al estado de salud de su padres y luego a su insistencia por asistir a la escuela. Los otros niños debían obedecer los caminos que serpenteaban por las faldas de los cerros atravesando aldeas y caseríos, montañas, sembrados. A ellos no les estaba permitido, yendo de la mano de mamá o papá, aventurarse por la oscuridad del monte o en la semiluz de la barranca. Amanda, en cambio, inventó caminos y descubrió las posibilidades que tenía el no seguir las rutas de siempre, descubrió las posibilidades de no cumplir la regla. Nunca se lo dijo a sus padres y en la aldea se asombraban de esa capacidad que tenía de salir última y llegar primera a cualquier lugar. Se entretenía en el pozo por las mañanas, tiraba piedras dentro de él y se hacía la desentendida esperando que ya nadie tomara el camino, que ya todos hubieran salido y que sus siluetas se desdibujaran en lo alto de la colina, así lograría que no la vieran robar tiempo cruzando el potrero grande hasta la primera curva del camino, luego deslizarse por un socavón de agua de lluvia hasta el lecho de un arroyo seco y salir entre charrales a un caminito en desuso hecho por leñadores, de allí subir jadeando la colina hasta detrás del pueblo, evitando con eso que la vieran llegar y sonreírse por otro día y otra burla completada.<br />
Pero cada día inventó algo nuevo. Sabía observar su alrededor y muchas veces se guió por los pasos de los animales para que sus rutas se completaran y orientaran o por el sonido del agua que bajaba por los desagües hasta el río porque sabía que su aldea se encontraba río abajo.<br />
Pero esta vez no intentaba llegar a casa rápido o inventar una ruta nueva. Lo que quería era encontrar un lugar entre los árboles para llorar a gusto. Sabía que ya no era una niña y que sus padres faltaban. Conocía la muerte de cerca y la soledad en carne propia. Debía llorar escondida, que nadie viera cómo una mujercita fuerte dejaba que su cuerpo se cimbrara por el llanto. No lloró la muerte de sus padres, ni la de su hermanito, no lloró al pueblo encendido en llamas en un atardecer de balas y gritos. Amanda explotó esta vez por otras miles razones. Sentía que no debía sus lágrimas a los que a su alrededor se encontraban: no eran los suyos, eran esa otra gente que repobló el lugar años después. Gente sin nostalgias, gente con rostros esperanzados que veían tierra nueva y caminos para caminar con todas sus ansias a cuestas. Amanda pensó en rezar y pedir por el descanso de todas las almas que se perdían entre las risas nuevas, Amanda rezó para que alguien más recorriera sus caminos secretos. Se dio cuenta que todos tenemos secretos y que esta inútil existencia tan sólo sirve para tratar de ser únicos. Amanda rezó fuerte: “santificado sea tu nombre&#8230;” Sus manos describieron una curva lenta hacia el cielo que se oscurecía y súbitamente bajaron hasta su pecho. El destello de la hoja del machete fue tenue pero delator. Una queja sorda, una mancha roja más sobre el rojo güipil y la puerta abierta, como abiertos ojos, para muchos y más caminos por recorrer.</span></p>
<p> </p>
<p></span></p>
<p style="text-align: left;"><strong>HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO<br />
</strong><br />
—Decídase ―dijo Rubén dirigiendo su mirada al suelo. A pesar del tono altanero era notorio que aún le temía a la mirada de Claudia. —Decídase de una vez, si lo sigue pensando se nos va a hacer tarde a los dos. Si usted no se decide ahora, me voy y la dejo con el problema a usted solita.<br />
Claudia dibujaba en su rostro una mueca parecida a una sonrisa. Le divertía grandemente que alguien como Rubén le diera órdenes. Más aun pensando en eso a lo que él se refería. No podía tomar la decisión ya. No era cuestión de que la apurara para que su mente se aclarara.<br />
—Pues va a tener que irse y dejarme el problema a mí solita —dijo Claudia tomando a Rubén por el hombro—, por ahora no puedo decir nada y el de la prisa es usted no yo. A mÍ no me afecta esperar un par de días más.<br />
Rubén estaba a punto de explotar, quería zarandearla, tomarla del cabello y sacudirla a bofetadas. Su desesperación llegó al máximo al sentir esa mano en su hombro, nadie se atrevía a tocarlo, todos le tenían miedo o respeto y lo que él decía siempre era una ley.<br />
Pero ahora de nada le valía desesperar. Claudia tenía fama de terca y él se acercó con el afán de ayudar, si quería irse contra la razón pues cosa suya, él no iba a evitarle las consecuencias.<br />
—Haga como quiera entonces —murmuró, sudaba copiosamente y sentía que las sienes le reventarían en cualquier momento—, no más no vaya a decir después que no quise ayudar.<br />
—No tenga pena —respondió Claudia iluminando la habitación con su sonrisa—, ya miraré yo como salgo de esto. Váyase con cuidado.<br />
—Usted también —dijo Rubén sin pensar, dio la vuelta en redondo y salió de la habitación.<br />
Cruzaba el patio hacia la puerta que daba a la calle cuando cayó en la cuenta que olvidaba su sombrero, giró sobre sus talones y regresó a la habitación. Tocó suavemente con los nudillos en el marco de la puerta y dijo casi susurrando:<br />
—Claudia, olvidé mi sombrero, me lo alcanza por favor.<br />
No hubo respuesta, volvió a tocar un poco más fuerte por si ella no había oído pero desistió al recordar que era un cuarto pequeño y que sólo la penumbra daba la sensación de que fuera más grande. Ella debía estar dentro a no más de tres metros o había salido justo detrás de él a otro de los cuartos de la vecindad, pero él no recordaba ningún ruido a su espalda o no pudo escucharlo por rumiar su rabia. Un pudor mezclado con miedo le impedía entrar a la habitación así que decidió dar por perdido el sombrero antes que volver a enfrentar a la fiera esa. De nuevo dio vuelta y se dirigió por la vereda del patio hacia la puerta. Una voz lo detuvo. Un niño pequeño le gritó que olvidaba su sombrero.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>PERDONA NUESTRAS OFENSAS ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN<br />
</strong><br />
Mario no salía de su casa para nada desde el incidente con Paco. Prefería hacerlo todo desde allí. El teléfono se convirtió en su mejor aliado y las visitas de Adela lo reconfortaban mucho. Pero todo cambió el 15 de abril de ese año. La noticia le llegó rápido, busco su revólver entre el canasto de la ropa sucia, lo cargó y se llevó una caja de balas. Se puso la chamarra negra, los lentes oscuros y salió a la luz después de casi dos años de reclusión.<br />
Sabía que el revólver era una exageración, que los amigos de Paco ni siquiera lo reconocerían. Algunos, incluso, lo daban por muerto. Los pasos que daba en la acera los sentía elásticos, rebotaba de baldosa en baldosa, llego al extremo de reír de la sensación. Mucha gente se cruzó en su camino pero nadie lo detuvo. Su presencia en las calle era irreal.<br />
—¡Alejandro! —aúllo Mario al llegar a la casa del nombrado.<br />
—¿Quién lo busca? —contestó una voz femenina desde adentro.<br />
—¡Dile que Mario está aquí!<br />
Hubo silencio. La cabeza de Alejandro asomó por la ventana del segundo nivel. Sus ojillos brillaron y con las manos hizo una seña para que esperara. Un momento después se abría la puerta y Alejandro puteaba y reía al ver a Mario otra vez dueño de su voluntad de andar por las calles.<br />
—Lo que haya pasado allá adentro no me lo contó nadie. Asumo que intercambiaron anécdotas sobres sus vidas, se tomaron unas cervezas y luego maquinaron planes hasta que uno les gustó —en el barcito resonaba la voz de Coca, contando las cosas tal y cual si las hubiera vivido. Iba a continuar cuando fue interrumpido por Daniel, que era quien había empezado el relato:<br />
—Salieron de la casa cargando dos bolsas de lona de esas de los reclutas del ejército gringo, como la que lleva sobre el hombro Elvis cuando hicieron el show ese de que se enlistaba en el ejército para ir a la guerra. Pero bueno, ese tipo de bolsas. Bajaron por la calle Cuestas y doblaron al oeste para llegar al portón. Nadie los detuvo y todavía tuvieron tiempo de sentarse en la grama a tomar otro par de cervezas. Pero recordaron a lo que iban y ya no se entretuvieron con nada más. Sus pasos los conducían hasta Paco. Allí fue donde Alejandro dudó un poco, pero Mario dijo: “No me voy hasta que me disculpe con él”. De las bolsas sacaron la herramienta y se dirigieron hasta Paco. Sacaron y abrieron el ataúd. Mario se abrazó al cuerpo y le pidió perdón.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN<br />
</strong><br />
Era un deseo sincero aquel de quedarse bajo las sábanas, pero tambaleó al sentir el cuerpo de ella escurrirse desde su lado hasta el baño. Abrió los ojos y se enfrentó a las luces tenues que las cortinas de las ventanas colaban, delatando el naciente día. Apretó los párpados y se negó a hacer movimiento alguno. Resintió en su espalda la falta del calor que ella producía. Así, también, resistía a caer en el juego de planear, poner en agenda, pensar. Cualquier movimiento ajeno al de la respiración era retenido, los oídos trabajaban lo menos posible pero no podían negarse al sonido del agua cayendo desde la regadera. Imaginó el cuerpo desnudo de ella entrando poco a poco bajo la cascada de la ducha, un pie primero, el otro despacio, la cabeza, la cabellera corta e hirsuta, el rostro, el pecho, el vientre, el sexo, los muslos. Un estremecimiento recorrió su cuerpo yaciente. Eso produjo también algo de enojo. Debía negarse, dejar que los oídos se fueran apagando así como sus ojos estaban apagados, como su tacto, inútil, por tener como referencia tan sólo su propio cuerpo. La almohada empezó a calentarse y humedecerse a la altura de su cuello, su espalda era el cielo de un charquito de sudor incomodo y pegajoso. Todo confabulaba para hacerlo abandonar su propósito sedentario y perezoso. El grifo de la ducha chirrió y anunció el final del rito diario de ella. Ahora tendría que secarse, segunda parte del ritual, y es seguro que lo hará acá en el cuarto, mojará todo el piso, manchará las baldosas, las sábanas tendrán la marca del goteo de su cabello y de sus nalgas húmedas. Se vestirá sin mirarse al espejo: le tiene miedo. Se vestirá despacio. Canturreará la melodía que escuchó anoche en el ensayo de la banda y eso será la estocada final. Me veré obligado a recordarlo todo y rehacer cada canción desde el silencio de mi horizontalidad. Su mano recorre mi pecho y escucho su risa y muchos apelativos dichos por su voz: zonzito, haragán&#8230; no te hagas el dormido. Ahora mi pecho y mi rostro también están húmedos por culpa de su mano, de su corto cabello. Pero no se moverá. Está decidido, nada lo moverá de allí. Ella se acerca a la ventana y corre de golpe las cortinas. Sientes la luz en el rostro y frunces más los ojos. Ella ríe de tu gesto y enumera todo lo que hará hoy, todo lo que planea, todo lo que tiene en agenda, te recuerda que Carlos te espera en su oficina y que por la tarde habrá reunión en lo de Ana y en la noche la cena de despedida de Rosario y Camilo. Querrías que todo hubiera pasado ya, que ella no asumiera que la escuchas, que entendiera que no necesitas recordatorios, que todo lo sabes bien: nada olvidas, nada pasas por alto. Pero todo confabula contra tu propósito de hoy, tu no querer estar, tu halagar y mimar el cansancio. Abres la imaginaria puerta hacia el sueño profundo pero recibes el revés de la luz, recibes la cándida súplica de ella para que te levantes de una vez, tus ojos responden lágrimas en su cerrada condición. Tus ojos hablan por ti pidiendo que te dejen en paz, el cielo sabrá estar allí, claro u oscuro, cuando decidas levantar la cabeza de la almohada. Adivinas el trajín de la calle, sientes que cada cosa tiene su movido lugar en la rutina diaria.<br />
Adiós, dice su voz. Te besa en la frente como si besara a un cadáver. Esa simpleza te cimbra completamente, te vuelve piedra. Luchas por mover tu cuerpo de su estado cataléptico. Logras incorporarte hasta sentarte, pero tus ojos siguen cerrados. Ahora hay que concentrarse en pensar algo bueno para que tus ojos dejen de llorar y se abran. Te pones de pie, te vistes, no te bañas, bajas hasta el garaje y sigues tu camino hasta el trabajo conduciendo tu automóvil con los ojos cerrados y llorosos.</p>
<p style="text-align: left;"> </p>
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		<title>blanca se expande la palabra en las playas de la Noche y la poesía es un péndulo misterioso</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2008/05/19/blanca-se-expande-la-palabra-en-las-playas-de-la-noche-y-la-poesia-es-un-pendulo-misterioso/</link>
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		<pubDate>Mon, 19 May 2008 22:09:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1978]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[nosostromos]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Una prueba de sangre me delata primate; una muestra de esperma me delata mujer; esta lenta eutanasia
me delata dios.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://1.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/SDRbH6t73WI/AAAAAAAAA0Q/9fTNmoFWquQ/s1600-h/valerio.JPG"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5202883661098900834" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" src="http://1.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/SDRbH6t73WI/AAAAAAAAA0Q/9fTNmoFWquQ/s320/valerio.JPG" border="0" alt="" /></a></p>
<div><span style="color:#3366ff;"> </span></div>
<p align="center">
<div><span style="color:#3366ff;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align: center;"><span style="color:#3366ff;"><strong><span style="color: #000000;">[MARCO VALERIO REYES]</span></strong></span></div>
<div><span style="color:#3366ff;"> </span></div>
<div><span style="color:#3366ff;"> </span></div>
<p><span style="color:#3366ff;"> </p>
<p></span></p>
<div><span style="color:#000000;"> </span></div>
<div style="text-align: left;"><span style="color:#000000;">Una prueba<br />
de sangre<br />
me delata<br />
primate;<br />
una muestra<br />
de esperma<br />
me delata<br />
mujer;<br />
esta lenta<br />
eutanasia<br />
me delata<br />
dios.</span></div>
<p style="text-align: left;">
<div><span style="color:#000000;">Llevo horas escondido en esta casa sola y empujo al mundo con todas mis fuerzas para que gire pronto y surja por fin la noche; que la noche no cae: cae la lluvia, que es antojadiza; la noche brota porque es la palpitación invisible del aire, la respiración invisible de las aguas, de la tierra, del vacío, de la búsqueda, de los cuerpos de los hombres, de estas palabras incesantes que empujan con todas sus fuerzas.</span></div>
<div><span style="color:#000000;">El versátil<br />
rostro de la aurora<br />
bajo la hoja<br />
de mi cuchillo<br />
gima.<br />
¡Mira<br />
cómo estos dedos<br />
se prolongan<br />
y tocan<br />
los brotes redondos<br />
del horizonte!<br />
¡Sonríe aurora!<br />
¡Somos idénticos<br />
y<br />
estamos ebrios!</span></div>
<p><span style="color:#000000;">Empieza la quietud de febrero, quietud rota sólo por el motor del planeta que afila sus cuchillos; yo abro los ojos por ratos para que dios no me encuentre, no sea que quiera hurtar el vino con el que en un momento brindaré con la noche.</p>
<p>En la mitad<br />
del final<br />
de la víspera<br />
de mi muerte,<br />
sabré<br />
que siempre estuve<br />
equivocado,<br />
y no reiré<br />
cuando<br />
en la cabecera<br />
de mi lecho<br />
dios y el diablo<br />
hayan bajado<br />
algunas libras<br />
en la pugna<br />
por mi alma<br />
gratuita</p>
<p>Mientras viene la noche, cierran sus ojos los muros y abren los suyos el arpa y la abundancia. Quien permanece en el silencio tras la puerta repite sin descanso las líneas de Whitman que escogió para compañeras hasta la muerte; quien no, esquiva los vestigios de la silenciosa fuga del sol, borra los rastros de su rostro y de su boca, su nombre para disolverse y amalgamarse cuando sean encendidas las fogatas y los barriles y se besen los labios y los vidrios; sólo entonces todos seremos todos. Hasta que la noche inmensa al descanso se marche con su paso de tambor que es el que repiten los corazones en los pechos.</p>
<p style="text-align: left;">De noche,<br />
el mundo se cuelga de los murciélagos<br />
y las luciérnagas<br />
para no detenerse o caer mientras duerme.<br />
<strong> </strong></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>penetrante verbena entre la savia y el devenir de los oscuros hados</title>
		<link>http://www.teprometoanarquia.com/2008/02/29/penetrante-verbena-entre-la-savia-y-el-devenir-de-los-oscuros-hados/</link>
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		<pubDate>Fri, 29 Feb 2008 19:32:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rafael romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[1971]]></category>
		<category><![CDATA[Chimaltenango]]></category>
		<category><![CDATA[San Miguel Pochuta]]></category>
		<category><![CDATA[nosostromos]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Traspasó las manos, las ramas deshojadas, cercano y distante, la risa oblicua escupía un universo tembladizo plagado de memorias...
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://1.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/R8heYdExv2I/AAAAAAAAAvQ/OLtegVQwyKI/s1600-h/samara2.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172487946249551714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" src="http://1.bp.blogspot.com/_ioOoEfHu1Gk/R8heYdExv2I/AAAAAAAAAvQ/OLtegVQwyKI/s320/samara2.jpg" border="0" alt="" /></a></p>
<div><strong><span style="color:#3333ff;"><strong><span style="color:#3333ff;"><strong><span style="color:#3333ff;"> </span></strong></span></strong></span></strong></div>
<div style="text-align: center;"><span><span><span style="color: #000000;"><strong>[SAMARA PELLECER]</strong></span></span></span></div>
<blockquote><p><strong> </strong></p></blockquote>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Antinomia<br />
</strong><br />
Traspasó las manos,<br />
las ramas deshojadas,<br />
cercano y distante,<br />
la risa oblicua escupía<br />
un universo tembladizo<br />
plagado de memorias,<br />
de etílicos lamentos,<br />
de árboles rasgados<br />
por el viento fulminante<br />
de la muerte.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Pasiones insoladas<br />
de bosques amarillos;<br />
fugaz contacto del sueño<br />
en la unánime atmósfera del miedo.<br />
Caen, giran, flotan<br />
esas hojas secas de la antinomia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Inercia </strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Mis labios se estancan,<br />
demoran, se yerguen en lo insondable.<br />
No estoy estando entre tus brazos,<br />
no estoy en esa quimera de pececillos muertos.<br />
Me espantan tus ojos que miran<br />
no mirando a los míos.<br />
Me quema el cerebro<br />
la fugaz ausencia<br />
de tu mundo y tú,<br />
inertes.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>* * * * *</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Puentes,<br />
entre la nada y la piel<br />
entre Kant y el deseo<br />
de las focas por el hielo<br />
de los murciélagos por las cavernas.<br />
Puentes,<br />
de sonrisas sísmicas<br />
entre nuestros ojos<br />
entre nuestros labios.<br />
¡Lazos!<br />
Multicolores lazos<br />
de insomnio y cansancio,<br />
moscas y cebras.<br />
Círculos,<br />
de nosotros,<br />
“las nubes de mosquitos”<br />
y el universo en un embudo,<br />
de nosotros<br />
de vos… de mí,<br />
de mí… de vos,<br />
de ellos…</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>* * * * *</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">La ciudad duerme<br />
y tu fantasma la recorre<br />
como recorre mi cuerpo.<br />
Las fauces del deseo que todo contaminan,<br />
la marea, el vaivén del cloroformo,<br />
nuestros ojos precipitándose al crepúsculo<br />
e hilvanando estrellas desfloradas.<br />
Y allí estás,<br />
dispuesto a arrancarme los pechos,<br />
corriendo a la inversa<br />
del círculo concéntrico.<br />
Ahora sólo quedan<br />
bichos muertos y espuma<br />
apenas perceptible a nuestro olfato.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Delirio</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">En medio de la locura de una jauría embravecida,<br />
atrapada en su densa espuma negra,<br />
perseguida por los fantasmas de las hienas<br />
en este insípido paraíso de la muerte,<br />
quisiera respirar…<br />
quisiera sacar la mano<br />
y sentir el aire tibio de las libélulas,<br />
saber que algo existe, que no exprime<br />
las pocas células de la conciencia exhausta.<br />
¡Ah! Si pudiera…<br />
¡Si pudiera erguir mi calavera,<br />
tirar al fango la funesta espera,<br />
sacar el heno que queda en mi caverna,<br />
quitar los guantes a estas manos yertas!<br />
¡No más necesidad!<br />
No más necesidad de enredaderas,<br />
no los nidos, no las flores ahora muertas;<br />
no figuras, no truenos ni condenas,<br />
sólo yo y la circunferencia lenta.</span></p>
]]></content:encoded>
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